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La vida y sus mágicas maravillas *-* [Kiara]

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La vida y sus mágicas maravillas *-* [Kiara]

Mensaje por Kimberly M. Moore el 2012-11-02, 10:30 pm

Abrí los ojos de golpe. Una vez más volví a despertarme temprano pro culpa de los rayos de sol que se dejaban asomar por las ventanas. ¿Cuando pondrían persianas? Dí un bufido y me levanté para ir a cambiarme de ropa y salir a la calle, a respirar un nuevo día, nuevas experiencias y quien sabe, puede que nuevas personas.
Cogí mi móvil y me lo guardé en el bolsillo dirigiéndome a la cafetería para desayunar algo. Aún eran las ocho de la mañana por lo que solo tuve qué esperan unos quince minutos para poder coger algo con lo que poder llenar mi estómago. Me compré un croisant y me fui al bosque, tenía ganas de estar en la playa que en él habitaba, aquella tan escondida.

Caminaba mirando embobada a los árboles, las flores; todo. Me maravillaba ver tanta belleza junta, era absolutamente mágico y realmente era una de las cosas que me hacían sentir orgullosa de estar viva, de poder apreciar todo esto tan maravilloso que nos brindaba, todo esto que mucha gente no apreciaba, es más, le hacían ascos. Suspiré y comencé a caminar más aprisa, hasta llegar a la playa. Me adentré en ella corriendo por la arena hasta llegar a la orilla y reí. El agua también me encantaba, tan limpia, tan azul, tan mágica. Me puse de cuclillas y metí mi mano en el agua, moviendola, ya que estaba fría pero me agradaba bastante. Saqué la mano y fui unos diez metros atrás para tumbarme en la arena mirando al cielo, maravillandome una vez más. Me quité las victoria con mis propios pies dejándolas a mi lado, para estar más cómoda.

Pero entonces algo se torció en mi mente. Una imagen vino a mi cabeza, una imagen de una chica con la cual solía soñar de vez en cuando y desconocía quien era. ¿Una amiga de la infancia, un antepasado, quizá? No lo sabía, ni siquiera sabía porque incluso cuando estaba despierta se me venía a la mente, era demasiado confuso, y más por ser como yo era. Suspiré y cerré los ojos con fuerza, tratando de borrar aquella imagen, aquel rostro tan triste que se dibujaba, como si me pidiera ayuda, como si.. Y entonces me estremecí. Aquella chica decía mi nombre, me pedía.. me pedía auxilio...

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Re: La vida y sus mágicas maravillas *-* [Kiara]

Mensaje por Kiara I. Doskas el 2012-11-03, 10:26 am

No sabía si odiar este lugar o dejarme llevar por el y tranquilizarme de una jodida vez. Por fin estaba lejos de mis padres y podía pasar el día entero sin verme obligada a ver sus caras rogándome que les hablara...Asqueroso, de verdad asqueroso. No sabía que me causaba más asco, todo lo que habían hecho antes de mi nacimiento o lo que me habían hecho ahora enviándome a este lugar. Este lugar tan extraño, que seguía sin saber si amar u odiar. De hecho, no sería para nada desagradable si no estuviesen intentando constantemente inyectarme algo o hacerme hablar con tipos que no conocía, y que estaban seguros de que por el solo hecho de tener un título de anda tu a saber dónde podían 'curarme' de una enfermedad inexistente.

Seguía sin estar del todo mal, había una gran biblioteca dónde podría pasar horas y horas leyendo sin aburrirme jamás, además, la bibliotecaria me había dicho que si quería algún libro en especial podría pedirlo. Extraño lugar, sí. Tenía todas las comodidades del mundo, parecía un hotel, solo que habían habitaciones de paredes blancas y acolchadas en donde ocasionalmente te amarraban. Reí de manera irónica, a mi no me venían con cuentos. A estos tipos no les interesaba curarme más de lo que me interesaba a mi, solo querían mi dinero. Pero bueno, tampoco me quitaba el sueño, iba a aprovechar la estadía aquí, por supuesto que sí, y a joder a cuantas personas se me cruzaran en el camino.

Era muy temprano, así que el desayuno estaba listo. Tenía muy claro que, como durante toda la semana que llevaba aquí, la enfermera iba a hacer su aparición por la puerta en cualquier momento para iniciar otra sesión de 'Porqué es muy importante el desayuno y que comas algo antes de empezar al día' No señor, no estaba dispuesta a eso., Me levanté más temprano de lo normal y fuí a hablar con alguno de los chicos que más experiencia tenía en el lugar. Un tipo muy amable me contó de una playa, oculta en un bosque que ni siquiera sabía que existía...¡Vaya lugar!

Justo dónde me lo había indicado. He de reconocer que al principio pensé que se trataba de algún delirio de los locos encerrados allí, pero no: ahí estaba el bosque, y luego de cruzarlo cautelosamente y a paso seguro, la playa. Sonreí, hace mucho tiempo no veía mar. Comencé a avanzar con intensión de desnudarme y meterme al agua sin más, sin embargo ahí estaba ella, con esa inconfundible cabellera rubia que había visto solo una vez, hace solo unas horas y que se había quedado grabada en mí. Retrocedí un par de pasos. Ella me asustaba. No ella en sí, sino lo que causaba en mi. Ayer había actuado de una manea tan diferente a la que solía hacerolo siempre...y eso lo causaba solo esta chica, de quien apenas sabía el nombre, ni siquiera sabía porqué estaba aquí. Quería correr, huir lejos de cualquier sentimentalismo, de sus batidos y sus perfectas sonrisas. Sin embargo avancé. Avancé sin poder controlarlo porque a pesar de mi miedo quería estar a su lado.-Hola...-la llamé desde mi posición, de pie a su lado, sin poder decir nada más-

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Re: La vida y sus mágicas maravillas *-* [Kiara]

Mensaje por Kimberly M. Moore el 2012-11-03, 1:40 pm

Cerré los ojos respirando hondo con una gran sonrisa dibujada en mis rosados labios, disfrutando de aquella suave brisa, a pesar de las imágenes que asaban por mi mente. Nada importaba, nada de lo que esa imagen quisiera decirme importaba, no, no me perturbaría aquella mañana tan maravillosa.

Con mis pies comencé a escarbar en la arena y los introduje, tapándolos por completo. Solté una risita ya que me producía demasiadas cosquillas y tuve que acabar sacándolos, entre risas. Me incorporé y me abracé las rodillas mirando al precioso mar, me maravillaba de una forma extraordinaria, no podía resistirme a mirarlo embobada, como si fuera algo mágico... Me quedé embobada observando el mar por una media de unos quince minutos sin darme cuenta que lo estaba haciendo hasta que reaccioné al escuchar una bandada de pájaros que sobrevolaba el cielo haciendo un gran estruendo. Miré al cielo sonriente, observándoles como viajaban todos en grupo, ordenados hasta que se perdieron a lo lejos en el horizonte.

Bufé frustrandome ya que había perdido el hilo de lo que estaba haciendo antes de mirar a aquellos pájaros así que volví a tumbarme cuando de repente escuche una suave voz tras de mí, una voz que me sonaba y la cual pude reconocer. Sonreí y me incorporé dándome media vuelta. - ¡Hola, Kiara! - Le saludé alegremente aún con esa sonrisa que conseguía sacarme su sola presencia. Vale que yo fuera una persona que estaba siempre sonriendo a todo el mundo, pero las sonrisas que le dedicaba a ella eran distintas, no entendía por qué pero lo era. Todo sucedía demasiado rápido y era muy extraño ya que a Kiara apenas la conocí anoche y ya había descubierto que me encantaba estar con ella, que adoraba las sensaciones que causaba en mí que jamás había sentido antes, que me ponían demasiado nerviosa pero no acababa disgustandome, todo lo contrario.

Me levanté y me acerqué a ella sonriendole tiernamente para darle un besito en la mejilla, como saludo. No pude evitar cerrar suavemente los ojos cuando sentí una vez su aroma, el aroma con el que me dormí anoche, con el que cerré los ojos pensando en lo embriagador que era. Otra vez. De nuevo esa sensación tan agradable. No entendía por qué me sentía así, pero solo quería disfrutarlo antes de que se esfumara, de que ella se cansara de mi presencia como muchos otros y que acabasen llamándome idiota. Pero ella no era así, o eso esperaba...
Asi que no le di importancia y me centré unicamente en su presencia. - ¿Qué haces aquí? ¡Que sorpresa! - Dije emocionada, en todo momento pensé que pasaría la mañana sola.




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Re: La vida y sus mágicas maravillas *-* [Kiara]

Mensaje por Kiara I. Doskas el 2012-11-04, 7:16 pm

Por un segundo me quedé embobada escuchando su risa desde unos metros de distancia. Esa risa tan angelical que había escuchado momentos antes de comprar el batido, cuando se divertía por las cosquillitas que le hacía. Fue como si algo se activara dentro de mi, como si alguien me ordenara sacar aquella faceta de mi que no mostraba jamás, y que sin embargo tan natural me había salido ayer con ella ¡Joder! ¡Me estaba enloqueciendo! Ni siquiera la había mirado aún, ni siquiera habíamos cruzado palabras todavía y ya había roto todos mis escudos de chica mala, esos que llevaba puestos siempre solo para no ser dañada, y me dejaba totalmente expuesta ante ella ¿Cómo lo hacía? Parecía que su sola presencia me sensibilizaba hasta un punto inimaginable. Y no me importaba. No me asustaba ni pensaba luchar con ello, porque me hacía sentir una calidez poco familiar, hace largos años olvidada.

Sonreí repentinamente llena de felicidad cuando alzó ese precioso y perfecto rostro hacia mi y me llamó por mi nombre. 'Kiara' jamás me había llegado a gustar del todo, pero cuando salía de entre sus labios todo soanaba demasiado distinto, demasiado perfecto. Me sonrojé de inmediato por el solo hecho de recordar nuestro encuentro anoche y sorprenderme mirando directamente sus labios. Esos perfectos labios...-Hola, Kim. Me alegro mucho de encontrarte aquí.- dije francamente entusiasmada. Lo cierto era que me esperaba pasar el resto de la mañana contemplando el mar en soledad, pero este panorama era muchísimo mejor.- ¿Que haces aquí, peque?.- Sí, la había conocido hace un día, la había visto solo una vez antes y le llamaba peque, porque era mi peque y yo la iba a cuidar ahora y siempre sin importar las consecuencias de ello. Un escalofrío me recorrió al darme cuenta de todas las cosas que me estaban pasando por la cabeza y su magnitud ¡Si recién la conocía!. Si había algo de toda esta historia que realmente me asustaba era un sentimiento de cuatro letras, pero ni siquiera en mi mente sería capaz de asumir que estaba siquiera pensando en ello.

Agradecía que ella no me diera tiempo de caer desmayada por el miedo que causaban esas ideas en mi, me daba pánico, tal vez más que comer. Pero todo eso quedó en nada cuando se acercó a mi para besarme en la mejilla. Cerré los ojos instintivamente, sintiendo mi piel erizarse al ser consciente de que ella estaba cerca, era un imán para mi, la chica perfecta. Un tanto nerviosa aún me recosté en la arena y di unos golpecitos a mi lado para que ella hiciera lo mismo. Comenzaba a descubrir que si la miraba demasiado tiempo seguido, comenzaba a parecer irreal, porque había pasado toda la noche pensando en ella, en cada facción de su rostro, y ahora verla aquí, con esos perfectos y tiernos ojos...Por un momento, en la soledad de mi habitación en la noche anterior, había llegado a pesar que había sido irreal, que las enfermeras debían haber inyectado algo en mi torrente sanguíneo mientras dormía, haciéndome alucinar con esta perfecta criaturita. Y sin embargo aquí estaba ahora, desafiando cualquier ley sobre que la perfección no existe, sonriéndome con la misma dulzura que lo hizo mientras íbamos por un batido, y luego, cuando jugamos con el, y tuve sus labios tan cerca....

Sacudí la cabeza intentando salir de los pensamientos y le dirigí una sonrisa dulce, pero cargada de verdadera dulzura, de esas que yo rara vez dirigía. Tomé su mano instintivamente y entrelacé sus dedos con los mios.- Pues no tenía ganas de estar allí dentro y oí de esta playa así que vine ¿Te gusta el mar, peque?.- le pregunté llena de interés. Todo lo que tuviese que ver con ella me motivaba de manera impensable.

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Re: La vida y sus mágicas maravillas *-* [Kiara]

Mensaje por Kimberly M. Moore el 2012-11-05, 4:16 am

Ladeé mi cabeza quedándome completamente quieta al separarme de aquel pequeño beso y le mire frunciendo levemente el ceño, curiosa. Me pareció ver que se sonrojaba ligeramente pero me encogí de hombros pensando que sería el reflejo del sol sobre su piel tan morena. Esa piel… la verdad es que me encantaba, era demasiado llamativo aquel tono, o bueno al menos para mí que era muy blanca. Realmente si me ponía a pensarlo físicamente éramos muy contrarias, demasiado y me encantaba. – Yo también me alegro de verte. – Dije ladeando mi sonrisa, imaginándomela una vez más con aquellas alas, aquellas que al parecer solo yo podía ver. Desconocía completamente la razón, pero después de lo del batido cuando nos despedimos, al darme media vuelta me la imaginé con unas enormes, angelicales y hermosas alas. Echando a volar, alejándose. Porque para mí ella era un ángel, uno bueno, uno protector. Con esa imagen me despedí de ella y con esa misma me dormí, aunque se me hacía raro mirarla ahora y que no tuviera alas, cosa que quizá solo pasaría en mis sueños o cuando le diera la espalda. Pero era comprensible, ella tenía que dejar a salvo su secreto y yo le ayudaría a guardarlo, pasara lo que pasara.

¿Cómo has encontrado este lugar? – Pregunte intrigada, como siempre. Era demasiado curiosa y todo me causaba intriga. – Pensé que era un sitio secreto. ¿Tan mal se me da? – Bajé la mirada medio triste. Creía que solo yo conocía este lugar, estaba tan escondido y como cuando lo descubrí no había nadie pensé que era la primera. Pero si yo lo había encontrado y Kiara también quizá más gente lo habría hecho antes, o no… - Es que estaba investigando el lugar y llegué hasta aquí, aun ni sé cómo… – Expliqué rascándome la nuca, desconcertada. Igual ni sabría volver, me ocurría muchas veces cuando iba caminando inmersa en mi propio mundo del que a veces me costaba salir.

Me volví a sentar en la arena cuando ella me lo indicó, pero esta vez teniéndola a ella a mi lado, haciendo que estuviéramos casi tan cerca como ayer. Solté una pequeña risita y acercando mi rostro algo más al suyo le acaricié el labio inferior con la yema de mi dedo índice y corazón, sintiendo la sensual suavidad de sus carnosos labios.- ¡Hoy no tienes batido! – Dije divertida. La verdad es que fue muy gracioso y como no, sabroso el ver su carita de ángel manchada del batido. Me mordí el labio inferior separando levemente mi rostro del suyo mientras recordaba lo rico que estaba el batido con mezcla de su aroma y sus dulces besos.

Y de repente los ojos se me iluminaron de una manera inesperada. ¿Realmente me preguntaba si me gustaba el mar? ¡Adoraba el mar, adoraba hablar sobre él!. Asentí entusiasmada ante su pregunta. - ¡Sí, es maravilloso! ¿No lo crees? – Desvié mi mirada hacia el mar observándolo detenidamente entre suspiros. – Realmente… me parece algo mágico, tan grande, tan azul… Solo mirarlo me pone feliz y hace que me olvide de todo lo malo del universo. – Dije volviendo a mirar. - ¿A ti te gusta, Angelito? – Pregunté atreviéndome a llamarla así, haciéndole ver que realmente conocía su secreto. Acerqué mis labios a su oído. – Sé que eres un ángel, pero tranquila, tu secreto está a salvo conmigo. – Le susurre sonriéndole tiernamente.

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Re: La vida y sus mágicas maravillas *-* [Kiara]

Mensaje por Kiara I. Doskas el 2012-11-05, 7:09 pm

Se alegraba de verme. Esas cuatro palabras daban vueltas y vueltas en mi cabeza. El efecto que esta chica que hace tan poco conocía tenía sobre mí seguía pareciéndome asombroso. Esa simple frase había hecho que mi corazón se acelerara a un punto impensado. Por más que lo intentaba no lograba recordar otra situación en la que me hubiese sentido así. Muchas veces había tenido sexo, relaciones fugaces de una noche, de hecho era lo que más me gustaba hacer, pero la mayoría de las veces estaba demasiado drogada para recordarlo y el resto de las veces rogaba para no volver a encontrarme con mi acompañante de la noche anterior, pero jamás había sentido esto en el pecho. ¡Joder, la conocí anoche y ya me produce querer dejar todo eso a un lado! Porque si ella se enterara de quién es su angelito en realidad, quién solía ser antes de entrar aquí...Sí, estaría dispuesta a cambiar solo para permanecer a su lado. Y sí, estaba dispuesta a hacerlo después de solo un par de horas...escalofriante.

El hecho de que me preguntase como había encontrado ese lugar me mató de ternura. Ella, al igual que todo el psiquiátrico lo había asumido como 'secreto', el tema era que, según me había dicho los pocos internos con los que había hablado en el poco tiempo que llevaba aquí, ya no es un secreto para nadie, salvo para los doctores. Había abierto ya los labios cuando noté su expresión y lo comprendí todo ¡Esta perfecta y tierna chica creía que el lugar era solo para ella! En una milésima de segundo decidí que eso sería, que era algo demasiado perfecto para ser destruido, que yo en persona me iba a encargar de que esta chica, que conservaba aquella perfecta alma de niña, viviera en el mundo en que había encontrado un perfecto escondite secreto. Me sentí demasiado bien, me sentí capaz de cuidar la inocencia y felicidad de la rubia, que , cada vez estaba más segura, era demasiado angelical para este lugar. Asentí como si estuviera hablando de un secreto de estado y me acerqué a su oído para hablar en voz bajita.- Lo es. Es un secreto. Yo llegué aquí porque...-¡Maldición! No debí hablar antes de tener una explicación lista. Pensé rápido.- Porque ví el bosque, comencé a caminar mucho y bueno, llegué igual que tú.- le guiñé un ojo.- Quizá otras personas aquí conocen esta playa, pero estoy segura de que solo son las más especiales, las que tuvieron la paciencia de investigar, así que sigue siendo un secreto entre personitas especiales.- Le asentí totalmente convencida.- Como tú.- le di un tierno toquecito en la nariz con el dedo índice y luego me reí divertida. Estaba demasiado sorprendida. Jamás en la vida yo, Kiara Doskas, había mostrado tanta empatía. Ahora me había propuesto hacer de este lugar algo mágico y digno de ella para Kim, y no tenía idea de como había nacido esa necesidad, solo estaba ahí, ella hacía que fuese un instinto.

Sonreí cuando se recostó a mi lado en la arena y me pegué a ella cuanto pude. Cerré los ojos de manera instintiva cuando llevó sus deditos hasta mis labios y los rozó, haciendo, con ese simple acto, que mi piel entera se erizara y una corriente eléctrica recorriera mi columna vertebral de extremo a extremo. Mis ojos se iluminaron de inmediato cuando mencionó lo del batido, el simple recuerdo y el saber que todo eso había ocurrido realmente me alegraban más que cualquier otra cosa en el mundo.- ¿Sabes? Andaré trayendo siempre un poco de batido por si acaso me topo contigo.- Me mordí el labio inferior y la miré de manera fija e intensa, infundiéndome valor.- Aunque no es necesario lo del batido...Estoy muy segura de que tus labios me sabrían igual de bien que ayer sin que hubiese uno.- dije sin sonrojarme ni un poco, mirándole como si pudiera atravesarla así, para saciar todas las ganas que había tenido de observarla durante la noche. Me encantaba poder decirle lo que sentía.

Me encantó el brillo que reflejaron sus ojos apenas le pregunté por el mar ¡Adoraba su entusiasmo! A veces quisiera volver a recuperar ese encanto por la vida y por las cosas pequeñas que parecen tan simples y cotidianas, y ahora, de repente, al estar junto a Kim eso no parecía para nada imposible, ni siquiera difícil. La observé hablar embobada, intentando grabar cada minuto que tuviese esa preciosa expresión en el rostro. Lo que dijo a continuación hizo que me muriera de ternura ¡Ella de verdad cree que soy un angelito! Sonreí cuando murmuró en mi oído y tomé su mentón con delicadeza, haciendo que mirara.- Oh, ese secreto. Verás , Kim, soy un tipo de angelito especial, uno por...decisión propia, si podemos decirle así. No tengo poderes angelicales , porque como ángel solo tengo una misión, una en específico.- me acerqué un poco más y terminé la frase con tono de absoluta confidencialidad.- Cuidarte a ti. Así que soy tu ángel, solo tuyo, y no dejaré que nada te ocurra jamás.- Sonreí y supe que no mentía. No tenía poderes angelicales, eso se lo había dicho, pero si iba a ser su ángel. No dejaría que nada le pasara jamás, lo había decidido. Acaricié lentamente su mejilla y le miré pensando.- La verdad jamás había pensando en el mar como lo haces tú, y ahora que lo dices...es realmente magnífico.
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Re: La vida y sus mágicas maravillas *-* [Kiara]

Mensaje por Kimberly M. Moore el 2012-11-06, 7:29 am

Le miré intrigada, aguardando respuesta. Quería saber como había encontrado este lugar tan secreto y me entristecí un poco cuando dijo que algunas personas lo habían descubierto antes. Miré con cierta decepción a mí alrededor y caí en la cuenta de que había pisadas por la arena, unas cuantas. Suspiré mirándola con un pucherito, el cual se borró nada más oír que esas otras personas seguramente serían especiales, como yo. ¿Cómo yo? ¿A caso ella creía que yo era especial? No pude evitar sonreír, me consideraba especial y eso ya era mucho más de lo que hubiera podido esperar por su parte. Yo me conformaba con pasar el poco tiempo que pasamos juntas, riéndonos, disfrutando del batido… Pero de ahí a que dijera que yo era especial, era demasiado.

Arrugué mi nariz cuando me dio aquel golpecito y me mordí el labio superior, mirándola sin decir nada, manteniendo aquella cohibida sonrisa. Únicamente me limitaba a mirarla, sin decir nada, perdiéndome en su blanca sonrisa que tanto me llamaba la atención y tanto me hacía perder la concentración, la cual en ocasiones me costaba demasiado encontrar. Tanto me maravillaban aquellos labios que no pude resistirme a acariciarlos, a tocarlos… Un escalofrío recorrió mi cuerpo cuando por mi mente comenzaron a navegar los recuerdos de ayer. Del batido, ella y yo; limpiándonos, besándonos…

Aún con mis dedos inmóviles en sus labios solté un bufido dejando asomar una estúpida sonrisa.- Lo siento. – Me disculpe apartando mis dedos, siendo consciente de que me había quedado mirándola durante casi un minuto entero sin decirle nada y pensé que mi idiotez le habría incomodado. En ocasiones me sucedía que como algo me causara demasiada curiosidad –o me maravillaba, en este caso- me quedaba embobada observándolo, sin ser consciente de lo que a mí alrededor me sucedía. Cuando estaba sola era más fácil, pero si estaba con ella era algo que me hacía sonrojarme, no quería ni imaginar la cara que habría puesto cuando miraba sus labios durante tanto tiempo, pensaría que estaba loca… Pero todas esas preocupaciones se esfumaron cuando me dijo que andaría trayendo siempre algo de batido. - ¿De verdad lo harás? Ayer estuvo muy bueno el batido. - Dije encogiéndome de hombros. Ni siquiera recordaba el sabor del batido, solo el de sus labios que era el que realmente estaba así de bueno, demasiado…

Me ruboricé cuando dijo que no era necesario el batido, parecía que me estuviera leyendo la mente, quizá los ángeles a parte de todos los poderes que tenía, también podían leer la mente.
Me quedé mirándola fijamente a escasos centímetros de su rostro y vacilante le besé. Fue un beso suave y no demasiado largo, lo suficiente para poder saborear sus labios aunque fuera un poco. Me separé y aparté la mirada, aún con aquel rubor en mis mejillas. - ¿Saben bien? – Pregunté atreviéndome a mirarla finalmente dirigiendo mi mirada hacia sus labios. Traté de no estar demasiado tiempo mirándola para no embobarme como antes y le dediqué una pequeña sonrisa, tratando de cambiar de tema, lo que fuera.

Y entonces ella tomó mi rostro haciendo que la mirara y logró ponerme bastante nerviosa sintiendo una sensación extraña que nunca antes había experimentado. Comenzó a explicarme que ella no era la clase de ángel que yo pensaba. Fruncí el ceño, sintiéndome idiota, por mi confusión, pero entonces mi estomago volvió a revolverse, creándome un nudo haciendo que mis pulsaciones aumentaran haciendo que notara los latidos de mi corazón en la garganta. Su misión era cuidarme a mí, solo a mí. Mis ojos volvieron a iluminárseme de aquella manera tan especial que solo ella era capaz de provocar. – Solo mío…- Repetí aún sin creérmelo del todo, o al menos sin ser consciente de ello. No comprendía cómo podía sentirme así, jamás me había sucedido y mucho menos tan rápido, ella sí que era especial, la que más.

Me quedé inmersa en su mirada, en aquellos ojos tan oscuros y atrayente, no sabía que me estaba sucediendo, una parte de mí deseaba dejar de mirarla o acabaría demasiado enganchada a aquella preciosa morena pero la otra parte decía ; “No pares”. Y no lo hice, su belleza bajo los rayos del sol me abatió de una manera inimaginable. Me mordí el labio inferior aún observándola y volví a disculparme, me sentía demasiado culpable haciéndola pasar por esto, quizá ella no pararía de pensar que estaba haciendo el tonto. – Debes pensar que soy idiota… - Y aparté mi mirada completamente ruborizada.
Como si nada cambié de tema muriéndome de la vergüenza. – Yo también creo que el mar es fantástico, parece que tenga vida…



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Re: La vida y sus mágicas maravillas *-* [Kiara]

Mensaje por Kiara I. Doskas el 2012-11-06, 6:11 pm

El corazón se me encogió cuando vi aquel pucherito en su rostro al decirle que más gente había estado en este lugar. Me odié por lo poco sensible que puedo resultar, pero ¡Es que llevo 20 años de mi vida actuando de la manera menos empática posible! y ahora, todo lo que quiero es hacer sentir bien con cada palabra mia a esta perfecta rubia ¿Cómo se supone que lo haga? ¿Existirá el instinto puro para estas cosas? Sólo me quedaba rezar por que mi poco elaborada explicación de que solo algunas personas tenían conocimientos de este lugar le fuera suficientemente creíble. Adoraba la manera en que esas pocas palabras hacían que su ánimo cambiaran, por primera vez en la vida me sentía útil, porque si yo era capaz de hacer sentir bien a Kim, no necesitaba nada más.

¿Cuánto rato podía estar pensando en ella sin aburrirme? Comienzo a pensar que no me aburriré nunca. Toda la noche anterior había tenido su cara en la cabeza. Pensé que cosas así, encontrarte con una persona y no poder quitarte su rostro de la mente, pasaban solo en las películas, esas películas cursis de las que yo siempre me había burlado. Y ahora, heme aquí, mirando fijamente sus profundos ojos azules, más preciosos e intensos que el mar que tenía en frente, y sintiendo esas cosquillas en el vientre que tanto mencionaban en los libros románticos que tanto detestaba por falta de argumento. Quizá yo no les encontraba el argumento porque jamás me había sentido así...

Lo único que consiguió sacarme de mi aturdimiento fue ver que comenzaba a alzar la mano y acariciaba mis labios. Podría describir todo lo que me hizo sentir el tacto de sus perfectos dedos sobre mis labios, pero los mismos libros que he mencionado se han encargado ya de ello, aunque creo que eran palabras demasiado pequeñas para lo que estoy sintiendo justo ahora. Solté un suspiro sin poder evitarlo y me sonrojé demasiado al notarlo, pero al parecer no iba a ser incómodo, porque al fijar la mirada en el rostro de Kim, noté que ella también se había sonrojado. Al principio me costó entender porqué, pero luego caí en la cuenta de que se debía a que había pasado un poco de tiempo sin hacer nada más que mirarnos. Me sonrojé aún más al notarlo y me aclaré la garganta.- Oh, no te preocupes, me he quedado pegada en mis propios...pensamientos también.- la palabra correcta no era pensamientos, si no sentimientos, pero esa palabra me daba pánico. Me encantó la expresión que puso cuando le hablé de los batidos, y de inmediato algo comenzó a doler en el estómago: los batidos también podían ser considerados comida. Yo no debía comer...eso estaba muy mal. Iba a tener que encontrar la manera de evitarlos, aunque si poner un poco de batido sobre los labios de la chica era la única manera de probarlos...sería la única razón por la que haría el sacrificio de ...-Dios, hasta en mi mente era aterrador- comer.

Me relajé de inmediato cuando dijo lo bueno que estaba el batido, al menos podría mentir: el sabor me repugnaba tanto como cualquier otra cosa con calorías, excepto claro, en los días que me daban los ataques de comer, pero ahora había encontrado aquella bebida maravillosa, no por su sabor, si no por el sabor de la piel de Kim, escondida bajo el.- Si...ha sido, perfecto. Tu piel y tus labios sabían maravillosos también.- dije mordiéndome el labio inferior, algo nerviosa por si la incomodaba.

Agradecí haber tenido la buena de idea de decir que el batido no era necesario, porque justo como lo estaba deseando tan desesperadamente, ella se acercó a mi y me besó con calma y suavidad, un beso delicioso, que hizo que mi estómago volviera a sentir esas cosquillas y que mi piel se erizara por completo. Casi no me creía su pregunta.- Es el mejor sabor del mundo...- dije sin quitarle la mirada de encima, y esa sonrisa de boba perdida a la que comenzaba a acostumbrarme. No pude resistirme a tomar con delicadeza su rostro entre mis manos y acercarla a mi para besarla nuevamente, ahora de manera más larga y pausada. Entreabrí los labios para jugar con su lengua, intentando conocer cada rincón de esa perfecta boca, y luego me separé, tirando un poco de su labio inferior antes de tomar escasa distancia.- Me terminaré haciendo adicta...-Aunque en el fondo yo sabía que ya era demasiado tarde para esa precaución.

-Sí, solo tuyo...-dije en voz bajita cuando quiso comprobar que yo era su ángel. Iba a serlo, estaba decidido, iba a cuidarla como no había cuidado nunca antes de nadie, e iba a hacer que este lugar que bien podría ser una pesadilla, no fuera tan terrible. Además, en el proceso iba a poder estar mucho a su lado, ganábamos todos. Me encantaba sentir su mirada con la mía, me daba instancia de poder devolvérsela de igual manera sin tener que sentirme extraña o tener que explicar por que. Fruncí el ceño cuando dijo que debía pensar que era idiota. No podía hablar en serio. Negué de manera enérgica y acaricié su mejilla.- Claro que no pienso eso. Pienso que eres...perfecta.- terminé antes de depositar un tierno beso en su coronilla.

-Tus ojos son más preciosos que el mar.- dije sin tener tiempo de pensarlo siquiera, pues me había quedado un buen rato mirándolos.- De hecho, son mucho más maravillosos y profundos que el.- dije antes de sonreirle, agradeciendo que los años me hubiesen dado la valentía de decir todo lo que pensaba y sentía. De pronto comencé a sentirme inquieta. Ella era perfecta...claro que si.- Kim...¿Puedo saber por qué estas aquí?.- Tenía miedo, miedo de escuchar la respuesta, miedo de que algo le hiciera sufrir...No importaba, yo no iba a permitir que nada malo le ocurriera.

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Re: La vida y sus mágicas maravillas *-* [Kiara]

Mensaje por Kimberly M. Moore el 2012-11-08, 5:00 am

Sonreí para mis adentros y le miré con ternura cuando vi como se sonrojaba. Realmente cuando lo hacia estaba mil veces más preciosa y me imponía bastante haciendo que me pusiera nerviosa pero lo adoraba a la vez. Adoraba sentir ese cosquilleo en mi barriga cuando me miraba fijamente con esa mirada tan intensa y seductora, me encantaba y me ponía muy nerviosa, aunque bueno, era un nerviosismo agradable y adictivo.

Me ruboricé cuando dijo que mi piel y mis labios sabían maravillosos. El simple hecho de escuchar esas palabras hizo que me pusiera algo hiperactiva-no más de lo normal-. Me sucedía cuando me ponía contenta, me daban ganas de comenzar a saltar, de correr a donde fuera, sin rumbo, sin detenerme, únicamente sintiendo el viento en mi rostro, dándome más y más energía… Pero esta vez no lo hice, preferí disfrutar de aquel momento con ella y porque además como me viera hacer eso así de repente, acabaría pensando que estaba demasiado loca.

Puse la mano que acababa de tocar sus perfectos labios sobre mi muslo derecho y me acaricié la yema de los dedos, mirándolos sonriente, como tratando de grabar ese momento en mi mente, ese tacto, esa sensación… Por un momento tuve el impuso de besarme los dedos, pero pude controlarme. No me quería ni imaginar la cara que pondría ella si me viera hacerlo por lo que preferí besarla a ella, haciendo que recordara el sabor de mis labios como anoche, solo que esta vez sin batido de por medio.

Y sucedió. Sucedió lo que yo más hubiera deseado escuchar de ella. Le gustaba el sabor de mis labios y no solo un poco, sino que creía que era “el mejor sabor del mundo”. Y mis ganas por levantarme y echar a correr aumentaron, no podía casi controlarlas. Tranquila, Kim, tu puedes controlarte, hazlo, hazlo por favor… Me rogué a mi misma sin apartar mi mirada de la de ella. Quizá lo que logró controlarme fueron sus ojos apresándome en aquel mirar tan… hipnotizante. No quería hacer el ridículo, no frente a ella. Y por obra del destino, para hacer que terminara calmando esa hiperactividad totalmente, hizo que ella me cogiera del rostro y me besara. Bueno, el destino o… ella. Un escalofrío recorrió mi cuerpo cuando comenzó a jugar con mi lengua haciendo que pudiera saborear la suya. Me encantaba joder, su lengua llegaba a ser demasiado adictiva y como siguiera así en un futuro demasiado cercano, no podría controlarme ni siquiera un poquito. Cerré mis ojos y suspiré cuando tiró de mi labio al separarse, fue algo que me encantó y me hizo desear más, que siguiera haciéndolo, que no parara.
Y volvió a suceder, una vez más volvió a leerme la mente y nombró la adicción a los besos, a mis besos. Vuélvete adicta, hazlo. Pensé tratando de controlar mis deseos de besarla y de nuevo sin darme cuenta estos pensamientos no dejaban de vagar por mi mente mientras me quedaba embobada mirando sus perfectos labios.


Y ya no pude controlarme más, mi hiper actividad volvió y como para no hacerlo. Como todo siguiera así acabaría volviéndose adicta a mis besos, era únicamente MI ángel y pensaba que era perfecta. ¿Podría mejorar todo esto? Estaba convencida de que no y sin pensarlo me levanté de golpe, casi dando un salto y me froté fuertemente las manos llenando mis pulmones de aire y dando dos pasos hacia atrás, nerviosa , con demasiadas emociones dentro de mí. Fui a echar a correr pero abrí los ojos como platos mirándola, ruborizándome una vez más. Kim idiota, Kim idiota. Piensa piensa… Me dije a mi misma muerta de la vergüenza por semejante escena que estaba montando y puse mis manos en mis shorts haciendo como que me ataba el botón. – Es que… se me había desabrochado y… - Entonces caí en la cuenta de que lo tenia abrochado. Mierda, solo quería ahora mismo que la tierra me tragara y que ella no se hubiera dado cuenta, pero era imposible así que me volví a sentar a su lado incapaz de mirarla. Comencé a respirar hondo tratando de calmarme, pero fui incapaz, mi nerviosismo comenzó a aumentar y resoplé agarrándome las manos, frotándolas alterada.
Reí nerviosamente cuando dijo aquello de mis ojos. – Eh… muchas gracias, Kiara… los tuyos son maravillosos. – Dije mordiéndome el labio inferior nerviosamente, bajando la mirada. No sabía como actuar, qué decirle, de qué manera mirarle ahora; nada.

Le miré con miedo en mi mirar cuando me preguntó qué hacia aquí, refiriéndose al psiquiátrico. Suspiré, sabía que como le contara todo acabaría esquivándome. ¿Cómo no hacerlo? Solo el ver como acababa de actuar ya era razón para hacerlo. – Bueno… - Cogí aire y suspiré lentamente. – Es que,son unas cuantas cosas, demasiadas. – Me encogí de hombros y carraspeé mi garganta. – A ver… desde hace un año o así, o más, no me acuerdo… - Ladeé mi cabeza, tratando de recordar. – Suelo tener ataques de pánico y no sé cuando empezó y creo que no me lo quieren decir. También tengo unas cuantas fobias. ¡Me las sé de memoria! – Estaba entusiasmada, orgullosa de poder recordarlas.- Aunque bueno, no me sé sus nombres es que son demasiados difíciles. – Torcí mis labios y entre cerré mis ojos tratando de recordar. – A ver, comienzo… Tengo miedo a la oscuridad y mucho, a las alturas, tengo miedo a que… me den esos ataques de pánico y esté sola. – Bajé mi mirada poniéndome triste pero luego le dediqué una pequeña sonrisa, contándole las demás fobias. – Tengo miedo a quedarme amnésica… me aterra porque hay cosas que no recuerdo de hace tiempo y muchas veces sueño… sueño con alguien que se me hace familiar pero no la recuerdo, no sé quien es.. – Resople y proseguí. – Me dan miedo.. las… las personas con… con amputaciones.- Admití avergonzada.- No sé por qué, pero… me aterran, igual que las arañas, me quedo paralizada cuando las veo. También están las tormentas, el… abuso…sexual.- Admití tragando saliva, aún avergonzada. – Y bueno, estando aquí… me… me da mucho miedo volverme loca, lo pienso todos los días, es que además, cuando sueño con esa chica, siento que algo dentro de mi cambia, poniéndome aún peor… También está la sangre de la nariz, el miedo a los lugares estrechos, miedo a cruzar puentes, los curas, tengo miedo al vertido. – Me crucé de brazos y traté de explicárselo ya que a mi me costó mucho entenderlo. – Es que me da miedo el sentir miedo a las alturas ¿Lo entiendes, angelito? Aunque bueno, tu siendo un ángel jamás podrías sentir miedo a las alturas… - Me puse a contar con mis dedos, recordando todas mis fobias y asentí. – Luego… luego.. ¿Qué iba? ¡Ah si! Tengo miedo a la muerte y a… a las cosas muertas. – Dije mirándole con un pucherito. – No puedo ni…ni imaginármelo… Me dan mucho miedo las serpientes, cocinar ¡Sobre todo eso! y volver a casa, no sé que pasaría si algún día volviera y me da mucho miedo. El fuego también me da mucho miedo, es terrorífico… una vez mi casa se incendió y desde entonces…Luego están las operaciones… la de los médicos, me hacen pensar en que llevaran a la muerte y… no me gustan, nada. Y… las.. las violaciones. – Admití roja, como un tomate, llegaba a ser demasiado paranoica con esto y no podía soportar siquiera hablar de ello. – Y esas son todas aunque también tengo hiper actividad, no sé si lo habrás notado por lo de… antes, ya sabes.. – Admití aún sonrojada y caí en la cuenta de que me faltaba aún una fobia. – Ah y bueno, se me olvida una fobia…Me… me dan mucho miedo las iglesias… y sus campanas, es escuchar ese ruido y… y… - Cerré los ojos fuertemente tapándome los oídos con fuerza, tratando de borrar ese desagradable recuerdo.
Finalmente acabé calmandome y le miré intrigada. - ¿Tú por qué estas aquí angelito? A parte de para protegerme... ¿Por algo más? - Dijera lo que dijera una estaba muy clara, acabaría pensando que estaba demasiado loca...

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Re: La vida y sus mágicas maravillas *-* [Kiara]

Mensaje por Kiara I. Doskas el 2012-11-09, 6:50 pm

Seriamente iba a tener que hacer una lista de cosas que amaba de ella. De hecho, si no fuera porque el lugar más cercano donde hay papel y lápiz es en un loquero, comenzaría con ella de inmediato. Me encanta poder saber lo que estoy pensando, me dijo que tiene 18 años y sin embargo es muy difícil creer que aquello es verdad: tiene toda la ternura y transparencia de una niña en la mejor parte de su infancia. Me encanta. No tengo que estar constantemente preguntándome que es lo que estará pensando, si ella sentirá algo en el estómago igual que yo, si se sentirá aunque sea mínimamente atraída por mi, porque podía ver en sus ojos la respuesta. La incertidumbre es algo que no soporto, siempre necesito saberlo todo, y parece que ella me lee la mente, que conoce mi necesidad de saber que está pasando por su cabeza, porque me da todas las respuestas a través de su rostro. Me encanta, que me mire de esa manera me hace sentir tan feliz...

Tenía que tomar nota mental de varias cosas para nuestros futuros encuentros. Por ejemplo, es importante recordar que le avergüenza hacer caso a algunos de sus instintos en mi presencia. Frunzo un poco el ceño. Definitivamente no quiero eso, si no todo lo contrario, quiero que cuando esté conmigo sea ella misma, que no tenga miedo de hacer cosas como acariciar mis labios de aquella manera, y sé que me va a costar trabajo, pero estoy decidida a acabar con eso, a darle toda la confianza del mundo, para que al final haga todo cuanto desee frente a mi como acto reflejo. Espero que el besar de aquella manera tan pasional sus labios luego de que ella acariciara los míos fuera buen comienzo, y siempre sería así: cada vez que ella hiciera alguno de esos detalles adorables, yo respondería feliz de la vida. ¿Son dos días demasiado poco como para decir que quiero aprender junto a ella? Me da igual. Vamos a aprender juntas, y yo vigilaré que al menos conmigo se sienta tan feliz como pueda serlo, y sé que por el solo hecho de estar a su lado yo estaré feliz.

Felicidad. Una palabra demasiado grande, demasiado compleja y yo no tomo las palabras a la ligera; hace apenas dos días, habría dicho que la felicidad para personas como yo es totalmente imposible, pero ahora...ella decía que soy su angelito, pero yo sabía que la cosa era al revés: ella es quién bajó del cielo para rescatarme de mis interminables horas de soledad y odio contra el mundo, lo mínimo que podía hacer yo, era rescatarla de la pesadilla que podía llegar a ser este lugar, y convertirlo en una estancia lo más agradable posible. Una misión difícil, peor no imposible, aunque comienzo a sospechar que no habría nada imposible de hacer si tuviera que hacerlo por Kim. Yo encontraría la manera, lo sabía.

Me encantaban sus besos, esa era la felicidad de la que yo misma estaba reflexionando. Me encantaba sentir su lengua batallando con la mía por decidir cual le daba más pasión a la otra, me encantaba sentir la punta de su nariz contra la mía, me encantaba sentir su respiración sobre mi piel, me encantaba, me encantaba...No era capaz de encontrar un solo defecto en esta chica, y tampoco quería hacerlo. Todo era perfecto, si, sin embargo había algo que no terminaba de tranquilizarme. No podía quitarme de la cabeza la idea de que había algo que Kim estaba controlando, lo percibía en su expresión, casi podía palpar en el aire toda la...¿Qué? ¿Era energía? ¿Energía acumulada? No estoy segura, pero sí se que hay algo que ella se está guardando, que no termina de hacer todo lo que quiere, y eso sigue atormentándome, deseosa de saber como lograr que sea ella mismo conmigo. Por ahora no tengo otra idea que no sea esperar a que ella haga lo que piensa y mostrarle que no está del todo bien. Necesito más planes, pero con ella mirándome mi mente parece dejar de funcionar.

De pronto lo hizo ¡Al fin hizo lo que quería y dejó salir lo que estaba sintiendo! Morí de ternura y alegría cuando la vi pararse así y correr por la arena, con aquella perfecta cabellera rubia al aire. Moría de alegría , de gozo, mi corazón latía más rápido. Casi no me podía creer que se mostrara así de avergonzada junto a mi e incluso fingiera estar abrochando su pantalón. Reí mientras negaba con energía, feliz de la vida por haber conseguido el primer paso en mi plan: que ella hiciera caso a alguno de sus impulsos, ahora solo me quedaba darle a entender lo mucho que me encantaba eso.- ¡Me fascinas! ¡Me encanta que hagas esas locuras! ¡Me enamoras más y más!.- me puse de pie como un resorte y corrí hasta su posición. Con todas mis fuerzas y energías, la cargué sobre mi como a un koala, afirmándola bien de las piernas, dejando que pasara sus brazos por mi cuello y corrí hasta la orilla del mar con ella encima.- ¿Ves? Me encanta ser como tu, me encanta todo lo que haces, me encantas.- reí y me adentré un poco en el mar, hasta que cubrió mis pantorrillas. Comencé a dar vueltas con ella en brazos, sin parar de reír, y sin poder sacarme de la cabeza que esta escena no pertenecía aquí, si no a una de las películas románticas de las que yo suelo reír. Pero no, estaba pasándome a mi, yo era la chica que se detuvo en sus frenéticas vueltas para mirar fijamente a la preciosa rubia que tenía en brazos para besarla con lentitud, jugando con su lengua y acariciando con sus labios, mientras el sol comenzaba a salir tras el mar. La perfección. Sonreí y volví corriendo con ella a nuestra posición, dejándola con cuidado sobre el suelo, y tumbándome sobre ella, aunque sin dejar mi peso sobre su cuerpo, si no que apoyándome sobre mis rodillas, para luego acercarme a su rostro y besar su frente.- Cuando tengas ganas de hacer algo que te parezca loco, solo hazlo, a mi me fascinará, te lo doy por firmado, tanto como me ha gustado ahora.

Volví a situarme a un lado suyo, tumbada sobre la arena y sonreí cuando dijo aquello sobre mis ojos.- Quizá algo tengan, pero son de color café, el café es un color común, yo soy una chica común. Prefiero las rubias de ojos color mar.

Sabía que el momento en que le preguntara que hacía allí iba a ser crucial, sería primera vez que habláramos de eso, y no sabía bien que esperar. Me aterraba que fuera algo demasiado grave, que mi destino fuera perder pronto a esta chica preciosa, sin embargo era necesario hacerlo, tarde o temprano, y siempre había odiado postergar las cosas. Puse mucha atención. Era bastante complicado, sí, mucho más de lo que había imaginado, sin embargo mucho menos trágico de lo que había pasado por mi cabeza. Mientras escuchaba sin parpadear todas y cada una de sus palabras agradecí la gran memoria con que se me había dotado, una de mis mejores cualidades y herramientas, según siempre me lo decía todo el mundo. Mi plan era memorizar todas y cada una de sus fobias, y poner mi vida y todo mi esfuerzo día a día para evitar que tuviera que enfrentarse a todas esas cosas que podía alterarla. Era mi niña, y no iba a permitir que nada la asustara jamás. Temía que luego de confesarme todo eso se sintiera algo extraña, tonta o asustada, ninguna iba al caso, así que me acerqué a ella y la abracé con suma ternura, acurrucándola en mis brazos.- Bien, vamos por partes. En cuanto a los ataques de pánico...jamás estarán sola cuando ocurran, lo prometo. Buscaré una forma de estar comunicada las 24 horas del día contigo, aquí dentro deben haber intercomunicadores, por la seguridad y eso, conseguiré un par para nosotras y cada vez que sientas que caerás en un ataque me llamas y ya, así ya nunca más tendrás miedo de estar sola cuando ocurra, porque prometo que llegaré. Y las fobias...tú y yo haremos una lista de ellas y buscaremos la forma de evitarlas en tanto las superas ¿vale? ¿te tranquiliza eso, preciosa?.- Esa era la pregunta crucial, si lo que se me había ocurrido no era suficiente, entonces yo pensaría en otra cosa, pero necesitaba que mi peque estuviese del todo bien.

Y sabía que era lo que seguía: ahora era cuando ella preguntaba por qué estaba yo aquí. Mi rostro empalideció de inmediato, y mi estómago comenzó a doler mucho más de lo que sería normal. Comencé a sentir fatiga, la fatiga causada por el largo tiempo que llevaba sin comer, y comencé a sudar sin poder controlarlo, todos los síntomas que no me iban a permitir mentir. Era psicológico, porque no le podía mentir. Me aclaré la garganta y miré al suelo ¿Que iba a pensar ahora ella de mi? Su angelito era solo una loca más. De pronto comencé a sentir una pena y ganas de llorar enormes, sentía que todo acabaría, que la magia se iría, porque ella sabría mi verdad. Me gustaría tanto mentir, o omitir la verdad...pero simplemente no puedo.- Porque quiero ser perfecta, Kim.- musité avergonzada con la vista fija en el suelo aún.- Verás...mi historia familiar es un tanto...complicada. La cosa es que me fui de casa de mis padres a temprana edad y tengo...lo que ellos llamaron 'juntas equivocadas' No están equivocados, la verdad, solo me hicieron abrir los ojos a la realidad. La perfección del cuerpo es importantísima, y yo deseo ser perfecta, al menos de físico. Así que...no como de la manera que ellos esperan, a veces simplemente no como. Yo no creo que sea peligroso, pero ellos.- dje el 'ellos' girando mi cabeza hacia el psiquiátrico.- dicen que es peligroso, que puedo llegar a morir si no tengo la cantidad adecuada de nutrientes o algo.- suspiré y la miré apenada, conocedora de que todo habría cambiado...o terminado.- Lo siento, sé que no soy lo que esperabas, pero precisamente por eso lo hago. Seré perfecta y entonces te gustaré más ¿no?.- Ahora tenía una razón más para alcanzar la perfección

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Re: La vida y sus mágicas maravillas *-* [Kiara]

Mensaje por Kimberly M. Moore el 2012-11-10, 9:54 pm

No comprendía por qué me sentía así, por que el simple hecho de mirarla ya podía hacerme olvidar de todas mis pesadillas, todas mis fobias y demás; todo. Cuando le miraba a aquellos ojos tan oscuros y tan hipnotizantes sentía que no existíamos nada más ella y yo, sentía que ya no había ningún problema, porque ella me libraba de cualquier mal. Por algo era un ángel ¿No? Mi ángel…
Una vez más me quedé embobada con sus ojos, eran tan intensos, podría decir que me habían embrujado demasiado fácilmente, desde el primer instante en el que la vi, cuando nuestras miradas se cruzaron aquella tarde y me quedé completamente embobada con su perfecta sonrisa… Creo que ahí fue cuando sospeché que era un ángel, era imposible sino que existiera tanta perfección junta.

Aún seguía embobada mirándola a los ojos, era algo tan extraño… No entendía como podía sentirme así con solo verla cinco segundos con solo ver cómo me sonreía. ¿El amor a primera vista existía? Si así era, lo estaba experimentando ahora mismo, lo hacía desde el primer momento en el que puso sus dedos sobre mis labios para limpiarme el batido que me quedó después de beber de aquella copa de cristal –o algo que parecía cristal-.
Aquella noche apenas pude dormir pensando en ella sin saber una razón concreta, solo me quedaba mirando al techo pensando en el con una sonrisa. Aún no te conozco y ya te echo de menos– Repetía una y otra vez. Me aterraba ese sentimiento ya que como ella lo descubriera no acabaría saliendo jamás de este cuarto, no podría ni mirarle a la cara, al menos sin ruborizarme o avergonzarme de mi misma, porque abstenerse a mirar esa preciosa carita era imposible. Como ahora, que allí me encontraba, observándola con una sonrisa de embobada, sentada junto a ella en la arena disfrutando de un maravilloso día de playa, no por el mar ni sus olas, sino por aquel angelito que me acompañaba, que me miraba de una forma que hacía que me derritiese, que me acababa de besar. Si todos los días de playa con ella serían así ya sabría con quien venir siempre o de donde no querré salir nunca.

Le miré pensativa. ¿A caso ella sabía lo que pasaba por mi mente? ¿Lograba captarlo? A veces llegaba a disimular demasiado mal y como le resultara algo idiota, me destrozaría por dentro, me derrumbaría. Era de locos, era loco todo esto. Todo iba tan rápido que era aterrador. Llegaba a pensar que era causado por las medicinas e inyecciones que me ponían diariamente las enfermeras, quizá habían introducido algo nuevo haciendo que la viera de esta forma, que me volviera tan loca –más aún- o quizá no me hacían sentir esto solo, sino que ella era producto de mi imaginación. Realmente lo dudé y morí de miedo, entonces sin decirle nada acerqué sus labios a los míos y los rocé suavemente para acabar sonriendo en ellos y besándola tomándola del rostro. Me separé y le miré completamente ruborizada, era real, existía y me dedicaba no solo valiosas horas de su tiempo, sino que me correspondía mis caricias y besos.

Tragué saliva y le miré nerviosa. – Perdona, yo… solamente quería comprobar que eres real, que no eres… algo que haya creado mi imaginación.- Confesé avergonzada y sonriendo como una idiota, solo por el simple hecho de comprobar que existía, que los ángeles existían y que yo tenía uno, uno que era solo para mí.

Cuando me dio aquel ataque de hiperactividad que no pude controlar me quedé casi congelada. ¿Acababa de decirme que le enamorada más y más? Sí, lo hizo e hizo que sonriera de la forma más idiota del mundo, solo por ella, por sus palabras, por su perfecta belleza. Comencé a suspirar como una idiota observándola diciéndome todas esas maravillosas cosas. Tú sí que me enamoras más y más, mucho más Pensé deseando gritárselo, pero no pude, algo me retuvo una vez más; la vergüenza. Sentí como me dio un vuelvo al corazón cuando dijo que le encantaba que hiciera esas locuras. Me mordí el labio inferior intentando evitar otra sonrisa estúpida de enamorada… ¿De enamorada? No, o sí. No lo sabía, solo estaba segura de que me encantaba y me aterraba que pensara que estaba como una cabra con mi maldita hiperactividad tan constante, pero fue justo lo contrario, a ella le encantaba y corrió hacia donde yo estaba cogiéndome en brazos. No sabía que pretendía pero estaba consiguiendo que mi híper actividad aumentara de una forma muy drástica y si esto ocurría, estaría como una hora corriendo de un lado a otro y entonces sí que pensaría que estaba loca, pero me dejé llevar por ella y puse mis brazos alrededor de su cuello, aferrándome a ella sin borrar aquella sonrisa de estúpida que mi angelito me provocaba. – Tu también me encantas.- Dije susurrándole al oído, para que pudiera escucharme bien.
A la vez que ella iba corriendo me reía infantilmente, más feliz que nunca, disfrutando tanto de aquel momento que pronto me faltaría aire en los pulmones para poder reír aún más. Le abracé con fuerza cuando se adentró en el mar y apoyé mi frente en su hombro suspirando por todos aquellos sentimientos que se me cruzaban a la vez pro mi mente, suspirando por ella.
Cerré fuertemente los ojos cuando comenzamos a dar vueltas. Muchas veces había escuchado a mi hermano sobre algo llamado norvono, o narvana ¿Cómo era? Ah, si ¡Nirvana! Que para alcanzarlo teníamos que hacer ciertos pasos, yo la verdad es que no sabía dónde estaban quizá mucho más lejos que Narnia, por eso era tan difícil alcanzarlo. Él decía que cuando lo alcanzábamos teníamos una sensación de felicidad extrema, como nunca antes. Yo sin haber hecho todas esas cosas ya sentía que lo había alcanzado, lo estaba haciendo ahora y ni siquiera había pasado por Narnia, me lo había saltado, solo por ella, por todo lo que me hacía sentir, por lo loca que me volvía.

Y entonces ella se paró, casi como mi corazón, que cada vez palpitaba más y más rápido haciéndome sentir cada vez más cosas, cosas que no entendía y me desconcertaba. Cerré los ojos suavemente cuando me besó tan lentamente y continué su beso acariciando su mejilla con mi mano derecha, sin separar el otro brazo de ella y mi lengua comenzó a jugar con la de ella, como si fueran para lo único que estaban ahí, para unirse y jugar, luchar sin oponerse y lo hicieron.

Cuando nos separamos le sonreí mirándola tiernamente, no podía ver mis propios ojos pero sabía que me brillaban, que lo hacían como nunca antes lo habían hecho, tanto que me quedé sin palabras y me quedé mirándola rozando mi nariz con la de ella, lentamente.
Volvimos a la arena y me tumbó sobre el suelo poniéndose ella encima de mí y suspiré cuando besó mi frente. Cerré los ojos y asentí. – Haré todo lo que se me pase por la cabeza, aunque sean locuras mías. – Dije con una sonrisita infantil poniéndome de costado para poder apreciarla mejor, para poder apreciar todas sus perfectas facciones. – Tus ojos no son simples, no son corrientes. Sé de alguien que podría perderse fácilmente en ellos.- Dije sonrojándome.- Te lo aseguro.

Fue completamente imposible que no me derritiera al ver su reacción después de que le contara todas mis fobias. –algunas ridículas al parecer de mucha gente-. A ella no le importaba, quería ayudarme con todas y cada una de ellas, incluso quería estar comunicada conmigo las veinticuatro horas del día para cuando sintiera que me fueran a dar los ataques de pánico. - ¿Lo harías por mí? – Pregunte con ese brillo que mis ojos desprendían cuando la miraba. Realmente me fascinaba su actitud, apenas nos conocíamos y ya quería ayudarme con todos mis problemas y era capaz de soportar mis malditas locuras. Sabía que era de locos pero sentía que la quería, que deseaba que se quedara junto a mí cuidándome, porque era mi angelito y ella me protegería de todo lo malo.
-No sabes cuánto me tranquiliza.- Respondí emocionada, no me importaba que ella dijera que era un ángel especial, sin poderes. Si que los tenía, tenía el poder de hacerme sentir completamente feliz y como una tonta, ese poder de crear todo esto que me estaba pasando en mi interior…

Y entonces llegó el momento, el momento en el que yo conocería la principal razón por la que ella estaba aquí, cual era su problema, el cual temía que fuera demasiado duro, no por afrontar que mi angelito era “diferente” sino por todo lo que podría sufrir por aquel problema. No quería, no quería que ella sufriera, prefería sentir yo el doble de dolor para que ella solo se sintiera bien, y feliz…

Ladeé mi cabeza cuando dijo que quería ser perfecta. Qué tontería. Pensé.- Tu ya eres perfecta, Kiara, mírate, todo en ti es perfecto. – Y me callé y dejé que continuara, que me contara todo con detalle sin parpadear un solo instante, quería captar todos sus gestos, sus sensaciones a la hora de contarlo…
Entonces se me heló la sangre, pude sentirlo, pude sentir como mi corazón se detuvo cuando dijo que si no comía podía morir y que ella, no comía solamente por querer alcanzar la perfección física. Ella ya la tenía, ella era perfecta tanto por dentro como por fuera jope… lo era.

Negué enérgicamente con la cabeza y me abalancé sobre ella para abrazarla, con lagrimas en los ojos, rota por dentro, como si la felicidad se hubiera esfumado, como si todo fuera frío; todo. - ¡NO TE VAS A MORIR, KIARA, NO LO VAS A HACER! – Grité llorando en sus brazos, aferrándome a ella. – Eres perfecta, todo en ti es perfecto y no te va a pasar nada. ¡NADA! – No quería soltarme, quería permanecer abrazada a ella todo el tiempo que fuera, hasta que cambiara de idea, que se viera tan perfecta como yo la veía.- Es imposible que me gustes más, es imposible.- Dije agarrándola del rostro, mirándole con una tristeza inimaginable en mis ojos. – You are the best thing that ever been mine. – Dije en un suspiro, volviendo a abrazarla para que no me viera llorar, no quería que me viera sufrir, bastante tenía ella con todo su dolor, un dolor que yo quería sanar, me mataba verla así, y no me importaba que se diera cuenta de lo que yo sentía por ella, ya no me avergonzaba, solo quería que ella se curara, que no sufriera. – Quiero ayudarte, angelito, sea como sea, me tendras aquí para todo ¿Vale? – Dije besando su mejilla y juntando mi frente con la de ella. – I never leave you alone.

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Re: La vida y sus mágicas maravillas *-* [Kiara]

Mensaje por Kiara I. Doskas el 2012-11-14, 8:33 pm

Cuando la miraba a los ojos, el tiempo se detenía, y solo existía para mi ese azul perfecto e interminable. El tiempo se detenía, y por consiguiente yo tenía el tiempo que quisiera para pensar. Y se me vinieron a la mente todas esos libros románticos de los que me había reído la vida entera. Cualquiera que me conozca aunque sea un poco sabe sobre la gran afición que tengo por la lectura, que podría pasar la vida entera con el rostro pegado a los libros, y los amaba todos, o bueno...casi todos, porque había una, una sola clase de libros, que leía solo para hacer doler mi estómago de la risa: los románticos. Siempre me había parecido tan absurda la manera en que describían el sentimiento, eso de decir que lo darías todo por una persona...simplemente absurdo, era ridículo pensar que podías amar a alguien así, pero ahora...ahora estoy segura de que sería tan fácil entenderlo, sería tan fácil sentirme así, sentirme en las nubes...De pronto todos aquellos estúpidos libros de amor ya no parecían tan estúpidos, porque ahora comprendía el significados de frases cliché como 'mi mundo se paralizó al verla' 'me parecía que habían pasado siglos sin tocar sus labios' o 'viéndola sabía que no podía haber nadie más perfecto en el mundo' Todo eso quedaba chico junto a lo que sentía cuando veía a Kimberly, cuando la sentía cerca...Me asustaba, pero soportaría la idea de vivir sin ella, ya no, así que prefiero el miedo a sentir a no sentir nada.

Me encantaba sentir su mirada fija en la mia, adoraba sentir que me observaba de aquella manera, que me transmitiera lo que ella pensaba, que a ella también le ocurría algo conmigo.-Podría pasarme la vida entera mirándote.- dije sin ser demasiado consciente de que había hecho palabras mis pensamientos, sin embargo no me dió vergüenza, ni me arrepentí, comenzaba a sentir la confianza suficiente como para decir todo lo que sentía y pensaba, y sentía tantas cosas..-Adoro tus ojos, y tu cabello, y el color de tu piel..-bajé levemente la mirada.- y tus labios, amo tus labios. ¿Sabes? un día debes dejarme un poco de tiempo solo para hacerte una lista de cosa que amo de ti.- me incliné un poco hacia ella y le besé la frente.- Mejor una semana, eres demasiado perfecta.

Perfección...esa misma perfección que yo había luchado toda mi vida por alcanzar y que no había logrado jamás, y aquí estaba Kimberly, siendo perfecta sin intentarlo, o quizá una cosa causaba la otra. Su perfección no me provocaba envidia, era más bien algo que quería cuidar, a toda costa, toda su inocencia me conmovía, ella no sabe que hay mal en el mundo, y para ella hare que aquí no haya mal, me lo prometí.

Cada vez me parecía más extraño que una chica como ella estuviera en un lugar como este, en realidad, ella me parecía demasiado buena para cualquier lugar en la tierra, era muy perfecta, de seguro no pertenecía aquí, y sin embargo ella decía que el angelito era yo. De pronto, sentía ganas de cantar, de cantarle todas esas ridículas canciones de las que me reía junto a los libros, sin embargo deseché la idea de inmediato aunque ya sabía quién era ella para mi.- Eres una musa, eres mi musa...tu me inspiras.- le dije sonriendo ampliamente. No podía ser más cierto, me inspiraba ternura, cuidado, jamás en mis 20 años de vida había sentido siquiera por un momento el impulso de cuidar de alguien, siempre había sido yo y solo yo, sin embargo ahora, sabía la verdad.- Eres la musa más perfecta de la historia, así que debo cuidar esa belleza y esa ternura por siempre, nada te pasará, te lo prometo.- Me lo prometía a mi también, y yo jamás fallaba a mis promesas.

El contacto de sus labios aún estaba reciente, podía sentir sobre los míos el leve cosquilleo que había causado la presión de ellos hacía un rato aún cuando se acercó a mi y me besó. Feliz porque estaba deseándolo, pero no estaba segura de si ya me había pasado de la raya, le correspondí con suma ternura, acariciando sus labios con los mios y preocupándome también de saborearlos. Como todas las veces anteriores, me separé a regañadientas, pero morí de ternura al escuchar su explicación.- No te preocupes, a mi también me ha servido para corroborar que no te he inventado yo a tí.- acaricié levemente tu mejilla.- Ahora que ambas somos reales...déjame besarte otra vez.- murmuré antes de acercarme a sus labios y dejar un corto y suave beso.

No recordaba haber visto nada más adorable jamás que a Kim corriendo así, con tanta energía. Era justo como la visualizaba: una pequeña niña demasiado buena , demasiado cariñosa, con toda la energía y el ánimo del mundo, encerrada aquí por problemas que de seguro estaban lejos de ser su culpa. Me encantaba verla así, feliz, y me puso feliz a mi al punto de hacer lo que hice. En medio de mi carrera hasta el agua ella susurró a mi oído claramente que yo le encantaba también. Quería responderle, pero estaba mucho más concentrada en las mariposas que revoloteaban cada vez de manera más insistente en mi estómago. Una vez que comenzamos a rodar, no podía para de estar hipnotizada con su risa, su risa que era felicidad pura, y entonces me sorprendí pensando que esa era mi propia felicidad: si ella sonreía, o si reía con tantas ganas como ahora, entonces yo estaría feliz, lo estaba ahora, mi corazón latía descontrolado en mi pecho, mi cara debía expresar más felicidad de la que había expresado en años, porque yo era más feliz de lo que había sido en años, ahí, con ella riendo, creo que si muriera ahora podría hacerlo feliz y tranquila, todo a causa de una niña que había conocido tan solo ayer...aunque de seguro no había sido coincidencia, yo no creo en eso, estaba escrito que ayer conociera a Kim y hoy experimentara por primera vez la felicidad, al verla feliz a ella. La besé, como quería besarla toda la vida. Así quería vivir: besándola, oyéndola reír, y haciendo que el ciclo se repitiera...Vivir. De pronto parecía que hacía planes para tanto tiempo cuando hace apenas dos días no sabía decidir que color de zapatillas usar...eso hacía Kim en mí, me hacía madurar, para poder cuidarla.

Cuanto nos tumbamos en la arena, ella finalmente accedió a hacer todas sus locuras, yo asentí entusiasmada y le di un tierno besito esquimal.-Eso mi peque, que me encanta verte así, me ha hecho sentir tan bien...no quiero que te guardes nada conmigo ¿vale? puedes confiar en mi al cien por cierto.- Desde el día de hoy estaba segura de que mis ojos no me molestarían más. Ahora que sabía que le gustaban, lo iba a aprovechar. La miré fijo, de la manera intensa que solía hacerlo y sonreí.- ¿A sí? ¿Quién se perdería en ellos, peque? Para poner cuidado de no mirarle demasiado.

El momento en que escuché sus fobias fue cuando más frágil la sentí a ella y cuando más fuerte me sentí yo. Ahora estaba determinada a no dejar que nada malo le pasara, ella era mi pequeña, mi rosa en el desierto, mi todo, la alegría personificada en un lugar en el que parecía imposible sacar sonrisas. Quizá Kim no lo sabía ahora mismo, pero con el solo hecho de estar aquí, hablando conmigo me está ayudando, me está haciendo una mejor persona aunque sea a ratos. Ya no me siento la chica que es una perra, que quiere sexo con todo el mundo y quiere joder a todos, y ya no me asusta que Kim me haga sentir así, el sentimiento es tan hermoso que aquel miedo a enamorarme pasa a segundo plano, pues me quiero entregar por completo a la felicidad.- Por supuesto que haría eso por ti, eso y cualquier cosa. Escucha, Kim.- tomé su rostro con delicadeza entre mis manos y lo acerqué a mi.- Quiero que me prometas que en caso de que surja cualquier otro miedo, de que te sientas inquieta, asustada, o simplemente no quieras estar sola, me lo dirás, y yo te prometo que pensaremos en la forma de solucionarlo, pero quiero que tengas esto en claro.- fijé mi mirada cuanto podía en ella.- desde ahora no habrán cosas imposibles de solucionar, ni tampoco soledad. Sé que suena extremadamente raro, porque acabamos de conocernos, pero yo te cuidaré y no dejaré que te pase nada jamás. Es una promesa.- con suma ternura extendí el dedo meñique y lo estreché con el suyo.- Por el meñique.

Y tuve que contarle de mi problema. Era lo justo, claro, porque ella se había sincerado conmigo, pero más allá de eso yo tenía claro que un día tenía que contarle, que Kimberly tenía que saber que su angelito no era tan perfecto como ella pensaba, es más, que de perfecto no tenía nada, pero iba en camino a eso. Quizá fue demasiada sinceridad, quizá no puse filtro alguno a lo que decía, pero cuando quise poner cuidado en eso ya era demasiado tarde: Kim se abrazaba a mi, con una fuerza que jamás hubiera adivinado de su perfecto cuerpo. Se me rompió el corazón y eché a llorar. No podía soportar tenerla allí entre mis brazos así de triste, por mi culpa. Ella me quería viva, yo quería estar junto a ella un tiempo indeterminado, toda la vida de ser posible. Toda la vida...para eso necesitaría pensar. Entonces, mientras ella se abrazaba a mi, entendí que si los doctores tenían razón yo podría morir en cualquier momento, eso no me había importado jamás, total, yo no tenía nada importante aquí, pero ahora...Kim entre mis brazos. Y supe que yo la iba a ayudar, que no iba a poder quitar los traumas que probablemente tenía, pero la haría sentir mucho mejor y yo jamás comería como una persona normal, los vómitos siempre estaría, sin embargo desde ahora estaba determinada a no dejarme morir, a hacer lo que los doctores siempre quisieron: comer lo justo y necesario para sobrevivir, dejar que me inyecten suero para seguir viva... ahora tengo una razón. Estreché a Kim con fuerza entre mis brazos y le besé la frente.- Escucha, peque, cálmate, shht.- murmuraba en su oído con ternura para hacerme escuchar sobre su llanto que me estaba matando.- te prometo, te juro, que no me voy a morir. No lo haré, ¿sabes por qué? Tú serás mi razón de seguir viviendo. Gracias Kim, gracias...no me moriré, lo juro.- Acto segundo besé todo su rostro con suma ternura y cuidado.

Comenzó a decir todas aquellas cosas que hicieron que mi corazón latiera más acelerado que nunca, feliz. Quizá fue por la situación, pero estoy segura de que Kim dijo que le gustaba. Ahora acariciaba su cabello, intentando calmarla, y recordé lo que había pensado hace u rato.- Tú eres mi musa, tu eres mi inspiración.- volví a susurrar sobre su oído. Cuando me revelé contra mis padres, decidí ocultarles lo único que hacía bien, lo único que me alegraba en esa época. Ahora, años después, cerré los ojos y me dejé llevar, cantando por primera vez en al menos cinco años. Seguía acariciando su cabello, cantando junto a su oído, con el corazón, una canción que expresaba todo mi sentir. Le estaba cantando Mine.

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Re: La vida y sus mágicas maravillas *-* [Kiara]

Mensaje por Kimberly M. Moore el 2012-11-22, 6:39 am

Asentía como una idiota a todo lo que me decía mostrándole una tímida sonrisa. No es que no la escuchara y solo le diera la razón, por decirle de una forma, pero es que me dejaba sin palabras ¿Qué decirla cuando lo único que pasa por mi cabeza son esos profundos ojos y esos labios tan carnosos? Esos labios… Y entonces recordé. Recordé mi sueño, aquel que había anoche, el que tan feliz me había hecho despertar, con tantas ganas de un nuevo día. Bueno, recordaba que había soñado con ella, pero lo veía todo borroso, apenas lo tenía claro…

Traté de buscar por mi mente, alguna escena, cualquier simple palabra que mi ángel me hubiera dicho en sueños, pero nada. No me acordaba absolutamente de nada.

Solté una risita infantil cuando dijo que se pasaría la vida mirándome. Respiré hondo, tratando de que el aire me llegara a la cabeza, aquellas simples palabras lograban ponerme nerviosa e idiota a la vez. Quería que lo hiciera, que se quedara todo el tiempo que fuera preciso frente a mí observándome para poder deleitarme con sus hermosos ojos, aquellos ojos tan felinos que tanto llegaban a embrujarme. Cerré los ojos y tragué saliva, contestarle a este tipo de cosas me daba mucha vergüenza, aunque como muchas veces había escuchado… “Quien tiene vergüenza ni come ni almuerza” así que puse todo mi esfuerzo para contestar y que no me diera un yuyu o algo. – Hazlo. Mírame todo lo que quieras, angelito. – Logré decir sintiendo aquel cosquilleo tan intenso en mi barriga.

Y entonces sucedió cuando continuó deleitándome con sus dulces palabras.. Sentía como me faltaba el aire, como si no pudiera respirar…Cogí aire, llenando mis pulmones y entonces me percaté de que en ningún momento me llegó a faltar el aire, era esta sensación tan extraña que Kiara me hacia sentir, no en mis pulmones, precisamente, era por el pecho, sí. Pero en el corazón, ella conseguía hacerlo palpitar con tarta fuerza que sentía como si pudiera tocar el cielo, aquel cielo de el cual ella había bajado para quedarse a mi lado y cuidarme.

Me ruboricé cuando comenzó a decir todo lo que le gustaba de mí, no podía evitar sentir tanta vergüenza e ilusión a la vez, y para variar, mi hiperactividad volvía a actuar, pero esta vez traté de evitar mis instintos y quedarme quieta, maravillándome de su perfección.
Pasé la yema de mis dedos por mi brazo suavemente acariciándolo cuando dijo que le gustaba el color de mi piel.- Pero si soy muy blanquita…- Me quejé mirándole con un pequeño pucherito, uno que se desvaneció cuando fijo su mirada en mis labios, provocándome nerviosismo. Sin poder remediarlo me los lamí y sonreí vergonzosa. ¿Había dicho que quería hacer una lista de todo lo que AMABA de mi? ¿Amaba? Mis ojos comenzaron a brillar con una fuerza que nunca antes. – Entonces podríamos hacer una cosa… - Suspire tratando de que mis nervios no me vencieran. – Podríamos tomar ese tiempo para hacerlo las dos, tu una lista sobre mis cosas y yo sobre las tuyas, si quieres… - Logré decir cerrando los ojos al sentir su beso en mi frente. – Perfecta. – Susurre imitándola, pero no refiriéndome a mi, sino a ella. Pero era lógico que lo fuera ¿No? Al fin y al cabo los ángeles eran unos seres celestiales perfectos.

Con cada pequeño gesto, cada pequeña caricia que mi cuerpo sentía de Kiara hacía que mi corazón comenzara a palpitar con fuerza y rapidez, llamándola, llamando a gritos a mi angelito, rogándola que se quedara a mi lado, haciéndole sentir a mi corazón lo que le hacia sentir en estos momentos. Temía que la mañana terminara y tuviera que separarse de mí. ¿Cómo se sentiría entonces aquel pequeño órgano que latía con vida dentro de mí?

Mi piel volvió a erizarse. ¿Por qué me decía todas estas cosas? ¿Por qué me sentía así? Apenas la conocía y mi corazón ya empezaba a sentir cierto deseo por el suyo, tanto que temía que acabara convirtiéndose en una obsesión, me sentía tan extraña… -¿Musa? – Pregunté maravillada ladeando mi cabeza. Observaba sus perfectas facciones anonadada, era como si cada vez que la miraba se volvía más y más preciosa haciendo que enloqueciera poco a poco.
Asentí escuchando cada palabra con detenimiento, intentando ordenar todo en mi mente, tratando de comprenderlo. “Creo que te quiero” – Pensé para mi misma, haciendo que me estremeciera. El corazón me dio un vuelco, sentía como poco a poco iría destrozándolo todo. Tan pronto y con estos sentimientos ¿Por qué? ¿Por qué tenía que ser el destino tan confuso y maravilloso? Era obvio que ella me encantaba pero sentía mucho miedo en mi interior por lo que pudiera pensar o sentir. Me gustaría ser esa clase de personas que leen el pensamiento de los demás, y poder meterme en su mente, deambular por aquella cabecita tan loca y ver más allá de sus ojos, de cómo lo observaba todo, como lo interpretaba y como lo sentía, ver lo que sentía su corazón, aquel corazón que yo quería robar. – Y tú eres el angelito más perfecto que jamás he conocido.- Admití sonrojada. – No he conocido ninguno a parte de ti… pero sé que eres el ángel más bonito y perfecto de todos. – Dije observándola con ternura. “Deja de palpitar así, por favor… Harás que me duela.” – Le pedí a mi propio corazón, aquel que parecía que acabaría perdiendo el control.

Pero no me hizo caso y cuando sentí el roce de sus labios mi corazón volvió a las andadas haciendo que muriera de amor…si, de AMOR. Adoraba su sabor, su sabor verdadero. Era incluso más bueno que con el batido de por medio, era un sabor… aún más dulce. Aunque no solo dulce, sino algo más, pero no sabía bien como describirlo, no era ni agrio, ni amargo. Sus labios jamás podrían saber así, era un sabor extraño que era demasiado adictivo y ya habían hecho efecto, me habían vuelto adicta a ellos. Lo sentí, lo sentí al separarnos ya que me estremecí deseando volver a rozar sus carnosos labios.

Lo mejor de todo fue que no le pareció mal que comprobara que existiera, es más, a ella le sirvió para lo mismo. Me sentía feliz, realmente feliz de tenerla a mi lado aunque si no mediáramos palabra alguna yo también sería feliz. Me bastaba con tenerla frente a mí, acariciando con tanta delicadeza mi mejilla. Haciendo que las mariposas de mi estomago revolotearan con más intensidad. Pero de repente algo les ocurrió a esas mariposas, parece ser que cuando ella quiso besarme de nuevo, mis pequeñas mariposas perdieron el rumbo, se desorientaron y comenzaron a chocarse unas con otras en mi estomago, creando un nudo en este, poniéndome nerviosa.

Al separarme de ella mi corazón volvió a palpitar de aquella forma tan fuerte a la que debía acostumbrarme, peor me costaba., me costaba mucho. Al menos tuve la suerte de que mis mariposas volvieron a orientarse y simplemente revoloteaban, sin chocarse, pero aún así no me quitaban aquel sentimiento de nerviosismo, de felicidad… de TODO. Tenía un cumulo de sensaciones en mi interior que no sabía bien como describir. ¿Era amor? ¿A caso se sentía así la gente? Si realmente lo era quería experimentarlo eternamente, siempre y cuando fuera solo con Kiara, si era con otra persona no lo permitiría, lo rechazaría. Yo solo quería sentirlo con ella…
Sin percatarme de ello, cerré los ojos y junté mi frente con la de ella, suspirando.- ¿Por qué cada vez que me miras o me besas, o solo me tocas… por qué siento que toco el cielo? – Le pregunté sin separarme un solo centímetro, me gustaba esa sensación, el calor de su piel, sentir su respiración sobre mi… era tan mágico que me hacía no solo tocar el cielo, sino volar sobre el, como si por arte de magia ella me hubiera transferido sus alas.

Una vez más volví a mirarla embobada. “Mi peque”. Así me llamo y realmente me volvió loca, haciéndome morir de ternura con ese “mi”. – Confío en ti, Kiara. De verdad que lo hago. – Le dije mirándole con dulzura, maravillándome una vez más con su mirada. ¿Cómo era posible que existiera tanta perfección junta? No lo sabía, me desconcertaba hasta un punto que llegaba a asustarme.

Me puse roja como una tomate cuando me preguntó quien se perdería en sus ojos. Bajé la mirada nerviosa y finalmente me confesé.- Por favor, no dejes de mirarla… a ella le encanta.- Suspire volviendo a mirarla directamente a los ojos, a escasos centímetros de ella, sin percatarme de la poca distancia que teníamos entre ambas. – Yo me pierdo en tus ojos, angelito, cada vez que me miras... – Aparté la mirada avergonzada. Ella me imponía mucho y hablar de estas cosas me daba mucha vergüenza y más si era con ella.


Todas estas cosas tuve que dejarlas a parte por un momento, porque la situación se puso seria, ambas hablábamos sobre nuestros problemas, sobre la razón por la cual estábamos aquí y era muy triste…
Te prometo que te avisaré si me ocurre, te lo juro. – Dije algo temerosa de que me volviera a surgir algún miedo más, pero si era junto a ella, estaba segura que acabaría olvidándome de ellos mientras pudiera sostener su mano y ver su blanca sonrisa. – Dejaré que me cuides. También sé que apenas nos conocemos, pero me siento tan especial cuando me cuidas… ni te lo imaginas.- Dije dejando escapar una boba sonrisa. - ¿Una promesa? – Pregunté aún con aquella cara de idiota y alcé mi meñique para entrelazarlo con el suyo., para “formalizar” aquella promesa.


Tras aquel intenso abrazo me separé con lágrimas en los ojos, observándola tristemente pero escuchándola, más atenta que nunca. Sentí como un escalofrío recorría todo mi cuerpo con aquel murmuro, cuando dijo que yo sería su razón de seguir viviendo. Respiré hondo porque mi corazón volvía a hacer de las huyas, hiriéndome esta vez, pero se calmo cuando ella comenzó a cantar en mi oído, haciendo que me estremeciera. No hice nada, no dije nada. Solamente escondí mi rostro en su cuello, disfrutando de su aroma, de aquella voz que me estaba volviendo loca, y en ese momento me di cuenta de todo. La quería, la quería locamente y haría lo que fuera por hacerle experimentar lo mismo, quería que ella sintiera lo mismo, aunque fuera pronto. No me importaría el tiempo que pasara, pero quería hacerla feliz y… quería curarla, quería que pronto se pusiera bien.

Reí como una tonta cuando en el trozo de la canción dijo “I fall in love”. ¿Realmente lo sentía? Me estaba volviendo demasiado loca, mi cabeza estaba muy confusa. Mi corazón sentía demasiadas cosas y ésta se confundía, pero solo mi corazón sabía realmente lo que yo sentía, y poco a poco me lo hacía ver.

Cuando finalizó la canción acaricié con suma delicadeza su frente con la mía y pase mis dedos por sus mejillas, acariciándolas maravillada.-Eres hermosa Kiara y me encantas, me… me gustas mucho.- Cerré los ojos poniéndome roja como un tomate, pero es que era lo que sentía y no podía controlar mis impulsos y sin pensarlo volví a besarla muy dulcemente, sintiendo como mi nariz comenzaba a escocerme porque quería llorar, solo llorar. Desconocía que tipo de llanto era; si de felicidad, de tristeza, de confusión o simplemente de amor… Pero no quería llorar, quería disfrutar de este maravilloso momento que acabó estropeándose, para mi desgracia.

Me separé de repente mostrando mi rostro con las mejillas completamente rosadas, más que nunca. Acababa de recordar mi sueño y no podía permanecer besándola mientras todas esas imágenes pasaban por mi cabeza…
En su momento no fui consciente, pero ahora sí, lo recordaba a la perfección; soñé con ella y sus preciosos labios. Solo recordar el sueño, comencé a sentirme algo incomoda por tenerla tan cerca. No incomoda por su presencia, sino por la idiotez de mi sueño. ¿Cómo podía soñar con ella de esa forma nada más conocerla? Mi sonrojo aumentó haciendo que aquellas rosadas mejillas se volvieran de un rojo claro, recordando cada parte de aquel deseado sueño, del que ahora mismo lamentaba haber despertado.

Yo me encontraba en mi cuarto, todo estaba a oscuras, únicamente estaba alumbrado por una tenue luz, con la cual dormía todas las noches, hasta entonces todo era igual que la vida real. El psiquiátrico, mi cuarto, aquella luz a la cual estaba agradecida por alejarme de una completa oscuridad… Pero algo había diferente en mi entorno; unas manos. Unas manos que iban recorriendo mi cuerpo muy lentamente, acariciando mi costado. Comenzó a besar muy suavemente mi espalda desnuda provocando que me despertara con la piel erizada. Me di media vuelta y me quedé asombrada al verla, al ver a Kiara en mi cama, observándome de una forma tan dulce y tierna que consiguió derretirme haciendo que apenas pudiera pronunciar una palabra. No me salían, todas se mezclaron en mi mete, confundiéndome. Y entonces ella acercó sus labios a los míos, rozándolos muy lentamente comenzando a besarlos, volviéndome loca. Casi sin darme cuenta todo esto fue aumentando, intensificando la pasión de aquellos besos y sin resistirme un solo momento, acabó haciéndome suya, de una manera que jamás lo habían hecho, haciéndome sentir como nunca antes…

Y me desperté…
Ahora entendía porque me sentía así junto a ella, me gustaba, realmente me gustaba… y en todos los sentidos.
Pensándolo ahora bien, no tenía por qué lamentarlo, vale que ya no la tuviera junto a mí igual que en el sueño, pero ella se encontraba a escasos centímetros de mi piel y era más de lo que podía desear. – Eh… lo siento es que… es que…- Me rasqué la nuca sin saber que decir. ¿Cómo iba a explicarle esto? Lo único que se me ocurrió fue levantarme rápidamente y tenderle mi mano para que se levantara y viniera conmigo, necesitaba olvidar aquella escena de mi sueño donde yo… me dejaba hacer…eso. No podía ni imaginarlo sin ponerme como un tomate, por eso necesitaba no permanecer quieta o mi cuerpo acabaría ardiendo aún más. Estaba demasiado nerviosa…
-Ven, ven conmigo.- Dije mirándola nerviosa.- ¿Correrías conmigo, angelito? – Le pregunté nerviosa, quería apreciar su cuerpo en movimiento, pero sin estar yo sobre ella, sino junto a ella, como siguiera así, acabaría enamorándome de ella en un abrir y cerrar de ojos, si es que ya no lo estaba…

Off: siento la tardanza y que me haya salido tan jodidamente largo, que se me fue la chola D:

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Re: La vida y sus mágicas maravillas *-* [Kiara]

Mensaje por Kiara I. Doskas el 2012-12-03, 7:44 am

Era muy cierto aquello que le había dicho sobre poder pasar todo el día mirándola, en realidad, estaría encantada de empezar a hacerlo justo ahora, pero un instante después de expresarlo en voz alta y fijar mi visa en ella, me dí cuenta de lo peligroso que eso resultaría para mi. Las cosas emocionales que siento por Kim son demasiado profundas, escalofriantemente profundas, de hecho, pero no es el único sentido en el que me encanta, y si me pasara el día observando su cuerpo fijamente, esa otra parte se notaría demasiado para mi propia conveniencia. Toda la vida el instinto sexual había estado demasiado latente en mí, quizá mi sexualidad se había desarrollado demasiado desde que dejé mi casa y comencé a salir con mis amigos. Mi vida transcurría entre fiestas interminables y cada jornada terminaba de la misma manera: una noche de sexo que al día siguiente desearía recordar, para al menos saber si estuvo bien o no.

Ahora todo eso me pasaba la cuenta. Ver a Valerie demasiada fijamente equivalía a analizar su cuerpo de manera inevitable, al menos inevitable para alguien como yo, y las cosas que su perfecta figura causaban en mi...Tenía que tener cuidado. No quería arruinar por nada del mundo la magia que sentía entre nosotras, esa ternura, esa imagen que le estaba dando de una Kiara totalmente buena y protectora...¿Mentir? No lo es, solo ocultar parte de lo que pienso, aunque incluso eso me hace sentir mal, porque no quiero ocultarle absolutamente nada a Kim, siento que es injusto para ella...Al final decido que se lo diré, quizá no ahora, pero en algún momento en que sienta que hay más confianza se lo diré. Por el momento, no podré evitar -ni estoy segura de querer hacerlo- pensar en sus kilométricas piernas, en sus apetecibles pechos, y en todas y a cada una de las curvas de su cuerpo, su cintura, su trasero...comencé a sentir que mi temperatura corporal se elevaba demasiado como para pasar desapercibida, mi piel ardía y se tornaba cada vez más roja. Me dí cuenta de que Kim me estaba mirando interrogante, lo que hizo que me sonrojara más aún, hasta parecer un verdadero tomate. Tenía que pensar en algo para decir.- Este...lo siento...-tartamudeé tocando mis ardientes mejillas para ilustrarle a que me refería.- estaba...pensando en...- tu precioso cuerpo. Odiaba ese lado de mi mente que siempre hablaba con honestidad.- Algo.-terminé la oración. No había sido precisamente brillante pero no me había dejado tan mal parada al menos.

El hecho de que Kim me diera permiso para mirarla cuanto quisiera tampoco ayudaba mucho, lo poco que mi rubor se había calmado sobre mis mejillas retornó de inmediato.- Si tu supieras lo que me pasa cuando te miro...-Otra de las cosas que Kim estaba causando en mi: no era capaz de ponerle filtro a mis pensamientos, las cosas simplemente salían de mis labios. Lo único que fuí capaz de hacer fue sonreír como idiota.

Como idiota. Toda mi vida mi inteligencia había sido mi mayor orgullo, aquello de lo que siempre alardeaba. Me encantaba tener esa satisfacción personal de que había leído cientos de libros, de que siempre tenía una opinión que pesaba, que hacía reflexionar a los demás...de que mi cerebro era mil veces más importante para mi que mis impulsos. Ahora, con Kim, años de eso quedaban atrás. No soy capaz de controlar nada, digo lo primero que se me viene a la cabeza y estoy segura de que la mayoría del tiempo llevaba una cara de idiota que no me la podía...Y las mariposas ¡Cómo olvidar esas mariposas que se presentan en mi estómago cada segundo que estoy frente a Kim! Siento esas cosquillas desde la punta de los pies, y me recorren todo el cuerpo.-Me haces sentir tan...-no terminé la frase, ya no por miedo a sonar idiota, si no que porque no había manera de expresar como me hacía sentir.

Fruncí el ceño de inmediato, no me gustaba para nada que encontrara imperfecta cualquier parte de su cuerpo, lo que es demasiado contradictorio si tomamos en cuenta lo que hago yo..-Tú piel no es demasiado blanca, no es demasiado nada, es simplemente perfecta ¿Bueno, preciosa?.- le pregunté con toda la ternura y naturalidad del mundo. Quizá me estaba tomando demasiadas libertades con ella, pero era incontrolable, era realmente tan perfecta, que deseaba con todas mis ansias hacérselo ver. Con una sonrisa en el rostro me acerqué a su brazo y deposité un suave beso en el mismo lugar que ella había tocado instantes antes, deleitándome con el sabor de su piel.-Y deliciosa.- agregué soltando una risa auténtica, de esas infantiles, llenas de alegría, una de las que no soltaba hacía tiempo ya.

Asentí entusiasta ante su idea.- Me parece perfecto, un día nos juntaremos tu y yo con el único propósito de hacer esas listas.- La miré con una sonrisa de oreja a oreja.- Aunque me gustaría adelantarte un par de cosas...-con suma lentitud me acerqué a su oído, notando como mi piel se erizaba por completo al sentir su corazón palpitando tan cerca del mío, lo que hizo que de inmediato su ritmo se triplicara, hasta estar casi segura de que era audible incluso para ella...Tuve que cerrar los ojos para lograr concentrarme.- Tus ojos, tu rostro, tu voz....-murmuré con mucha calma, sintiendo aquel cosquilleo que ya se volvía familiar, recorrer mi estómago mientras pronunciaba aquellas palabras.

Jamás dejaría de amar que ella me llamara su Angelito. Me daba pena de cierta manera, demasiada. Sabía que yo no era un ser precisamente indicado para ser llamado así. Fruncí el ceño al volver a pensar, al igual que hace un rato, en la parte de mi que seguía ocultando de Kim, era demasiado injusto para ella...La quería demasiado -sí, aunque sonara escolofriante, lo hacía- como para hacerla sufrir, y ella era tierna, inocente, bondadosa, todas las cosas buenas que hay en este mundo, sabía que se haría demasiadas ilusiones respecto a mi persona, más bien respecto a la persona que ella cree que soy. Me daba pena, demasiada, porque a pesar de que la conocía tan de hace tan poco, la idea de separarme de ella, ya me parecía francamente imposible, y sabía que muchas de las cosas que a mi me gustaban a ella debían asustarla, yo soy definitivamente, eso que la sociedad califica como 'chica problema'. De todas maneras mi peque necesitaba saberlo.- Peque...-suspiré pesadamente con tristeza.- Escucha, yo no soy el angelito que parezco...Bueno, en parte sí, porque es totalmente cierto que haría todo lo necesario para protegerte.- recalqué con decisión.-Pero...no he llevado una buena vida ¿entiendes?.- Parecía broma que tuviera que hablarle de la vida cotidiana, porque la vida cotidiana en sí parecía demasiado fuera de lugar en este nuevo mundo de magia que se daba cuando ella y yo estábamos juntas.- Yo...dejé a mis padres a corta edad, luego de enterarme de ...algo.- comencé tragando saliva.- desde entonces no me he portado muy bien, no he sido una buena persona, al decir verdad. Yo...sentía muy poco ¿entiendes? Me sentía tan sola...tan vacía, que comencé a buscar nuevas sensaciones. Soy una mala persona, Kim ¿entiendes? me drogo, bebo mucho también y...-bajé la mirada, probablemente esa era la parte que más me costaba decirle a quién me gustaba, a quién quería robarle el corazón.- Y hace mucho que para mi el sexo no tiene nada que ver con el amor, solo lo hago y ya.-De inmediato sentí como algo se me quebraba en el interior. Odiaba decepcionar a Kim, sentía que era lo más doloroso que había hecho en mi corta vida, sentía que la había perdido, que en cosa de minutos ella se levantaría, se iría llorando, destruída ante la idea de que su angelito no era quien ella pensaba, y su sufrimiento sería mi culpa. Ese fue el momento en que adquirí el conocimiento de que por más que haya bebido, me haya drogado, o por más personas con las que me haya acostado, herir y decepcionar a la persona más buena y hermosa del mundo era por mucho lo peor que había hecho. Tragué saliva y comencé a apartarme, cada vez más consciente de que no merecía su cercanía.-Siento decepcionarte tanto.-fue lo único que pude agregar mientras tomaba distancia.

Quería besarla eternamente, porque realmente quería darme el tiempo de intentar definir que era exactamente lo que me provocaba el besarla, y sentía que era imposible, que verdaderamente no podía. Detestaba tener las cosas fuera de mi control, deseaba saber el nombre y el apellido de todo lo que pasaba por mi cabeza...y mi corazón. Comencé a besarla con un poco más de intensidad, intentando definirlo, a pesar de que era muy difícil. Era...era perder el control de todos mis sentidos, era olvidarse del tiempo y del espacio, era tener la seguridad de que todos los científicos del mundo se había equivocado en todas sus teorías, porque cuando Kim y yo nos besábamos no habían leyes de física posibles, solo éramos ella y yo, no existía movimiento relativo, porque el mundo se movía como lo quisiéramos nosotras. Era demasiado perfecto, demasiado adictivo. Sonreí dulcemente, aún rozando sus labios, cuando el aire se hizo necesario.- Me encanta besarte, así que es probable que de ahora en más lo haga demasiado seguido...si te molesta solo dilo ¿Vale?.- Mantuve la vista fija en ella cuando pegó su frente a la mía y sonreí totalmente derretida por dentro cuando me hizo aquella pregunta. No podía creer que ella estuviera sintiendo las mismas cosas que yo, así como también se me hacía increíble sentir tanta felicidad por ello. Acorté la poca distancia que ella había dejado entre nosotras y le di un beso muy corto en los labios.- Me siento de la misma manera, y en caso de que te guste sentirte así, me pasaré la vida tocándote, mirándote y besándote.- Suspiré aún muy cerca de sus labios, conocedora de lo raro que debía ser para ella que alguien que recién conocía le hiciera promesas para toda la vida. No me importaba, porque era lo que me nacía.

Me mordí el labio inferior cuando dijo que quién se perdía en mi mirada era ella.- Entonces vamos a tener que poner cuidado en no mirarnos demasiado, porque a mi me pasa exactamente lo mismo cuando te miro a ti, y vamos a terminar totalmente desorientadas...-solté una risa infantil y me acerqué lentamente a ella para darle un besito esquimal,estremeciéndome ante el roce con su nariz. Sonreí muy cerca de su rostro y volví a mirarla fijo. Abrí levemente los labios, impresionada por las muchas cosas que me causaba el solo hecho de mirarla.- Preferiría mil veces perderme en tus ojos que en el mar.- murmuré con suma lentitud, para rozar mis labios con los suyos mientras lo hacía.

Me hacía sentir muchísimo más aliviada tener la certeza de que Kim acudiría a mi cuando tuviera alguna crisis de pánico. Mi cabeza no era capaz de imaginar a esta chica tan perfecta en medio de algún problema, y el solo pasar por mi mente su imagen junto a la palabra 'dolor' hacía que algo doliera demasiado en el interior. Sentía verdaderamente que no podía pasarle nada, porque si algo le dolía, si alguna cosa la afectaba, yo no me lo podría perdonar jamás. Sentía que una criatura tan perfecta no podía sufrir. Ni siquiera podía describir lo que me hacía sentir, eran esas ganas de tomarla entre mis brazos y abrazarla fuerte, asegurarme que nadie jamás le haría daño, que de alguna manera yo podría mantenerla a salvo...-Y yo te prometo que haré de todo para cuidarte, peque.- sonreí de oreja a oreja mientras estrechaba su meñique.

Contarle todo eso, toda esa historia sobre mi, había sido sacarme un peso demasiado grande de encima. Como había llegado hace tan poco aquí, aún no tenía mi primera sesión con un terapeuta, así que podíamos decir que esta era la primera vez en toda mi vida que contaba tan objetivamente todo lo que me había pasado, la primera vez que decía en voz alta lo que me había traído aquí, que confesaba que aspiraba a la perfección. Sentía que había perdido una tonelada de golpe ¿A esto se referían mis padres cuando me dejaron en la puerta de este lugar, diciendo que hablarlo me ayudaría? No. Presiento que no tiene nada que ver con el lugar o con los doctores, lo que me está pasando es simplemente la magia de Kimberly, nadie más en el mundo me podría hacer sentir así. Cierto es que no me muero de ganas de comer, que mi problema está aún demasiado lejos de resolverse, pero tengo algo que no tenía antes de conocer a Kim: ganas de hacerlo, ganas de mejorar. Supe de inmediato lo que me había hecho Kim, y sonaba demasiado fuerte, demasiado comprometedor para tan poco conociéndome, pero no habían palabras menores para ello. Mientras secaba sus lágrimas con ternura, me di cuenta de que acababa de tener la mejor terapia del mundo, y con cuidado me acerqué a su oído.- Me has salvado la vida, dándome un motivo para vivir...gracias.- me abracé con fuerza a ella para luego volver a besar sus labios con extrema lentitud, en un sabor que funcionaba la dulzura de su boca con lo salado e nuestras lágrimas. Aún así era demasiado perfecto.

No recordaba haberme sentido tan yo misma desde hacía mucho como lo hice ahora cantando. Supngo que más allá de lo especial de volver a cantar luego de un buen tiempo, la magia de este momento reside en cantarle a alguien tan especial como Kim, una canción como esta...Solo a medida que las frases iban saliendo en perfecta melodía de entre mis labios, iba tomando al peso a todo lo que decían: eran palabras demasiado profundas, cargadas de demasiado significado, sin embargo me sorprendí dándome cuenta de que ninguna de ellas me parecía exagerada en lo absoluto. La única parte errada de la canción era precisamente el título 'Mine'...Me encantaría que ella fuera mía, solo mía, pero eso no pasaba aún, era demasiado pronto.

Algo cambió en su expresión de golpe. No pude descifrar que era, porque se me veían a la mente todo tipo de cosas. Su rostro adoptó todos los colores posibles, por lo que de inmediato adiviné que era algo que la hacía avergonzarse, y que no sacaría nada con intentar averiguar en ese instante de que se trataba. La miré sin poder hacer más que sonreír y comprender que los miedos que tenía hace cosa de unos minuto no tenía sentido: lo mejor que podía hacer era entregarme por completo a todos esos extraños sentimientos, aceptar que había nacido, que había llegado a este lugar con el único propósito de estar con esta adorable y rubia chiquilla, y era hora de comenzar a disfrutarlo, sin preguntas, sin miedos, sin cuestionamientos de porque me siento así, simplemente entregarme a ese cosquilleo en mi estómago, a la frecuencia alterada a la que me late el corazón cuando estoy con ella, a todo esto. Sonreí, motivada por ese cambio de actitud que se había generado e mi interior, comprendido que las cosas empezarían a ser mejores ahora, y que debería haber entendido todo eso hace mucho.- No te preocupes, entiendo lo que es perderte en tus pensamientos.-dije guiñándole un ojo como única respuesta ante su evidente confusión, aunque ya estaba más que decidido que más tarde,-o quizá no tan tarde- intentaría averiguar de que se trataba.

Tomé su mano y me puse de pie cuando me indicó que lo hiciera. Sonreí ampliamente ante su ofrecimiento, y por un momento volvieron a mi cabeza esas inquietantes ideas sobre su cuerpo...sobre lo mucho que deseaba sus pechos, sus piernas, su todo...-Pero tendremos que buscar una meta..-la excusa salió de mi naturalmente, porque sin darme cuenta mi cabeza lo tenía todo planeado en un abrir y cerrar de ojos. Aún así miré alrededor buscando la meta perfecta. Una gran sonrisa se formó en mis labios al encontrarme con la playa y le guiñé un ojo a Kim, sonriéndole luego.- ¿Que te parece el agua, peque? Corramos juntas hasta el agua. Pero no te quiero enferma ¿eh?.- antes de que ella pudiera decir nada me quité la blusa y los pantalones, quedando en ropa interior. Llevaba un conjunto negro, que agradecí, era muy sexy. Intenté actuar con la mayor naturalidad del mundo, y la observé esperando que ella se quitara un poco de ropa también.-Una cosa más, preciosa...Una vez que lleguemos allá me tienes que decir que pensabas hace un rato.- A veces amaba mis ideas, era la excusa perfecta.

Esperé lo más paciente que pude a que Kim quedara en ropa interior, y una vez que lo hice no pude más que abrir los ojos y la boca ¡Pero era tan hermosa y sexy! Mis ojos recorrieron todo su cuerpo, sus pechos, sus largas piernas, su atlético físico...de inmediato sentí como la temperatura aumentaba, y el agua fría se me hizo más necesaria que nunca. Tuve que sacudir la cabeza varias veces para poder enfriarme un poco, aún excitada por ver tanto de su perfecto cuerpo. Con una sonrisa tan relajada como pude, le tomé la mano.- A la de tres. 1...2...3!.- con una gran risa comencé a correr, sintiendo como la arena jugaba entre mis pies, y como el mundo era uno solo conmigo y Kim- Felicidad. Eso era lo que sentía. Cuando llegamos al agua, reí una vez más, pues coincidió que una ola chocó contra la costa. Su cuerpo mojado tan cerca de mi era demasiado tentador, nuevamente empezaba a excitarme...Me mordí el labio inferior, y la tomé de la cintura, pegándola a mi. Me estremecí. Era la primera vez que nuestra piel entraba en contacto, nuestros abdómenes se rozaban, y nuestros cuerpos estaban mojados...todo era demasiado sexy, no podía controlar mis instintos..-¿Qué pensabas hace un rato cuando te pusiste roja, mi peque?.- susurré con sensualidad cerca de sus labios. No pretendía que las cosas tomaran este camino, pero ella me hacía desearla de todas las formas posibles.

Off e.e:
Y luego de 13214123131321 siglos, el post xD. Siento la tardanza e.e pero como ahora estoy libre de la cárcel -colegio- seré más eficaz. Disfruta e.e y si Shanire....la ropa interior que llevaba Kia era esta

Soy tan cruel.... Twisted Evil Twisted Evil Twisted Evil Twisted Evil Twisted Evil

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Re: La vida y sus mágicas maravillas *-* [Kiara]

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