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Velkan R. Moldoveanu- Conozcámonos- Terapia de contacto

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Velkan R. Moldoveanu- Conozcámonos- Terapia de contacto

Mensaje por Eva Sturmherz el 2012-07-25, 7:29 am

Siete menos cuarto, el tercer y último paciente llegaría en menos de 15 minutos. Velkan, un chico rumano de 24 años, y el primero del día con trastornos adictivos. Este tipo de pacientes solían ser bastante dificiles de tratar, casi nunca reconocían que tenñian un problema y solían rechazar la ayuda que se les prestaba; sólo pedía que no llegase con síndrome de abstinencia, a estas alturas de la tarde no podría soportar un ataque de ira de algún paciente.

Cogí la carpeta de color verde y empecé a leer detenidamente, no ponía gran cosa, pero sí lo suficiente para saber por dónde tenía que tirar.

NOMBRE COMPLETO: Velkan R. Moldoveanu
FECHA DE NACIMIENTO: 17 de Marzo
EDAD: 24 años
SECCIÓN: Trastornos Adictivos
ENFERMEDAD: Drogadicción (calmantes)

La tarde estaba cxalurosa, demasiado. Y en el consultorio el aire comenzaba a estar enviciado, así que me levanté y abrí la ventana, procurando que corriese algo de aire y me senté en el sillón, sin carpetas, sin láminas, libretas ni bolis. Lo primero de todo era saber si Velkan reconocía su adicción y en qué fase se encontraba. Coloqué sobre la mesita un par de vasoa y una jarra de agua fría, no quería provocarle con ningún tipo de sustancia adictiva, ni si quiera la cafeína.

Esperé tranquilamente hasta que llamaron a la puerta y le di permiso para entrar. Le miré cuando entraba y sonreí, era un chico joven y parecía simpático- Siéntate, por favor, Velkan-. Señalé el sillón que tenía frente a mí, no quería la mesa. Sólo quería hablar con él tranquilamente, en un ambiente menos hostil que en una mesa de cristal llena de papeles- Soy Eva Sturmherz, pero llámame Eva, por favor. Nada de doctora ni señorita-. Sonreí mientras se sentaba y crucé las piernas colocándome el vestido- Bueno, Velkan, ¿por qué estás en el RX?¿Cuánto tiempo llevas aquí?-. Preguntas directas, y esperaba respuestas claras, aunque la mayor parte de las veces ellos se evadían y se iban por las ramas, pero las preguntas directas eran a veces la mejor forma de conocer el punto de vista del paciente.


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Re: Velkan R. Moldoveanu- Conozcámonos- Terapia de contacto

Mensaje por Velkan Moldoveanu el 2012-07-26, 8:59 am

Mi primera terapia en varios meses. Ciertamente yo no había sido el culpable de que los otros doctores tuviesen que alejarse del Psiquiátrico. No pretendía indagar más allá. No me interesaba. No era mi problema ni aquellos eran considerados mis cercanos. Me vestí cómodo: camisa a cuadros, jeans descoloridos y unos zapatos que me daban un aspecto casual. No sabía lo que me esperaba. Podría encontrar una terapeuta o muy agradable o una perra. De todas formas, lo que importaba y me importaba era sortear aquel obstáculo de la manera más rápida y amena posible.

Llegué hacia su despacho con cierta preocupación. No era muy bueno relacionándome con doctores. Es más, me apestaba su aroma. Realicé un débil golpe en la puerta. No quería dar una mala impresión y de todas formas ser maleducado no estaba en mi. Me adentré en su despacho. "Agradable", pensé con simpleza, mientras sentía como existía un aire abrazador que me permitía poder gozar de una comodidad inesperada.

Tomé asiento en su cómodo sofá quedando frente a frente con su persona. Observé su mirada y me llamó la atención ya que no esperaba una doctora así. No se lo mencioné, obviamente, iba en contra de la relación paciente-médico y no era mi estilo que las primeras palabras que salían de mi boca fuesen un cumplido. Dirigí un vistazo con mi mirada azulina a un costado y observé una copa con agua. Eso daría para largo, imaginaba.

Como indiques, Eva— complací sus deseos. Los otros doctores me habían obligado a tratarlos de "señor" o "señora", por lo que comenzamos de buen pie.

Lamentaba el hecho de que varios de esos médicos abandonaran la institución. Si se hubiesen mantenido, habría sido posible, quizá, abandonar aquel psiquiátrico. Era soñador, idealista, creía que en un chasquido de dedos podía estar afuera. Lamentablemente, mi realidad era distinta. Me crucé de piernas de manera elegante y masculina, por mera comodidad. Me preguntó sobre mi presente, lo que provocó que frunciera mis cejas, no era un tema que me produciese deseos de conversar, pero dada la situación, no tenía opción.

Soy adicto a los calmantes. Sufro de ataques de ira y me pongo nervioso con facilidad— respondí, secamente. Mi mirada se dirigió hacia ella esperando comprensión. No era una mala persona, sólo tenía problemas, como cualquier otro.

En cuanto al tema de mi estadía en el lugar, suspiré. Parecía una eternidad.

Cinco años— y me dolía la garganta cuando lo decía. Cinco años que había perdido de mi vida y nunca los iba a recuperar — Soy de los que lleva más tiempo acá y de los más mayores, como le debe indicar mi expediente —añadí. Había que cortar el hielo de alguna forma, ¿no?

Me propuse esperar con calma sus próximas preguntas. De todas formas, anhelaba que no fuese sólo aquello. Si quisiese conversar con alguien, acudiría a una pared. Quizá a un "amigo". Esperaba que fuese mi guía ya que lo necesitaba. Mentalmente, no estaba bien (aunque quería pensar lo contrario). Me tomé con seriedad el asunto por lo que por mi mente no pasó en ningún minuto el deseo de sonreír. De ella dependía que yo saliese de allí, estaba en sus manos.

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Re: Velkan R. Moldoveanu- Conozcámonos- Terapia de contacto

Mensaje por Eva Sturmherz el 2012-07-26, 9:37 am

Le observé sentarse, no tenía el aspecto ni el comportamiento típico de los pacientes con trastornos adictivos, estaba calmado y relajado, cosa que me alegró bastante. Estaba claro que no era un crío cabezota como la mayor parte de los adictos que llegaban al centro, parecía que vivía con los pies en la tierra. Podía sentirme afortunada de que me hubiese tocado un paciente como él.

Miré sus ojos azules mientras hablaba, me gustaba mirar a los ojos a la gente, darles a entender que no les miraba por encima del hombro, al fin y al cabo eran tan personas como yo. Mi sonrisa se amplió de manera notable al escuchar lo que decía- Velkan, me alegra de sobremanera escucharte decir eso, de verdad. No sabes cuanto-. No había que empezar desde cero, reconocía su problema y lo asumía, vivía con los pies en la tierra, definitivamente.

Decenas, tal vez cientos de pacientes habían pasado por esta consulta, nunca obligaba a nadie a quedarse y, este, no sería el caso, ni mucho menos. Cogí aire, dispuesta a explicarle la diferencia con sus otras terapias y comencé a hablar pausadamente, dispuesta a dejarme interrumpir- Bueno, Velkan. Antes de nada me gusta explicar la mecánica de mis terapias a las persona que deciden seguirlas. En primer lugar, son más cortas, 45 minutos exactamente. Sé que más tiempo se hace pesado y poco productivo-. Le miré mientras me colocaba el pelo, pero aparté la mirada de sus ojos, tenían algo que... No. Profesionalidad, Eva- En segundo lugar, la terapia acaba cuando tu lo decides, si no te gusta no tienes porqué volver, no obligo a nadie a verme. Y en tercer lugar sólo hablamos y hacemos cosas que a ti te gusten. Si en algún momento te sientes incómodo, por lo que sea, házmelo saber, por favor-. Sonreí de nuevo y solté una pequeña carcajada- Yo no soy una domadora de mentes... solo pretendo conocerte a fondo y poder solucionar, en la medida de lo posible, tus problemas.

Me acomodé en el asiento y me serví un vaso de agua, seguía acalorada y el vestido blanco ya me comenzaba a resultar incómodo. Dí un pequeño trago, lo justo para refrescarme mientras le escuchaba. ¿Cuantas terapias habría llevado ese chico a lo largo de estos cinco años? Llevaba 9 años en el centro y, en ese tiempo, había visto un entrar y salir infinito de doctores, en realidad creía que yo era la que más tiempo había durado allí a pesar del encontronazo con Dero en su primera terapia y sus... resultados. Meneé la cabeza, alejando los pensamientos, no era el momento para eso.

Tenía, quería conocer al chico que tenñia delante, sólo así podría ayudarle- Velkan, dado que las terapias que seguiremos irán en funcióna tus gustos, me gustaría que me hablases un poco de tí, si no te importa. Cuando termines yo haré lo mismo, para que puedas conocerme-. Somreí asintiendo y le miré, esperando su contestación. Me daba que esa terapia sería... interesante.

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Re: Velkan R. Moldoveanu- Conozcámonos- Terapia de contacto

Mensaje por Velkan Moldoveanu el 2012-07-26, 9:49 am

Noté que me observaba. Noté como su castaña mirada procuraba comprender lo que salía de mis labios. Su contacto visual, seguramente, le permitiría comprender si yo le mentía o no, si yo realizaba un pequeño "truco" para no comentar lo que realmente me ocurría. Hacía calor. Demasiado. Desabroché los botones superiores de mi camisa por mera comodidad. No me importó si se trataba de una doctora o una amiga mía. Quizá no era lo éticamente correcto, pero, ¿qué lo era?

Suspiré.

A mí no— tercié, sin ser maleducado. Serio como una roca, por supuesto — Si por mí fuese me habría ido de acá hace tiempo. ¿Años?, por supuesto. Pero la suelo cagar cada vez que estoy a un paso de salir de este lugar —un cambio de personalidad en mi persona se hizo evidente. Fruncí mis cejas con desdén. Ya recordaba el porqué no me gustaban las terapias. Ella podía ser guapa y su mirada abrazadora, pero no me rendiría a sus pies.

Llevé la copa de agua hacia mis labios. No la necesitaba, pero me servía para perder contacto visual con ella; lo anhelaba.

Volví mi mirada hacia ella, impertérrito, ininmutable.— Le agradecería profundamente que no gaste su voz mencionándome lo que sucede en sus terapias, ¿sabe? Llevo años acá, los suficientes para saber qué debo hacer, qué no debo hacer y cómo hacerle el trabajo más fácil— me encogí de hombros con naturalidad. No me gustaba esa relación éticamente correcta de varios doctores. Me irritaba. O te importaba la persona o no. Eso de sonreír indicando que todo estaba bien seguro serviría para los pequeños. Yo no caía fácil.

No soy auto-referente. No me gusta hablar de mí. Si quiere saber algo, pregunte. Si tiene dudas, pregunte. No me obligue a dar cátedras de mi persona porque no me agrada. No me siento orgulloso de lo que fui, de lo que soy y de lo que seré. ¿Me comprende?— intenté ser cercano y apacible. El tono de mi voz era grave y muy serio. Me tomaba las terapias en serio. ¿De qué servía mentir y hacerle creer que era una persona perfecta?, De nada, seguramente y si ella me sacaba del lugar volvería a recaer.

Relamí mis labios con suavidad. La doctora me producía una confianza, pero no se lo iba a demostrar. No quería enseñarle que con un chasquido me tendría comiendo de la palma de su mano — Pregunte— me crucé de brazos con tranquilidad. Acá comenzaba lo bueno.

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Re: Velkan R. Moldoveanu- Conozcámonos- Terapia de contacto

Mensaje por Eva Sturmherz el 2012-07-26, 12:41 pm

Le observé abrirse la camisa detenidamente, sólo tres botones, y no pude evitar que mi boca se quedara seca, ¿qué demonios me pasaba? "Basta ya, Eva, por Dios... un poquito de profesionalidad". Mi subconsciente me decía que aquello no estaba bien, que no debía pensar lo que estaba pensando.

Aparté rápidamente la vista, escuchando su rotunda respuesta y alcé ambas cejas ante el cambio repentino en su actitud- Pues debería alegrarte, hay gente que lleva aquí más tiempo que tu y no ha hecho progreso alguno. Tu al menos sabes que tienes un problema y lo reconoces, deberías estar orgulloso de ti mismo, Velkan-. Me habían hecho algún comentario, a la hora de asignarme su tratamiento, sobre sus vances que le dejaron cerca de salir del centro, pero nada aclaratorio.

Suspiré al escuchar lo que decía. Muchos internos pensaban que todas las terapias eran iguales, que alguien llegaba, les soltaba la perorata, apuntaba en un cuaderno y hasta el próximo día. Pero yo no era así, no me gustaba hacer eso, a mi me interesaban ellos como personas, no como animales de ganado con algún tipo de tara que desfilaban por mi consultorio- Para mí no es una pérdida de tiempo. Ya sé que llevas años aquí, de doctor en doctor y habiendo estado a las puertas de salir varias veces. No quiero que te comportes como si fueses un robot que obedece órdenes, Velkan. Quiero que seas tu mismo, nada más-. Mi tono se había vuelto serio, no apartaba la vista de él, quería conocerle y los gestos que una persona podía hacer me daban mucha información.

Asentí de nuevo, mirándole a sus ojos. Eran bonitos, muy bonitos. Hacía tiempo que no me encontraba con alguien como él. Era serio, consciente de lo que quería y de lo que quería conseguir, aunque sus palabras me decían que no estaba orgulloso de sí mismo, estaba segura de que podría estarlo y lograr salir del círculo vivioso de terapias y recaídas que había seguido durante cinco años- Muy bien. He dicho que lo haremos a tu modo y así será, puedes confiar en mí. Nunca cambio mi palabra- Me acomodé en mi asiento, mordiendo mi labio ligeramente al escuchar su orden o proposición. Tenía demasiadas para preguntarle y muy poco tiempo para hacerlo.

Comencé a repasar mentalmente su historial, arrepintiéndome de no haberlo cogido de la mesa, pero sus palabras recientes vinieron a mi cabeza- ¿Por qué todas tus terapias han sido fallidas?¿Cuantas recaídas has sufrido en este tiempo, Velkan?
Pensaba recabar información sobre su estancia en el centro ese día. ¿Por qué una persona como él no era capaz de lograr lo que quería? Se le veía fuerte, valiente, serio, asentado. Tenía todo lo que se necesitaba para superar su problema y salir del centro para seguir con su vida.


Última edición por Eva Sturmherz el 2012-07-26, 2:48 pm, editado 1 vez

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Re: Velkan R. Moldoveanu- Conozcámonos- Terapia de contacto

Mensaje por Velkan Moldoveanu el 2012-07-26, 1:43 pm

Lo lamento profundamente, doctora— tercié, volviendo a obtener la capacidad de hablar — Pero a mí no me alegra ni me produce entusiasmo saber que soy el más sano de "acá". Ni vivo ni me desvivo por el resto. Eso no me sacará de acá— clavé mi mirada verdácea como la seda sobre la doctora. Anhelaba su comprensión. La necesitaba. Estaba extenuado de convivir en base a estereotipos. ¿El mío?, el del mayor que cumplía la función de "protector". O el maduro que nadie se explicaba porque estaba ahí.

¿Y de qué servían los juicios si aquello no produciría que yo abandonáse aquellas paredes?

Relamí mis labios por un breve instante de tiempo. Gran tranquilidad, mayor parsimonia — Su retórica es envidiable. Lo admito, estoy "casi" entregado a usted —sonreí, por lo curioso que significaba aquello, especialmente si se usaba el doble sentido — Pero, ¿sabe?, estoy acostumbrado a los lavados mentales. Creen que uno no razona y por eso se aprovechan de utilizar las frases que queremos oír y piensan que con eso es suficiente. ¡Sorpresa! Yo no caigo fácil— y que le quedara claro.

Suspiré y con ello mis cabellos se despeinaron. Siempre me había costado confiar en los doctores, igual que los abogados. No comprendía sus reales intenciones y, por lo general, pensaba que todo se debía por el dinero más que por el deseo de ayudar. ¿Cómo iban a ayudar a gente que no conocían?, ¿con qué necesidad? No, no me agradaban. Por más que ella fuese distinta, le hacía falta tiempo y dedicación para hacerme cambiar de parecer.

Porque no confío en los doctores. Sé que existe una gran mayoría que se mueve por el dinero —me encogí de hombros. No quise decir "todos" porque la involucraría a ella. Además, generalizar siempre era algo negativo e inexacto— No me interesa lo que tengan que decirme. No cambia las cosas. Ellos no saben lo que es sufrir. Ellos no saben lo que es quedarse solo. Ellos no saben lo que es perder una jodida familia por culpa de una enfermedad. Tienen autos de lujo, grandes mansiones, y eso lo ganan en base a nosotros, a nuestro sufrimiento— joder, más sentimental no podía estar. Parecía tener ese odio acumulado en mi interior durante gran cantidad de tiempo pero no había compartido con nadie como para poder mencionarlo. ¿Qué mejor manera de hacerlo con mi doctora?

Odiaba hablar de mis recaídas, pero no podía mentir, lo sabría y quizá no me tomaría por paciente.

Evité su mirada, era un tema complicado — En este último tiempo han sido... cinco— lo último salió de mis labios con un hilo de voz. Me hacía sentir débil, una persona ínfima y poca cosa. Mostraba la escasa capacidad de controlar mi cuerpo y evidenciaba el hecho de que la enfermedad me estaba venciendo y eso era imperdonable.

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Re: Velkan R. Moldoveanu- Conozcámonos- Terapia de contacto

Mensaje por Eva Sturmherz el 2012-07-26, 3:46 pm

No quería hablar de sus progresos dentro del centro ni de su excelente y brillante actitud, me lo había dejado claro con su último comentario, pero si pensaba que eso no le iba a ayudar a salir del centro, estsaba más que equivocado. Y sería yo quien se lo hiciese ver, pero en ese momento seguir por ese camino era una absoluta pérdida de tiempo. Quizá él no se diese cuenta, o no quisiera darse cuenta, pero una actitud positiva era imprescindible para salir del centro.

Vi que relamía suavemente su labio e incliné ligeramente mi cabeza, quedándome algo absrota con ese lento movimiento que había hecho. "Eva, te estás mordiendo el labio". Mi subconsciente volvía a darme la voz de alarma sobre mi comportamiento. Carraspeé ligeramente y solté mi labio inferior, que mordía sin darme cuenta, mientras me removía en el sillón que ocupaba. Negué con la cabeza y sonreí, su comentario sobre mi retórica me había hecho bastante gracia- Vaya, no sé si es un cumplido o una advertencia de que no consigo para nada llamar en absoluto tua tención-. Miré hacia otro lado, dándome cuenta del juego de palabras que habíamos formado en menos de un minuto, ¿pero qué demonios me pasaba?- Bueno, yo no hago lavados de cerebro, las personas vacías y automatizadas no me gustan, Velkan. Por eso me interesas tu- "Eva Sturmherz, basta ya". No podía seguir por ese camino. El chico era simpático y su mirada era una perdidicón, pero no le conocía y además era un paciente. No más comentarios con doble sentido.

Volví a poner toda mi atención sobre lo que me decía, escuchándole cada palabra. Un pequeño nudo se me formó en la garganta al escucharle decir eso. Sufrir. Si pensaba que yo no sabía lo que era sufrir estaba muy equivocado. Todo el mundo en su vida había sufrido alguna vez y no iba a permitir victimismos por parte de mis pacientes, tenían que comprender que todos éramos personas, al mismo nivel y todos con sentimientos- Bueno, Velkan, para empezar, yo no me muevo por el dinero. No lo necesito-. Alcé ambas cejas mirándole, seria, sin un tono de burla o diversión- Sí, tengo un BMW 335 aparcado en la puerta y una casa de más de 300 metros cuadrados y jardín, soy afortunada y no necesito más dinero del que ya tengo- Me encogí de hombros y me puse recta en el sillón, sin dejar de mirarle- Pero quiero dejarte claro que todo el mundo sufre. Todos los doctores que te han tratado son personas como tu y como yo, personas con sentimientos. Yo misma fui- ¿violada?¿forzada?- abandonada con un embarazo, he tenido que criar a mi hijo sola, sin nadie. Y cuando no tienes ningún apoyo, cuando estás solo, te das cuenta de que necesitas ayuda. Y cuando recibes esa ayuda te das cuenta de lo gratificante que es poder ayudar a la gente y devolverla de algún modo.- Negué con la cabeza mientras volvía arecostarme en el sillón, dudando de si quizá hubiese perido ligeramente los papeles a pesar de no haber cambiado mi tono -Todos somos personas con problemas, Velkan, no lo olvides mientras estás aquí, por favor- Ni yo misma sabía lo que me había pasado. Nunca, jamás, en los 9 años que llevaba en el RX había hablado de mi pasado a un paciente; sabían que tenía un hijo, pero poco más. Nunca había hablado de cómo lo lleve, eran cosas privadas que no debñia dejar escapar. Muchos pacientes podían utilizar mis cosas personales en mi contra. Marquitos era mi punto débil. Y Dero mi batalla perdida. No podía dar signos de debilidad en medio de una terapia. No.

Su tono cambió al responder mi pregunta. Apartó su mirada de mí, como si estuviese avergonzado y yo suspiré- No tienes porqué estar avergonzado por eso. Te sorprenderías la cantidad de recaídas al año que pueden llegar a tener otros pacientes, Velkan. No quiero que sientas frustración ni vergüenza cuando hables conmigo, por favor-. Volví a buscar su mirada, quería mantener contacto visual con él, que se diese cuenta de que de verdad le escuchaba y que, por raro que pareciese, me interesaba su historia.

El viento suave que venía de la ventana que estaba a mi espalda me revolvía el pelo, así que lo enrollé en un moño detrás de mi nuca y atravsé un bolígrafo que había cerca, haciendo que el pelo quedase recojido y sujeto. No soportaba el desorden y mucho menos en mi persona, cada cosa tenía que estar en su sitio. Una imágen impecable era signo de una mente biene stablecida, o al menos ese era mi lema. Pero sus botones desabrochados de su camisa, aunque fuese un signo de desorden, le quedaban tan bien...

Procuré volver a centrarme de nuevo e impedir por todos mis medios que los pensamientos de ese tipo volviesen a mi cabeza. Preguntas. Quería preguntas directas y de respuesta simple. Muy bien, si ese era su método, lo tendría- Bien, segunda pregunta, Velkan. ¿Cuando empezaste a tomar tranquilizantes? Y si sabes el porqué me encantaría escucharlo-. Datos que venían en su historial, lo sabía de sobra, pero quería escucharle a él para después contrastarlos. La visión de los anteriores doctores podría no coincidir con su opinión, que era lo que más me interesaba en ese momento.

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Re: Velkan R. Moldoveanu- Conozcámonos- Terapia de contacto

Mensaje por Velkan Moldoveanu el 2012-07-26, 7:31 pm

Anhelaba un cigarrillo o un trago de alcohol. Era el momento. Sentía como la mirada de la jóven doctora buscaba la mía, prácticamente, con necesidad. Me sorprendí, especialmente cuando mordia sus labios. La sentí tensa, la sentí como si se obligaba a sí misma a hacer algo que no quería. Seguro y era una simple suposición. Quizá, un delirio. Pero nadie me quitaría de mi cabeza el hecho de que algo extraño ocurría con ella.

Yo no le importo, y me molestaría si lo hiciera. No me conoce. Se rige en base a lo que un simple expediente le dice. Conózcame, le abro las puertas y luego júzgueme — Murmuré con desgano. Me incomodaba que ella se pusiese en plan de "voy a entenderte, está todo bien". Yo no era un adolescente o un niño que estaba viviendo sus armas ahí. Muy por el contrario, estaba por sobre aquello. Para mí era necesario superar una especie de desafíos que le iba a imponer.

Y, claro, si yo no era un jodido imbécil porque sí.
Quería probarla, verla en situaciones límites, donde llegáse a meditar y pensar lo que pensaba dejando de lado la enseñanza simple que tuvo en la escuela de medicina.

Alcé una ceja— Se hubiese ahorrado todo el drama, ¿sabe? En ningún momento dije que usted lo era— No me molesté, pero tampoco me hizo feliz. Cada segundo que pasaba el hecho de que se justificara por todo me incomodaba. Mi verdácea mirada se encontraba con la suya. Producto del calor del lugar gotas de sudor recorrieron mi frente llegando hacia sus mejillas y cayeron hacia mi pecho; vaya día.

¿Un pequeño?
Un hijo es una alegría, independiente de lo que nos toca vivir. Es una bendición. Pudo haberlo criado sola, pero eso no quita la felicidad que produce —no había sido padre, ni estaba en mi serlo. Estaba alejado de aquello. Era como un pensamiento utópico producto de que mi prioridad era mi tratamiento. Como padre, sería un desastre.

Con total descaro, dirigí mi mirada hacia su cuerpo, curvilíneo, bien cuidado. ¿Realmente había sido madre? Suspiré. Los tiempos habían cambiado. Dirigí mi verdácea nuevamente hacia sus labios, rojizos como una guinda, y me quedé en ellos durante un par de segundos. Subí a través de sus bellísimas facciones y volví a ser abrazado por su mirada. Era una agradable doctora. No sólo psicológicamente con sus buenos deseos, sino también por fuera. Pero, no, no podía estar teniendo esa clase de sentimientos con mi doctora de cabecera. No era éticamente correcto.

Y yo no quiero que usted me compare con el resto. No soy como los demás. Soy un individúo complejo, difícil de comprender y no podrá encontrar respuestas en base a comparaciones. Soy más que una simple estadística— me puse cómodo apoyando mi espalda en el marco de la silla y posteriormente bebí del agua dándole un gran sorbo que sirvió de bálsamo.

¿El calor no iba a cesar, acaso?

Entrelacé los dedos de mis manos, observándole —Mis padres se divorciaron por mi culpa. La única condición para casarse y ser felices era que no tuvieran hijos. Ahí entré yo y les jodí la vida. Me mantuvieron encerrado durante años. Vivía como un animal. De hecho, peor que eso, no dejaban que nadie me viese— llevé uno de mis dedos índices hacia mi mentón, dejando que fluyera la tranquilidad— Con el tiempo, la presión de la separación de mis padres causó mecha en mí y comencé con crisis de pánico. ¿Qué puedo decir?, se siente de jodida madre— luego me había dado cuenta de mi vocabulario. Me lamenté, pero no me arrepentí— Y comencé a experimentar ataques de ira que se expresan en golpes y mucha sangre — finalicé la pequeña historia. No me dolía tanto hablar de eso. Era mi historia y la abrazaba. Más me costaban otras cosas.

Me crucé de piernas —Siguiente pregunta— realicé movimientos circulares con mi nunca. Estaba tenso.

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Re: Velkan R. Moldoveanu- Conozcámonos- Terapia de contacto

Mensaje por Eva Sturmherz el 2012-07-27, 11:52 am

Alcé una ceja ante su contundente respuesta. Tenía las cosas muy claras, tenía un perfil claramente definido: testarudo y con ideas fijas, csi inamovible. Ssupiré ligeramente, estaba cuadriculado en un punto en el que le era imposible ver la realidad de otro modo ¿Culpa de los anteriores terapeutas? Quizá, pero yo no era nadie para juzgar a mis compañeros de trabajo y mucho menos a él- Si quieres creerlo así, no te haré pensar lo contrario, Velkan- . Me encogí ligeramente de hombros y le dirigí una nueva sonrisa, sincera- Y conocerte es lo que pretendo. No puedo ayudarte si no te conoczco, lo que no pretendo es juzgarte. No creo tener el derecho a hacerlo.

Observé las gotas de sudor caer lentamente por sus mejillas y me puse en pie, sin dejar de escucharle, para abrir el ventala completo que se encontraba a mi espalda. Hablar a los pacientes dándoles la cara no era lo más ético, ni profesional, pero si no lo hacía volvería a quedarme mirándole como si fuese el primer hombre que veía. Y eso sí que no era para nada profesional- No es drama, Velkan. Yo acepto mi historia igual que lo haces tu. Y sí, mi hijo es la algería de mi vida, cada día-. Giré sobre mis tacones, volviendo a mi asiento frente a él y noté su mirada recorrerme hasta encontrase de nuevo con mis ojos. Me revolví ligeramente en mi sillón, entre incómoda y desconcertada; no estaba acostumbrada a que me mirasen así, la única vez que lo habñian hecho había sido en esa consulta y el resultado... no fue precisamente bueno.

Solté una pequeña carcajada negando con la cabeza. ¿De verdad pensaba que él para mi era una edtadística? Por Dios, ¿qué demonios habían hecho con él en las demás terapias? No quería que pensase que me estaba disculpando por mis comentarios. Simplemente quería que entendiese mi punto de vista, que se diese cuenta que para mi, mis pacientes, no eran ganado que entraban y salían de la consulta como si tal cosa- Bueno, eres el primer hombre mayor de 18 que trato en casi nueve años, creemé es imposible que seas una estadística, aunque claro.. oara mi nadie es un número- Sonreí ligeramente, volviendo a clavar mi mirada en la suya- Y espero que yo para ti no sea sólo una doctora más... aunque eso nos lo dirá el tiempo-. ¿Qué era lo que acababa de decir? Meneé la cabeza nuevamente, notando un par de mechones que se soltaban del improvisado moño venían a mi cara, así que volví a recogerlos detrás de mis orejas.

Escuché lo que me decía sin apenas inmutarme. Otra vida destrozada por culpa de padres negligentes que no habían sabido llevar a cabo su tarea, que al fin y al cabo se reduce a dar amor. Velkan se había pasado gran parte de su vida encerrado, aislado del mudo. A veces no podía entender que alguien hiciese algo tan cruel con los seres más inocentes del mundo: los niños. Los ataques de ira eran un efecto secundario de esa falta de cariño recibida durante la infancia, la etapa más importante de la vida. Velkan no había entablado un vínculo afectivo correcto, simplemente el vínculo había sido destrozado, triturado por unos padres que le repudiaron desde antes de nacer.

Cogí aire lentamente, procurando buscar una forma de explicar auqello que tantas veces había explicado, pero que para cada persona era diferente- Los vínculos afectivos establecidos en la infancia con nuestros progenitores marcan el resto de nuestra vida. Si el vínculo es equi8librado y correcto, seremos personas con mínimo riesgo de padecer enfermedades o adicciones sociales. Tu adicción a los tranquilizantes no es más que el efecto... terciario, por así decirlo-. Crucé las piernas y me recosté de nuevo en el sillón, agradecida de que la brisa que ahora entraba se notase más que la de antes, apaciguando un poco el calor que allí hacía- Lo que quiero decir, Velkan, es que el origen de todos tus problemas se encuentra antes de tu infancia, durante el embarazo de tu madre. El rechazo por su parte provocó los ataques de ira, el efecto secundario de la falta de atención y cariño, y como consecuencia de esos ataques de ira has entrado en un círculo vicioso de necesidad de calmantes, del que ahora quieres salir, pero hay algo que te impide hacerlo, dejándote a las puertas y volviendo arecaer una vez tras otra. Lo que yo quiero es llegar al gérmen de este asunto y poder saber así qué es lo que te hace recaer-. Había sido lo más clara que podía, no tenía otra manera de explicarlo mejor sin más datos que lo que él me contaba, ya que los expedientes eran escasos e incorrectos en el 90% de las veces.

Miré fijamente su rostro cuando me indicó que podía ir a por la siguiente pregunta, le notaba tenso, los músculos contraíados de su cara me lo decían y eso no era para nada productivo. Quería seguir hablando con él, conocerle más a fondo, pero en su estado no sería conveniente. ¿Accederís, si se lo pedía a una sesión de hpnosis? Quería conocer la realidad objetiva de los hechos acontecidos en su infancia, y antes de ella. Acudir a la memoria embrionaria, encerrada en nuestro subconciente y que nos marcaba para el resto de nuestras vidas, pero no todos los pacientes estaban dispuestos a ello- Velkan, me encantaría conocer objetivamente los hechos de tu infancia y eso no lo tenemos grabado, claramente, no al menos en un DVD. ¿Estarías dispuesto a una sesión de hipnosis?

Esa era la mejor manera de conocer los hechos tal y como eran, sin la influencia del odio que él contenía hacia sus progenitores, pero yo no le obligaría a hacerlo si él no quería.

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Re: Velkan R. Moldoveanu- Conozcámonos- Terapia de contacto

Mensaje por Velkan Moldoveanu el 2012-07-27, 2:17 pm

El calor pasó de ser una comodidad a ser un gran problema. Me impedía poder responder con más calma y parsimonia. Mi mirada recorría el lugar en búsqueda de algún lugar donde fuese más cómodo apostarme. Lógicamente eso sería imposible producto al hecho de que teníamos que estar ambos cómodos y observándonos frente a frente. Aquella doctora era una enigma. Poseía una aura especial que me inspiraba confianza. Luchaba por no caer bajo sus palabras, buscaba no caer bajo su labia, pero era complicado. Era complicado cuando se trataba de una persona que decía lo que yo quería oír. Era lo que había buscado desde que entré al Psiquiátrico. Quizá y era una posibilidad, una oportunidad, y tenía que tomarla y aprovecharla al máximo. De ella dependía mi futuro. De ella y de nadie más que de ella. Estaba colgando en sus manos.

Suspiré. Gotas de sudor recorrían mi rostro inundando de humedad mi barba. Tomé el coraje de un desinteresado y desabroché el próximo botón de mi camisa dejando a entrever mis pectorales. Le resté importancia. No creía que aquello le produciría un problema. No era una osadía, o, al menos, en mi mente no recorría nada pervertido. Era, simplemente, sentirme más cómodo — Perdón, el calor es insoportable — Me excusé con mi mirada alejándose de la de ella. No sabía cómo podría expresar su sensación como consecuencia a mi movimiento, pero no me importó. Noté como se levantó y abrió una ventanilla permitiendo que una acogedora y abrazadora brisa golpeara nuestros cuerpos. Se sentía bien.

Precisamente, quiero que me juzgue. Lo necesito. Necesito lo que he hecho mal y lo que he hecho bien. Usted no es mi amiga. Usted no necesita quedar bien conmigo. Si la termino odiando porque me hizo pasar por momentos dolorosos de mi vida pero me saca de aquí, hágalo — Fui sincero y duro como una roca. Había que dejar en claro eso. Si bien podía ser que detrás de esto existiese una amistad, o quizá, algo más, no era recomendado. ¿Qué sería de mí si llevaba a la doctora a perder su cargo o a vivir en base al dolor de que un impulso le impidió realizar su trabajo que tanto amaba? No, no me lo permitiría — ¿Por qué? ¿Por qué yo? Mi historia no es fascinante, no es "original". Vivo en base a los calmantes, gran cosa. Hay personas que necesitan muchísima más ayuda que yo — Relamí mis resecos labios producto de la tensión. Me era imposible no sentirme preocupado producto del hecho de que me estuviese prestando ayuda a mí como su único paciente mayor de dieciocho años que fuese hombre. Era una gran duda, pero, también, ¿cómo negarlo? una gran alegría.

Sonreí ante su comentario haciendo referencia a ella como doctora. Habíamos llegado a un punto íntimo en el cual nuestro trato paciente-doctor se había ido por el retrete — No puedo asegurarle nada. No soy así, pero lo que sí puedo decirle es que va por buen camino — Sonreí con total calma. No era ni siquiera una sonrisa atrayente para que cayera en mis redes. Era más sincera que otra cosa. Era acompañante de dichas palabras que salían de mi boca sin que yo tuviese tiempo para meditarlas o para comprender cuales serían las posibles consecuencias. ¿Consecuencias?, estaba en un Psiquiátrico, peor que eso no existía. Entrelacé los dedos de mis manos con una anhelada calma. Ella realizaba muy bien su trabajo. No sólo porque parecía entregada a él, sino que sabía bien qué paso realizar. Me sentía cómodo y comprendido por su persona, algo que no había ocurrido jamás en una terapia — No trate de abstenerme de la culpa. Yo fui el que abusó de los calmantes. Yo fui el que sentía la necesidad de hacerlo. Conozco muchas personas con problemas muy dolorosos en sus vidas, pero no andan por ahí abusando de pastillas — Jamás me había victimizado. No era mi estilo. Y no pretendía que los demás lo hicieran. Lo único que anhelaba era que pudiese caminar junto a mi mano al momento de poder lograr derribar la jodida enfermedad en la que me encontraba.

Cuando mencionó la palabra "hipnosis", alcé una ceja. Me sorprendí profundamente. Aquella palabra jamás había sido utilizada ningún médico anterior, por lo que me causaba desconcierto. ¿Tan inentendible eran mis comentarios que requería una sesión de hipnosis? ¿Para qué seguir hablando conmigo si podía dedicarse a eso en vez de hacerme gastar tiempo y voz procurando darle la mayor realidad y la mayor exactitud en cuanto a los hechos se refería? Lo analicé, en mi mente recorrió la idea de rechazar todo tajantemente, ¿es que acaso era necesario? Pero por otro lado pensé que tenía que brindarle la mayor ayuda posible. No era sólo su trabajo, era el mío también, yo debía brindarle la colaboración para que pudiesemos realizar una terapia exitosa. Ambos debíamos caminar de la mano en el sendero de una enfermedad cruda — Sí, lo estoy — Fue lo único que salió de mis labios. Ni más, ni menos. Respondí su interrogante con seriedad y muy decidido. Me valía si terminaba llorando producto de mi doloroso pasado. Lo que quería era sanarme, ser feliz, formar una familia y no mirar atrás, salvo para sentirme orgulloso de lo que había superado.

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Re: Velkan R. Moldoveanu- Conozcámonos- Terapia de contacto

Mensaje por Eva Sturmherz el 2012-07-28, 6:35 pm

Me quedé mirando de nuevo hacia su pecho, sin poder evitarlo mis ojos se habían quedado clavados nuevamente en su piel. Era como un imán que me impedía apartar la mirada, sólo su voz me sacó de mi ensimismamiento.- No... no pasa nada, ponte... ponte cómodo-. Aparté la mirada para mirar de nuevo a sus verdes ojos, procurando acallar la vocecilla que internamente me echaba un discurso enorme sobre profesionalidad y el Juramento Hipocrático.

Escuché atenta lo que me decía, parecía que Velkan le recordasen a cada paso que no era perfecto, pero yo no estaba dispuesta a ello, para poder avanzar se necesita perdonarse a uno mismo- Lo primero, si vuelves a tratarme de Usted, saldrás por esa puerta con viento fresco-. Sonreí, no quería que se pensara que lo decía en serio, pero el acercamiento con el paciente significaba romper barreras jerárquicas, y Velkan... bueno, yo quería que rompiese esas barreras- Y lo segundo. No te juzgo, te acompaño en un camino que tienes que recorrer, todos cometemos errores-. Me encogí de hombros, restando importancia a lo que acababa de decir, aunque era una cosa que él tenía que grabar a fuego en su cabeza. El tono de su voz era duro, como la piedra, y su pregunta me hizo pensar que él se sentía inmerecedero de cualquier puesto privilegiado que cualquier persona pudiese darle- Porque veo en tus ojos que quieres alir de aquí, que quieres recuperar tu vida. Volver con tu familia, con quien sea que te esté esperando fuera. Porque vienes predispuesto a avanzar, no te cierras en banda como todo el mundo, no te muestras agresivo ni violento, por eso. Por eso tu. Y la historia de cada persona es particular y fascinante. No te compares con los demás, las estadísticas no valen contigo-. Repetí literalmente sus palabras, con una media sonrisa en los labios, quería que se diese cuenta de lo que acababa de decir y de la poca razón que tenía.

Sonreí de nuevo, mordiéndome el labio sin quererlo y dirigí mi vista hacia otro lado al escuchar su respuesta, ¿qué me estaba pasando? Aquella conversación rayaba lo absurdo con tanto doble sentido, ¿o era sólo mi imaginación? Negué con la cabeza, inspirando profundamente y recobré la compostura, nunca me había comportado así con un paciente y nunca lo haría. No. Pero su sonrisa, otra vez, me hacía perderme de nuevo. "Eva, por Dios, basta ya... que no tienes 15 años".

La vocecilla de mi interior, eso a lo que todos llaman conciencia, había logrado lo que se proponía. Volvía a prestar toda mi atención a Velkan como paciente y no como hombre con su mirada, su piel descubierta y... Suspiré, ¿es que no se me iba a pssar? Escuché atenta lo que me decía y negué con la cabeza- En ningún momento he pretendido descuplabilizarte. Puedes tener claro que recurrir a las drogas para evadirte de la realidad es una acción de la que solo tu eres culpable, lo sé. Pero no puedes castigarte por ello. Sólo quería que conocieses el motivo por el cual llegaste a esa situación límite, digamos... la presentación de la historia.

Sonreí al escuchar su respuesta, clara y sin adornos, simplemente estaba dispuesto.
Le miré a los ojos mientras separaba mi espalda del respaldo del asiento, que comenzaba a incomodarme por el tremendo calor que allí hacía- No quiero que pienses que no me fío de tus palabras, Velkan. Tus palabras son lo más importante para mí, ¿de acuerdo? Sólo quiero recibir un punto de vista diferente.- Me puse en pie y saqué un CD del armario archivador, acercándome al televisor- ¿Te importaría sentarte aquí ahora?- Le dije mostrando una de las sillas que había junto a la mesa- Quiro que veas una sesión de hpnosis que realicé a una paciente hace algún tiempo. Mucha gente piensa que durante una sesión de hpnosis revives los hechos en primera persona y puede resultar doloroso, quiero mostrate que no es así.

Metí el DVD en el reproductor y me senté a su lado, mirando el televisor. Después de un par de parpadeos, la imágen se volvió nítida- La chica se llama Nicolle, en la grabación cuanta con 20 años. Llegó con diferentes problemas y en un principio se negó a la hipnosis, fue el último recurso y nos fue de gran ayuda-. La chica aparecía completamente dormida y relajada, pero estaba monitorizada a un electroencefalocardiograma, siempre necesario en las se siones de hipnosis- Muy bien, Nicolle. Tienes seis años, estás en Texas, con tu madre. Acabas de volver de la escuela y tu hermano llora en el piuso de arriba. ¿Qué es lo que hace tu madre?- Sonrío de medio lado al escuchar mi voz en el video, nunca me había gustado verme ni oírme en aparatos como esos- No hace nada. Yo me asusto y corró hacia el cuarto del bebé, le saco de la cuna. Mi padre aparece de repente, gritando como siempre y yo me asustó, el bebé se me cae y deja de llorar. No respira. Estoy muy asustada, mi padre llega corriendo. Me mira y mira al bebé, sonríe. Me coge del pelo y me arrastra escaleras abajo hasta llegar a una puerta, es el sótano. Me tira dentro, haciéndome caer por las escaleras. No me muevo del suelo, estoy como dormida, pero aun respiro. No siento nada-. Corto el video. A pesar de las duras palabras de la chica, su tono era tranquilo, como si contase una historia que no era la suya.

Miré a Velkan mientras sacaba el DVD del reproductor y lo guardo de nuevo en la caja- Con esto quiero demostrarte que las sesiones de hpnosis no te harán revivir momentos dolorosos, no sufrirás y, posiblemente, no recuerdes lo que hayas revivido, por eso las grabaciones-. Apagué el televisor y le miré seria, sin un atisbo de diversión en mi rostro- Si aún estás de acuerdo con llevarlo a cabo, comenzaremos a practicar ejercicios de relajación, son muy necesarios. De ti depende, Velkan, tienes la última palabra-. Deseaba con todas mis fuerzas que no se echase atrás, pero entendería perfectamente que lo hiciese.

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Re: Velkan R. Moldoveanu- Conozcámonos- Terapia de contacto

Mensaje por Velkan Moldoveanu el 2012-07-28, 7:19 pm

Sonreí. Sonreí como hacía mucho tiempo no lo hacía. Era esa sensación de estar vivo, de no dejarme atrapar por mi presente ni por las ataduras que recorrían mi mente y ella lo había logrado. ¿Con una frase?, no. ¿Una palabra de apoyo?, tampoco. Simplemente lo había conseguido con su mirada en mi cuerpo, especialmente en mis pectorales que brillaban producto del efecto del sudor en ellos, pero no se lo dije. Ni siquiera le observé los ojos. No lo necesitaba. Mi ego había alcanzado ribetes inimaginados. Pero tampoco se lo diría. Era una terapia psicológica, no una cita. Debía comportarme como el paciente que ella creía y seguramente en otra situación era: educado, cortés y responsable. Lástima, cuando la veía se me olvidaba todo.

Su melodiosa voz me despertó de tan íntimos pensamientos. Pensamientos, que, aún con la confianza que depositaba en ella, no se los confesaría. No ahora, al menos. ¿En un futuro?, si estaba fuera del Psiquiátrico y podía estar en libertad, seguro y no sólo se los contaría, sino que también la invitaría a salir. ¿Por qué no?, a final de cuentas, estaría sano — ¿Eso va incluido en la terapia? — Pregunté con una tímida sonrisa. No sabía porqué, pero en ocasiones se me olvidaba que era mi médico, sino que era más una compañera, una amiga. Suspiré inaudiblemente. Independiente de lo ocurrido con mis banales pensamientos, tenía un presente y debía respetarlo — Pero, a lo que voy, Eva, es que no me conocías. No sabías mi personalidad ni mi forma de ser. Sólo sabías mi historia. Por ende, me es curioso saber qué te llevó a elegirme. ¿O es que acá tienen cubierto de cámaras roba-personalidades? — Lo último tenía un dejo de ironía, pero era sincero. Me preocupaba, pero no de sobremanera. Me atraía, lo justo y necesario. Lo necesario como para preguntárselo.

Tomé una bocanada de aire fresco. Sentía su mirada, pero no le di mayor importancia. De hacerlo, estaba jodido, ella se daría cuenta de mis pensamientos y quizá me cerraba la puerta en la cara. Sabía que era recíproco pero podría echarme con viento fresco de allí sólo para su comodidad, y tenía razón. Me invitó a sentarme a un costado con posibilidad de observar de mejor manera lo que me tenía preparado. Sin realizar sonido alguno, me puse de pie, tomé la copa con agua -ya veía que la necesitaba- y aposté mi cuerpo donde ella me lo había señalado. No necesitaba decirle nada, sólo aguardé su instrucción. Mis labios se habían sellado de tal manera que no parecían abrirse fácilmente. Fruncí mis cejas ante sus explicaciones, todas valederas. No era quién para contradecirla. Independiente de lo ocurrido, me producía confianza, y si me tuviese que poner en las manos de alguien, seguro y sería de ella.

Observé a una jóven de mediana edad. Era curioso. Me sentía parte de dicha historia. Cuando noté a Eva, sonreí. Se veía más jóven, pero su belleza no cambiaba, era como si los años no hubiesen realizado mecha en su cuerpo, ni en su mirada. Su voz realizó un pequeño cambio, pero poseía prácticamente el mismo timbre. Le sonreí. No me devolvió la mirada pero sabía que lo había hecho. Regresé mi mirada hacia el DVD donde la voz de la jóven veía escena y relataba una situación grotesca y que me produjo gran incomodidad. No dije nada. Me mantuve sentado e inclusive me puse más cómodo. Seguro y ella sabía porqué me lo enseñaba a mí. Relamí mis labios notando como toda mi atención se la llevaba su DVD. Extraño. Me había interesado una historia ajena a la mía. Curioso, muy curioso.

Cuando finalizó el DVD, bebí todo el contenido del vaso con agua, sin dejarle chance a que quedara una sola gota. Cerré mis ojos producto de lo refrescante que me sentía y posteriormente los abrí súbitamente. El calor había disminuído, lo que agradecí profundamente. Sentí la mirada de la doctora nuevamente y sonreí. Me realizó una última explicación a la que yo asentí, complacido porque no dejaba confusiones ni interrogantes. Suspiré y despeiné un poco de mis cabellos ya que estaba en plena confianza — Estoy de acuerdo, con una condición... — Sonreí profundamente. No la miré a los ojos. Quería que jugara con el misterio que tenía planeado esos segundos. No iba a hacerla sufrir, sería sincero e iría directo a la yugular — Saldrás conmigo. No sé si llamarle "cita", pero quiero conocerte más que como doctora. Tengo un lugar al que puedo invitarte. No es un restaurant elegante, pero es precioso. ¿Qué dices? — Dirigí mi mirada hacia ella. Esperé su respuesta, no dije más nada. Quería que decidiése. Tomando en cuenta la situación, estaba obligada a salir conmigo. Me era indiferente si lo hacía por la terapia, sólo quería salir con ella.

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Re: Velkan R. Moldoveanu- Conozcámonos- Terapia de contacto

Mensaje por Eva Sturmherz el 2012-07-28, 8:04 pm

No pude por más que reir a medias y negar con la cabeza a su pregunta. Esto se me estaba yendo de las manos, por mucho que me doliese reconocerlo, Velkan no era solo un paciente. Escuché su explicación con toda la integridad que tenía en ese momento, el chico tenñia razón, pero no tenía ningún motivo en especial para haberlo elegido. Me encogí de hombros, intentando buscar una respuesta lógica a lo que él me requería en ese momento- Bueno... supongo que no sé porqué te elegí a ti. Nos asignan un determinado número de pacientes y de ahí escocgemos los que nosotros queremos llevar. Tu me pareciste interesante. Eres todo un reto para mí, Velkan-. Suspiré ligeramente, procurando no hablar más de la cuenta sobre mí, cosas que no quería que se supiesen- Quería y quiero que salgas de aquí, que dejes tus recaídas y puedas seguir, y además, eres el primer hombre que trato en muchoi tiempo. Como te digo, me van los retos... y tu eres un gran reto-En ese momento pasó por mi cabeza la idea de que mantener la mirada apartada de su piel era un reto más, pero eso no era apropiado decirlo, en absoluto.

Sin decir nada se acomodó donde yo le había indicado y me senté a su lado, viendo el DVD. Por un momento, cuando mi imagen salió en la pantalla, me pareció sentir su mirada de nuevo en mi y no pude evitar sonreí, pero no le miré, no podía hacerlo sin dejar ver que comenzaba a pasar algo extraño en esa sala. Me sentía cómoda a su lado, era extraño, pero era la realidad y no podía negarla.

Cuando el DVD acabó, esperé su respuesta deseando que dijera que sí. Pero no me esperaba en absoluto su respuesta. Una condición, de acuerdo. Lo entendía, era comprensible. Podía esperar que pidiera algo relacionado con el centro, algún tipo de privilegio, pero no lo que pidió.

Se me secó la boca por un momento y tuve que apartar la mirada de él, sin poder evitar una pequeña sonrisa. "¡Eva Sturmherz! Se acabó, corta aquí esta terapia, cambia de paciente y olvida a este chico." Mi subconsciente volvía a atacar, más fuerte que nunca, mirándome por encima de sus gafas y dando pequeños golpes con el pie en el suelo, realmente cabreada- Bueno, yo...- ¿Y ahora qué? Me estaba poniendo entre la espada y la pared. Nunca, jamás, había salido con alguien del centro, no tal y como él lo exponía. "Pues claro que no, ni del centro ni con nadie en casi nueve años, no te compliques la vida Eva, recuerda: profesionalidad" Oh, Dios, ¿es que no se callaba nunca? Aunque tenía razón, la maldita vocecita tenía razón. Nunca mezclaba lo profesional con lo personal y si aceptaba su proposición, no sería por el bien de la terapia. Eso, sumado a mi primera y única experiencia con un hombre, de la que no había salido precisamente bien parada, no hacía más que complicar el dilema. Pero sus ojos eran tan bonitos... y esa piel que inspiraba que la tocasen. No. No podía. Tenía que decir que no- Yo estaría encantada de dejar que me llevaras a ese lugar del que hablas.

¿Quién había hablado?Mi subconsciente ahora estaba callada, posiblemente desmayada en algún lado, con sus gafas tiradas al suelo. Pero yo estaba a gusto, estaba cómoda. Sí, quería hacerlo, quería conocer a Velkan más allá de las terapias, ¿por qué no? Para todo había una primera vez y él era... era interesante y tenía muchas cosas que me habían llamado la atención- Salgo todos los días a las ocho, así que cuando quieras ir, me avisas-. Sonreí de medio lado, algo cohíbida y miré el reloj- Pero ahora, nuestro tiempo se ha acabado. Recuerda: cuarenta y cinco minutos, ni uno más... al menos de momento.

Me acerqué a la puerta, abriendola para que saliera y cerré tras él. Mi subconsciente estaba muerta y enterrada, ya no hablaba, estaba realmente enfadada. Pero yo había quedado para tener una "no-cita" con un chico interesante y que además era guapo. Lo de que era un paciente... podría olvidarlo durante un rato.

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Re: Velkan R. Moldoveanu- Conozcámonos- Terapia de contacto

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