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El famoso Señor Hyde {Stefan - Douglas} {+18}

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El famoso Señor Hyde {Stefan - Douglas} {+18}

Mensaje por Stefan Ross el 2012-06-27, 9:13 am

Recuerdo del primer mensaje :

“Another day, another penny” Suelen decir. Lo cierto es que no tenía ni las más mínimas ganas de ir a ese centro lleno de locos a trabajar. Pero bueno, al fin y al cabo había conseguido ese trabajo gracias a Marcos y por lo que podía ver el marica tenía muy buena reputación en el lugar… así que mínimamente debería agradecérselo haciendo acto de presencia, aunque más que trabajar me la pasara tomando café y fumando.

Esa tarde estaba fumando, tirado en el diván de mi despacho, con una gran taza de café, pensando en… bueno, en qué haría esa noche. Hacía tiempo que no salía a tomar algo y tenía ganas de hacerlo, quizás ligar con alguien, por qué no. Sí, era un buen plan. En ese momento golpearon la puerta de mi despacho. Dejé la taza y apagué el cigarrillo con rapidez, dejando el cenicero fuera de la vista de cualquiera… a ver si todavía al dichoso director se le ocurría darse una vuelta por mi consultorio. Pero no, era el enfermerito idiota y bueno para nada, que venía a entregarme unos legajos. Lo odié. Lo atendí con ironía y lo despaché rápido para poder seguir con lo mío.

Pero parecería que no podría hacerlo por mucho tiempo más ya que al ver el horario adjunto a los legajos, se me había adjudicado una sesión a los cuarenta minutos siguientes con un tal… Douglas Hyde. Ah... otro loco más con el que lidiar. Suspiré, y como no tenía cosa mejor que hacer me puse a hojear el legajo mientras prendía otro cigarrillo y lo fumaba junto a la ventana. Trastorno disociativo – Doble personalidad, humor sádico, que estuvo aquí, que estuvo allá, oh… ¿Casi mata a la hermanita? Eso era bien interesante… Aunque, intentos de asesinato no era algo que no haya visto antes. No, nada nuevo según lo que podía leer. Por supuesto ver a la persona era algo distinto. Cuando miré la foto de su expediente levanté una ceja. Bastante guapetón era el muchacho… quizás al menos podría recrear la vista mientras me contaba cómo fue que quiso matar a la hermana, o qué cosas le gusta hacer cuando se pone en sádico… no tenía expectativas de que me sorprendiera, pero podría pasar. La verdad es que uno nunca sabe…

Por lo cual me quedé en mi despacho pensando un poco en cómo empezar la sesión, y terminando mi taza de café, esperando que llegue el famoso Señor Hyde…


Última edición por Stefan Ross el 2012-06-29, 6:35 am, editado 1 vez

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Re: El famoso Señor Hyde {Stefan - Douglas} {+18}

Mensaje por Douglas L. Hyde el 2012-07-04, 9:00 am

Contengo una risa al ver como mi querido doctor se mordía el labio después de que yo me volviera a hacer el inocente. Si a mí me gustaba y ponía que se hiciese el brusco, algo muy parecido pasaba con él cuando yo me hacía el bueno, de eso estaba seguro.
Ahoga varios gemidos, sobre todo cuando me golpea el fondo de la garganta. Me vuelvo a reír cuando se sobresalta con el pellizco en su pezón, y vuelvo también a dirigir mi mirada hacia él, porque me encanta ver las reacciones que mis acciones producen en su rostro, como se contrae de placer.
Cuando suelta el 'ouch' debido a mi mordedura, sonrío de lado, mordiendo mi propio labio.
-Siempre me salgo con la mía, doctor, deberías haberlo supuesto...-susurro, en referencia a nuestro anterior y pequeño juego del gato y el ratón, cuando él arquea las cejas, en un tono más que sugerente. Aunque, en la situación en la que estamos, ¿qué más sugerencias hacen falta?
Se me escapa un largo aunque entrecortado gemido cuando sus dedos ganan intensidad en mi interior. Gemido, que, por supuesto, procuro emitir cerca de su oído, para calentarlo todavía más.
¿Me está pidiendo que le deje marcas? Sonrío contra su piel, clavando las uñas con fuerza y después deslizándolas a lo largo de todo su pecho, para observar orgulloso las líneas más que rojas que voy dejando. Como regalo, además, me encargo de dejarle un buen mordisco en el hombro.
Ladeo la cabeza cuando comienza a besarme el cuello, para dejarle más espacio que recorrer.
-Nada me gustaría más... que tenerla muy, muy adentro...-jadeo de nuevo en su oído, justo antes de poner los ojos en blanco de placer.
Me pone a cuatro patas y yo separo un poco las piernas para tener mayor estabilidad. Noto como cada uno de mis músculos está en tensión debido a la anticipación del momento, por eso bufo frustrado cuando tantea mi entrada pero no termina de avanzar.
-Quieres acabar de una jodida-aaaaaah...-no termino la frase porque los besos que comenzaron en mi cuello han terminado justo en aquella zona que tanta impaciencia mostraba, por eso al sentir su lengua colándose dentro, mis palabras mueren convertidas en un ahogado gemido. Y ya no digamos nada cuando se une su mano...
Ahora mi cara está contra la pared, y, ahora sí, siento como se desliza unos centímetros hacia mi interior. Estará todo lo lubricado que quieras, pero eso no evita que se me escape un gritito de dolor. Aunque Stefan me ha dicho que le avise si duele, no voy a hacerlo, porque esto solo añade más... diversión. Y además sé que muy pronto ese dolor pasará a ser la más maravillosa de las sensaciones...
Mientras me va penetrando, va dejando miles de besos por mi cara y labios, algunos de los cuales soy capaz a corresponder, otros no porque mi sistema nervioso está demasiado ocupado estremeciéndose de placer.
Llevo las manos a mi torso, agarrando fuertemente las suyas y apretando los dedos contra mi piel, para que él también aumentase la fuerza de sus arañazos.
-No...no se te... ocurra parar...-murmuro, tras varios intentos. Gimo fuerte cuando empieza a moverse, y yo echo hacia atrás las caderas, acoplándome al ritmo que va cogiendo. Pero quiero todavía más, por eso le ordeno en un tono medio de gemido medio de grito que lo haga más fuerte, más rápido, que quiero comprobar de verdad si aquella iba a ser la follada de mi vida.



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Re: El famoso Señor Hyde {Stefan - Douglas} {+18}

Mensaje por Stefan Ross el 2012-07-04, 9:18 am

Sus gemidos en mi oído, sus palabras, todo lo que hacía me calentaba más y más, y no podía esperar más a estar dentro de él y follarlo con fuerza toda la tarde. Además era súper obediente, arañándome con fuerza dejando unas líneas rojas en mi pecho cuando así se lo pido, e ingeniosamente mordiendo mi hombro. Eso sólo hace que largue un fuerte, muy fuerte gemido de placer mientras mis dedos se adentran más en su trasero.

Cuando me confirma que me quiere dentro no lo hago esperar. Casi me causó gracia la desesperación que tenía cuando tanteé su entrada con mi polla, aunque no pudo terminar su frase ya que mi lengua se adentraba en su trasero para lubricarlo mucho más.

Cuando lo penetré escuché el grito de dolor. Todo su cuerpo se contrajo apretando incluso más mi polla dentro de él. Inclusive aunque hubiera sido un pequeño grito de dolor, la manera que tuvo de emitirlo fue… no lo sé, no sabría explicarlo, pero me había encantado. Clavé mis unas en su piel cuando él aferró mis manos sobre su pecho con las suyas, y araño con fuerza y ganas hacia abajo mientras penetro más fuerte y gimo en su oreja.

-No… pienso… parar…- le susurro entre gemidos para luego lamer el lóbulo de su oreja. Lo próximo que siento que es que me pide más. Ni era necesario que lo hiciera. Aumenté el ritmo a la vez que mordí su cuello y comencé a gemir con fuerza ante cada embestida que pegaba. -¿Te gusta? ¿Te gusta, loquillo? ¡Ah! Este culo, por Dios…- con ese comentario le pego una fuerte nalgada. Le giro levemente la cabeza de nuevo para besarlo profundamente mientras mis manos se dirigen a su cintura y lo toman con fuerza, para guiarlo en los movimientos. Es así como comienzo a penetrarlo con más dureza e insistencia, sintiendo cómo mis caderas chocaban con su trasero cada vez que mi polla llegaba bien profundo dentro de él.

Mis gemidos se mezclaban con los suyos, y no quería que eso terminara nunca. Su trasero se sentía tan calentito y estrecho… el placer que estaba sintiendo era extremo. Tanto, que quería que él también pudiera sentir algo así. Sus gemidos y sus acciones me lo confirmaban, pero sabía que aún podía hacer más, por lo cual dirigí mi mano hacia sus testículos y los acaricié, para luego tomar su polla y masturbarlo al mismo ritmo que lo estaba follando. Volví a morder su cuello y con mi mano libre le pegué otra nalgada. -¿Te gusta mi polla? Vamos... dime que te gusta mi polla...- sugerí en su oído -¿Quieres más, pendejo?- logré decir entre gemidos, tan sólo para poner más intensidad al acto.

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Re: El famoso Señor Hyde {Stefan - Douglas} {+18}

Mensaje por Douglas L. Hyde el 2012-07-04, 11:06 am

Siento una gotita de sudor deslizarse desde mi frente hasta la punta de mi nariz, donde tras unos segundos suspendida, se precipita al vacío.
Suelto un jadeo cuando noto las uñas de Stefan clavarse en mi pecho, descendiendo hacia abajo, que se convierte en gemido cuando embiste más fuerte. Además, como consecuencia, pierdo un poco de estabilidad y tengo que sujetarme a la pared, apoyando las dos manos. Manos que en seguida se convierten en puños cuando murmura en mi oído y me lame el lóbulo, mordiéndome después el cuello.
-Se puede mejorar.-digo ante su pregunta, pero solo para picarlo, porque no es que me gustase, es que me estaba encantando. Había visto que mi pequeño grito de dolor le había gustado, o eso creía, por eso cuando golpea mi nalga suelto otro parecido, solo que mucho más sobreactuado.-Mmm... Este culo es todo tuyo esta tarde, doctor.-río antes de que me bese, durante lo cual aparto una mano de la pared y la dirijo a su cuello, para que no se separe. Recorro con la lengua sus dientes y después el perfil de su boca, gimiendo cada vez más fuerte cuando empieza a aumentar la intensidad y dureza de los movimientos, ayudándome a seguirlos con sus manos en mi cintura.
Cada vez que chocábamos, me costaba más trabajo mantener los ojos abiertos y tras los párpados lo único que veía eran las estrellas.
Por sus gemidos, veo que también está disfrutando. Comienzo a hacer pequeños movimientos a parte de los que sigo con él, intentando variar en cada embestida el ángulo y contrayendo y relajando los músculos.
Cuando me acaricia y después empieza a masturbarme, un largo y ronco sonido de placer se escapa de mi boca, que se intensifica aún más cuando vuelve a darme un azote.
-Me...me gusta... ¡Joder, me encanta tu polla!-clavo las uñas en la pared y justo de que diga lo siguiente, siento como golpea algo dentro de mí que me hace gritar literalmente de placer, mientras tiemblo de la cabeza hasta los dedos de los pies.
-¡Joder!¡Ahí!-mi voz casi tiene un tinte de súplica, pero me da igual, me da todo igual con tal de que siga moviéndose y dando en ese lugar una y otra vez.

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Re: El famoso Señor Hyde {Stefan - Douglas} {+18}

Mensaje por Stefan Ross el 2012-07-04, 11:28 am

¿Sería este chico virgen? Pues su trasero estaba tan estrecho que sentía que ahorcaba a mi polla a medida que la metía más y más profundo en él. Quizás tenía poca experiencia con otros hombres. Sea cual sea la situación, me encantaba, hacía tiempo que no me follaba a alguien tan estrecho. Noté claramente sus grititos de dolor pero no me estaba diciendo nada por lo cual asumí instantáneamente que le gustaba. No, no le gustaba, le encantaba. Sin embargo me respondió con ironía diciendo que podía mejorar, a lo cual sólo reí por lo bajo captando el sarcasmo claramente. Lancé otro gemido fuerte y lo penetré hasta el fondo cuando volvió a gritar de esa manera, y me excita mucho más que me diga que ese culo sería todo mío. Disfruto cada una de sus lamidas dentro de toda mi boca y su mano tocando mi cuello indicándome que no me separase de él, y correspondo con mi lengua y mis labios a todos sus gestos.

Noté entonces que a la vez que lo guiaba él también hacia algunos movimientos y… oh Dios mío… cuando contraía sus músculos. Me estaba volviendo completamente loco. Es así que lo masturbo con más fuerza y allí es cuando escucho su sonido de puro placer saliendo de su boca, y veo en un momento cómo clavaba las uñas en la pared. Su grito al decir que le encantaba mi polla y su manera de putear me pusieron como león en celo, y mientras soltaba un gruñido lo escucho gritar a la vez que siento alcanzar dentro de él un punto bien sensible.

-¡Ah! ¡Loquillo mío! ¡Carajo!- grito a la vez que sigo penetrándolo, embistiéndolo con más y más fuerza, bien profundamente para golpear una y otra vez ese punto sensible dentro de él que lo hiciera gritar y gemir como una perra. Notaba que algunos líquidos preseminales salían de su polla, los cuales tomé con mis dedos y los llevé a mi boca para saborearlos. –Mmmm… eres delicioso, Douglas…- le susurré roncamente. Lo embestí unas cuantas veces más, pero la verdad era que moría por ver su carita de placer. Por lo cual me salí de él y lo giré, sin darle oportunidad de decir una palabra tapando su boca con la mía en un húmedo y cálido beso mientras lo tumbaba en el diván y levantaba sus piernas. Allí mismo volví a penetrarlo, largando otro gran gemido cuando me sentí completamente dentro. Besé sus piernas que estaban a mis costados y las arañé.

Luego, seguí follándolo fuerte, duro yo sobretodo muy profundamente. Sentía mis testículos chocar contra su trasero como si éstos también quisieran entrar. Observé cómo caía una gota de sudor por su frente y me acerqué para lamerla, y luego sólo me dediqué a darle duro mientras veía como el placer se reflejaba en esa carita hermosa e inocente. Arañé su pecho y luego de un rato ataqué su cuello a succiones y mordidas, a la vez que dirigía una mano a su pene para volver a masturbarlo. –Me encanta como gimes… me encanta ver como gozas… ¡Ah!- grité al sentirlo contraerse de nuevo -¡Ah! Loquillo mío… quiero ver esa carita de placer cuando te corras… sé que estás cerca…- le susurré masturbándolo con fuerza, sintiendo como sus fluidos y el movimiento de mi mano causaban el ya tan conocido ruido en su polla cuando lo masturbaba.

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Re: El famoso Señor Hyde {Stefan - Douglas} {+18}

Mensaje por Douglas L. Hyde el 2012-07-05, 5:38 am

Esto de volver en ti en pleno acto sexual es, como mínimo, bastante chocante. Nunca me había encontrado en esa situación, aunque bien era cierto que muchas veces me había pasado eso de volver repentinamente en medio de cualquier cosa que 'mi otro yo' estuviese haciendo. Y parecía que lo que estaba haciendo hasta hace unos segundos era llevar a un nivel mucho más alto lo que yo había empezado hacía... ¿cuánto tiempo llevaba en la consulta? No me acordaba. Tampoco recordaba a la perfección en lo que habían/habíamos invertido todo ese tiempo, pero sí que tenía una especie de flashbacks rondándome en la cabeza que...
-¡Oh, joder!-se me va lo que estoy pensando cuando siento una maravillosa sensación de placer recorrer cada centímetro de mi cuerpo. Stefan ha debido dar en un punto dentro de mí que, oh, me hace ver las estrellas, las galaxias y todo esa parafernalia del universo.
Dejo caer la cabeza hacia delante de sopetón, por lo que me golpeo sin querer con la pared en la que tengo apoyadas las manos. Aunque casi no siento ese ínfimo dolor, porque mi percepción está más que saturada debido a los movimientos de Stefan, tanto a mi espalda como en mi entrepierna.
Me estremezco cuando me llama loquillo, para después embestir más y más fuerte, una y otra vez, contra ese punto tan sensible. Creo que podría morirme allí mismo y sería feliz... Mi boca hace rato que no se cierra, escapándose por ella una gran variedad de gritos y gemidos.
Cuando coge con los dedos algo de fluido y se lo lleva a la boca, me temblequean las rodillas y después me dice aquello y me derrito por dentro. Entonces echo el cuerpo hacia atrás, pegando mi espalda a su pecho todo lo que puedo, a la vez que vuelvo a contraer los músculos que le rodean, como indicador de que me encantaba que me dijese aquellas cosas.
Me sobresalto y pierdo un poco el equilibrio cuando sale de mí sin avisar, tras unas cuantas potentes embestidas, pero en menos de nada me gira y me besa antes de que pueda hablar. Me tumba sobre el diván y levanta mis piernas, volviéndome a penetrar fuertemente sin mayor contemplación. Esto me hace arquear la espalda y abrir mucho los ojos y la boca, por la cual se escapa un sonoro gemido de puro placer. Enredo mis piernas en torno a su cintura, cruzándolas por los tobillos, para que vaya hasta el fondo, mientras él me las besa y araña.
Después de que lama la gota de sudor que resbalaba por mi frente, capturo sus labios con los míos, besándole a la par que mis manos se pegaban a su espalda, dejando muy seguramente marcas de mis uñas, pero no lo podía evitar. Le muerdo suavemente el labio inferior, tirando después de él, aunque se me escapa cuando vuelve a penetrarme con dureza. Me araña el pecho y muerde mi cuello, lo que me vuelve todavía más loco.
Y luego dice aquello mientras me sacude y lo único que puedo hacer es gemir todavía más fuerte.
Siento una tensión en la parte baja del estómago y sé que tiene razón, que no me falta mucho para venirme. Por eso aprieto fuertemente mis piernas entorno a su cintura, mientras vuelvo a contrarme y a relajarme a un ritmo rápido.
-Vamos, vente conmigo...-susurro en su oído, para después morderle con suavidad la mejilla.-Córrete conmigo...

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Re: El famoso Señor Hyde {Stefan - Douglas} {+18}

Mensaje por Stefan Ross el 2012-07-05, 9:47 am

Aquello estaba siendo realmente maravilloso. La manera en que estaba haciendo gozar a ese muchacho era increíble, hacía tiempo que no escuchaba a alguien gozar de esa manera. O mejor dicho, hacía tiempo que nadie lograba ponerme de la manera en que Douglas me ponía. Mientras aún lo tenía contra la pared, sentí algunos desvaríos en su cuerpo mientras se lo hacía con profundidad y éxtasis. Algunos temblores de sus rodillas, o intentos de aferrarse a mí mucho más fuertes que los que había hecho hasta ese momento. Sin embargo procuré ayudarle con todo porque el placer que le estaba dando era muchísimo y quizás del mismo placer se producían tales efectos en su cuerpo. Aunque no podía negar que me encantaba verlo así, que maldiga, que gima y que grite sin parar. Cuando pegó su espalda a mi pecho, no pude hacer más que besarlo con mucha pasión y abrazarlo fuerte pegándolo bien a mí. Fue un impulso, no sé bien por qué, pero me encantó hacerlo aunque el abrazo hubiere durado poco tiempo ya que luego lo tumbé en el diván.

Todavía tengo en mi boca el sabor de sus fluidos mientras lo tumbo, y es algo que me excita más. Como le había dicho, era delicioso, y vi que le encantó que le dijera tales cosas ya que fue en ese momento en el que se pegó más a mí e incluso se contrajo. Una vez tumbados lo beso con pasión y él me corresponde con la misma desesperación, mordiendo mi labio inferior y estirándolo, lo cual produce que salga un fuerte gemido de mí. Rodeó mi cintura con sus piernas y sus manos arañaron mi espalda a la vez que yo lo hacía en su pecho mientras mordía su cuello. Gemí, gemí intensamente en su cuello y su oído para hacerle saber cuán caliente me tenía, como si mis fuertes embestidas que llegaban a ese punto sensible dentro de él no fueran suficientes.

Largo unos gritillos cuando se contrae y relaja una y otra vez, sintiendo como estrangula mi polla dentro de ese culito suave y hermoso, y allí es que comienzo a masturbarle fuerte y le digo que quiero que se corra. Sin embargo, él me responde al oído pidiéndome que me viniese con él y luego me muerde la mejilla. Largo otro grito, la verdad es que estaba al límite ya. –Sí… sí loquillo hermoso, corrámonos juntos… yo… ya casi… ya… ¡Ah!... vamos… córrete conmigo… ¿Me sientes?... ¡Ah!...- le susurraba, mirándolo a los ojos, entre fuertes gemidos en los cuales mi cálido aliento chocaba contra su cara, a la vez que me corría con muchísima fuerza dentro de él, llenándolo por completo de mis fluidos, dejando mi marca incluso dentro de él mediante ese acto, y a la vez masturbándolo fuerte, tremendamente ansioso por ver cómo se corría entre medio de nosotros. -Sí... sí... Eres tan hermoso...- Seguí embistiéndolo todo lo que pude, lo besé y besé su cuello. No pensaba parar hasta que él no hubiera largado hasta la última gota…

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Re: El famoso Señor Hyde {Stefan - Douglas} {+18}

Mensaje por Douglas L. Hyde el 2012-07-05, 11:56 am

Empiezo a notar cómo los contornos de mi visión se van emborronando paulatinamente. Quiero aguantar más, mucho más, porque aquella era una sensación de lo más maravillosa. Pero sé que en algún momento voy a tener que ceder. Y está más cerca que lejos, con cada embestida, cada beso o cada mordisco.
Síntoma de ello es las cosas que hace mi cuerpo y que no puedo controlar, como esos temblequeos, y también los gemidos que abandonan mi garganta sin que nada pueda hacer por contenerlos.
Cuando me pego a él y me abraza, besándome apasionadamente, siento un cosquilleo de lo más agradable en todo el cuerpo, que perdura unos segundos más tras separarnos y tras tumbarnos en el diván.
Quería que me dijese más cosas bonitas y que me acariciase y besase todavía más, si es que era posible. Estrecho los brazos más alrededor de su cuello, porque me parece que hay todavía demasiada distancia entre nosotros y enredo los dedos en su pelo mientras él me gime en el oído.
-Vu-vuelve a hacer eso...-balbuceo, tremendamente excitado por ese sonido tan cerca de mi oreja, por su cálido aliento colisionando contra mi cuello.
Comienza a masturbarme más fuerte y siento como mis ojos se pierden en las cuencas, a la par que un ronco gemido trepa por mi garganta.
Le vuelvo a arañar la espalda, notándome muy, muy cerca del límite. Noto cómo él está también muy cerca. Clavo los talones en su espalda, apretando también mis piernas en sus costados, cambiando así ligeramente el ángulo y haciendo que llegue lo más profundo posible.
Y entonces me susurra aquello, sin despegar los ojos de los míos, y siento como se corre en mi interior. La calidez que provocan sus fluidos, y el sonido que producen las embestidas que todavía da para seguir penetrándome, hacen que me sea imposible aguantar más.
Me vengo en su mano gritando su nombre, poniendo nuestros pechos perdidos de fluido, mientras pierdo completamente la visión durante unos segundos, arqueando tanto la espalda que casi queda sin apoyarse en el diván.
Debo admitir que es uno de los mejores orgasmos de toda mi vida. Y cuando acaba, me deja tan agotado que se me escurren los brazos de la espalda de Stefan y caen a ambos lados de mí. Cierro los ojos, disfrutando todo lo que puedo del momento. Después abro tímidamente los ojos, notando cómo me sonrojo.
-No salgas todavía...-murmuro, porque se siente jodidamente bien tenerlo dentro. Aparto la mirada, avergonzado, y solo después de unos segundos le vuelvo a mirar.-¿De verdad piensas que soy hermoso?

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Re: El famoso Señor Hyde {Stefan - Douglas} {+18}

Mensaje por Stefan Ross el 2012-07-05, 9:46 pm

A pedido suyo y por más que no lo hubiera pedido era algo que iba a seguir haciendo, comienzo a gemir con intensidad en su cuello, haciendo que mi aliento que cada vez era más cálido chocase con fuerza contra él. Escucho su reacción y sólo logro ponerme más, usando mi lengua y mis dientes para estimularlo aún más. Lo veo casi perder el conocimiento con tanto placer que estaba recibiendo por mi parte, mis toques, mis caricias, mis gemidos, la manera en que lo masturbaba… sin mencionar lo profundo y fuerte que lo estaba follando. En un momento me araña la espalda y clava sus talones en mis rodillas, levantándose un poco más y quedando en un ángulo en que pude llegar todavía más profundo al penetrarlo. Mis gemidos aumentaron, mezclándose con los suyos e inundando la habitación. No podía más. Fue así que empecé a hablarle para que se viniera conmigo, estimulándolo también con las palabras que le decía mientras lo masturbaba con mucha fuerza, y en eso me corrí dentro de él, lo cual no me prohibió seguir embistiéndolo con fuerza.

Entonces lo siento estremecerse por completo y gritar mi nombre a la vez que se corrió también fuertemente en mi mano, y allí lo vi: esa carita hermosa gritando de placer, su espalda arqueándose de tal manera que casi no se apoyaba en el diván, y sus fluidos saltando de su polla empapando su pecho y su estómago, a la vez que algunas gotas llegaban mi pecho. Dimos unos últimos grandes gemidos al unísono, y nuestros orgasmos nos dejaron a ambos completamente exhaustos. Noté que sus bracitos se resbalaban por mi espalda y caían a su lado mientras cerraba sus ojitos. Planté pequeños besos en su mejilla y en su cuello a la vez que lentamente volvía a recostarlo y me ubicaba sobre él con cuidado de que mi peso no le aplastara. No quería salirme de él, su culito era tan suave y me provocaba tanto placer inclusive luego de haberme corrido que no quería salir nunca de allí. Y pareció casi leer mi mente cuando me pidió que no me saliera. –No lo haré, hermoso…- vuelvo a llamarlo de esa manera, y noto cómo se sonroja al abrir sus ojos poco a poco.

Cuando aparta la mirada, tomo su mentón con suavidad y lo hago mirarme nuevamente. Le sonrío con calidez y escucho su pregunta que me interrumpe mis ganas de besarlo. Reí por lo bajo y asentí con la cabeza. –Por supuesto Doug, yo no miento…- sacié entonces en ese momento mis ganas de besar esa dulce boquita aunque fue un beso corto –No sólo eres hermoso…- le dije mirándole a los ojos y acariciando su mejilla. Me dirigí luego a su pecho en donde descansaban los restos de sus fluidos y saqué mi lengua para comenzar a lamerlos con lentitud. Los saboreé y lamí todo lo que pude llegando hasta donde pude pero sin continuar hacia abajo porque no quería salirme de él todavía. Volví a subir y agregué -…sino que también eres delicioso…- volví a besarlo con profundidad por largo rato entonces, mientras mis manos acariciaban todo su cuerpo para culminar en un abrazo que unía ambos dos en uno sólo. Eventualmente me salí de él, muy despacio y largando un leve gemido, para hacer que pueda bajar sus piernas y estar más cómodo. Acaricié esas piernas y volví a abrazarlo y besarlo por todo su rostro. Acaricié sus cabellos y lo miré a los ojos. Me perdí un segundo en su mirada. Era profunda, transparente, tan hermosa… pero no me permití hacerlo por demasiado tiempo. Me di cuenta entonces que ese Doug era el tierno, el inocente, el que me había atrapado ni bien llegó a la consulta. -¿Te ha gustado entonces?... ¿En qué momento dejaste de ser tú exactamente? Porque sí… pude notarlo…- sonreí y besé su mano para luego entrelazar nuestros dedos. -¿Recuerdas todo lo que hicimos? No tengas vergüenza en contármelo…- le hablaba jadeante, casi susurrado, denotando en mi tono de voz cierta intimidad, que iba más allá de la intimidad física. ¿Por qué? ¿Por qué me interesaba saber todo eso? Si normalmente cuando este tipo de cosas pasaban yo me ponía mi ropa y seguía con mi vida… Sin embargo, este chico me interesaba, tenía algo… quizás su inocencia, quizás la manera de conectarme que tuve con sus dos personalidades… no estaba seguro, pero de lo que sí estaba seguro era de mis instintos. Y mis instintos me pedían que me quedara abrazado con él y charláramos, que lo hiciera sentir bien, que lo hiciera sentir tan hermoso como realmente era y él no podía verlo al parecer. Lo besé varias veces más y acaricié su espalda y su trasero con suavidad mientras esperaba una respuesta, manteniendo nuestros cuerpos bien cerca el uno del otro.

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Re: El famoso Señor Hyde {Stefan - Douglas} {+18}

Mensaje por Douglas L. Hyde el 2012-07-06, 5:53 am

Hace lo que le pido y sigue gimiendo contra mi cuello, añadiendo después los dientes y la lengua, lo cuál me hace estremecer. Intento corresponder, depositando pequeños besos por su mandíbula y cuello, pero se me hace bastante difícil, todo hay que decirlo.
La consulta pronto se llena de gemidos cada vez más elevados y agitados, mezclándose los de los dos para crear una continua melodía de lo más excitante.
Contraigo todo mi cuerpo justo antes de correrme, soltando un potente gemido, que se une al de él. Siento como me observa, y eso, por alguna extraña razón, solo hace que el orgasmo sea más intenso.
Cierro los ojos y veo pequeñas lucecitas bailando en el interior de mis párpados, a la vez que se me escurren los brazos de su espalda. Mientas, sentía pequeños besos posándose sobre mi cara y cuello, lo que me hace sonreír inconscientemente, todavía con los ojos cerrados. Siento como me recuesta mejor y se coloca sobre mí de tal forma que no tuviese que soportar su peso. Y luego me dice que no, que no va a salir de mí todavía, y vuelve a llamarme hermoso. Abro los ojos despacio, sabiendo que estoy más que colorado, y después de parpadear un par de veces llevo una de mis mano a la parte de atrás de su cuello para acercarlo a mí y poder besarlo en los labios.
Me hace mirarlo cuando aparto la mirada, tomándome por la barbilla, y yo me río como una adolescente cuando afirma que él nunca miente, para después darme otro corto beso.
Se me corta la respiración cuando baja a lamer los restos de fluido de mi pecho, aunque solo los que están a su alcance sin tener que salirse. Se me escapa un pequeño jadeo y cuando vuelve a subir, me vuelvo a reír.
-Se supone que tienes que curarme, no volverme más loco todavía.-bromeo, sacando la punta de la lengua entre los dientes, después de corresponder a su beso. Siento sus manos paseando por todo mi cuerpo y luego me envuelve en un abrazo de lo más agradable.
Pongo un pequeño puchero cuando sale de mí, pero la verdad es que se me estaban durmiendo las piernas de tenerlas enroscadas en su cintura. Me muerdo el labio cuando las acaricia y cuando me vuelve a abrazar, intentando contener otra sonrisa traicionera que quiere dibujarse en mi rostro. Por un momento, cuando me mira a los ojos, creo ver algo, aunque aparta la mirada demasiado pronto, por lo que supongo que es mi perturbada mente que se imagina cosas.
-¿Gu-gustarme? Es...uh, evidente que sí.-y, ¡zas!, vuelvo a ponerme colorado. A este paso me convertiré en un tomate con ojos. Le miro algo avergonzado cuando hace referencia a mi cambio de personalidad. Supongo que era de esperar que se hubiese notado, porque mis dos yo's son... demasiado diferentes entre sí...-Pu-pues... lo cierto es que la última vez que te ''vi'', tenías la camisa puesta... Y lo siguiente que recuerdo es estar de cara a la pared y a ti... bueno... uh... ya sabes... -suelto una risita, observando cómo besa mi mano y entrelaza sus dedos con los míos. Niego, vacilante, cuando me pregunta si recuerdo todo lo que hicimos.-La verdad... la verdad es que no me acuerdo de mucho... No suelo acordarme de lo que hace mi otro yo... Pero...-cierro con fuerza los ojos, esforzándome por intentar recordar. Sé que no voy a conseguirlo en su totalidad, pero sí que puedo recuperar algunos fragmentos.-Me acuerdo de que te arranqué los botones de la camisa... Y de que te dije que... uh, que era un chico malo... Y...-abro los ojos, formando con la boca un 'oh' que no llego a emitir. Otra imagen ha venido a mi cabeza, y es precisamente de esta en su entrepierna. Siento una repentina vergüenza que me hace esconder la cara en el hueco de su cuello, para así poder evitar cualquier contacto visual.

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Re: El famoso Señor Hyde {Stefan - Douglas} {+18}

Mensaje por Stefan Ross el 2012-07-06, 8:33 am

Esa boquita era tan dulce, tan suave, tan adictiva, ¿Cómo resistirme a llenarlo de besos una y otra vez? Si era simplemente adictivo. Corresponde a cada uno de mis besos y también a mis caricias, entrelaza sus dedos en mis cabellos y me acerca más para volverlo a besar. Esa risa símil a la de un adolescente me vuelve loco, amo cuando tiene esas reacciones tan inocentes y tiernas. Al lamer los restos de sus fluidos realmente me sentí en el paraíso. No era algo que solía hacer con mucha frecuencia, pero a este muchacho simplemente me lo quería comer entero, incluidos esos fluidos que descansaban sobre su pecho. Su sabor incluso me embriagó y su jadeo al lamerlo sólo me hizo sentir más a gusto.

Su comentario me hace reír –A veces la locura no es tan mala como dicen, ¿No te parece?- fue mi respuesta a la vez que acariciaba su cuerpo y lo besaba por todos lados. Vi su pequeño puchero cuando me salí de él y sentí que mis ojos brillaban. –Vamos, no seas caprichoso, que seguramente ya se te estaban entumeciendo las piernas…- le susurré y luego le di unos cuantos besos a esas piernas antes de que él las bajara por completo. El contacto visual al momento siguiente fue… fue algo increíble… ni yo mismo era capaz de describir por qué demonios no podía dejar de mirarle. Simplemente no podía. Llegué incluso a sentir los latidos de mi corazón aumentando su ritmo, y cierto calor en mi pecho. Apenas tuve esa sensación fue cuando aparté mi mirada.

Rio abiertamente cuando me dice que le había gustado y lo observo sonrojarse a más no poder. –Estás todo colorado…- le digo entre risas y luego planto muchos besos en esas mejillas enrojecidas. Mi siguiente pregunta no había sido hecha como doctor ni mucho menos, pero quizás sin darme cuenta había dado en el punto para saber un poco más de su enfermedad. Pero esto no era como cualquier paciente que me contaba las cosas y yo escuchaba con pocas ganas. De hecho ahora, quería saber, quería tener los detalles, qué había sentido, qué recordaba y qué no, qué pensaba… quería conocerlo… ¿Por qué? ¿Qué demonios tenía ese muchacho que me hacía no querer dejar de abrazarlo y escuchar cada palabra que saliera de su boca con atención?

Le escucho decir que la última vez que me vio yo tenía todavía la ropa puesta y luego “despertó” contra la pared y… bueno, conmigo dentro. Sonrío con él mientras entrelazo nuestros dedos y acaricio su mano con mi dedo pulgar. Lo dejo expresarse, para que no se sienta inhibido o presionado, y ciertamente me asombro al ver que por sí mismo intenta hacer fuerza para recordar momentos en los que la otra personalidad predominaba. Río de costado con lo que me dice recordar, y a la vez recuerdo todo claramente y me muerdo el labio inferior. Si seguía con la línea de lo que iba recordando, creía poder adivinar por qué se cortó de esa manera y escondió su cara en mi cuello. Reí por lo bajo, acariciando sus cabellos y comencé a susurrarle en el oído. -¿Qué más recordaste? Quizás cuando te di unas nalgadas…- deslicé mi mano a su culito tan suave y le di una muy pequeña nalgada, completamente indolora, sólo para ilustrar lo que decía. Aunque luego le acaricié sus glúteos. -…O quizás cuando me arañaste el pecho…- le lamí el lóbulo de la oreja y luego lo hice mirarme -…o tal vez recordaste cuando te estabas comiendo mi polla…- me mordí el labio inferior y le miré directo a los ojos cuando le dije eso. Sonreí y lo besé con suavidad. –No te avergüences de ello, que lo hiciste muy bien… carajo, que si no te paraba me ibas a hacer correrme en poco tiempo…- reí por lo bajo, sonrojándome mínimamente ante la confesión que acababa de hacer.

Toqué su pecho con mi dedo índice y le dije luego -¿Qué me dirías si te digo que tú tienes la capacidad de recordar todo claramente sin necesidad de hacer ningún esfuerzo? No digo que sea fácil pero… puede hacerse con un poco de práctica… Si quieres, sólo si quieres- realcé eso mostrando mi dedo índice –Te puedo ayudar… al fin y al cabo, soy tu doctor…- le acaricié la mejilla a la vez que sonreía y lo besé con ternura, con mucha suavidad y ternura, a la vez que una idea se formaba en mi cabeza. Era loco. Era extraño. Y era impulsivo. Pero así era yo, impulsivo, por lo cual ni lo medité antes de hacerle la próxima propuesta. –No hay que hacer una estúpida sesión ¿Sabes? Yo puedo sacarte de aquí si lo deseo. No me es difícil…- le miré todo el cuerpo de arriba a abajo, y le acaricié el pecho. Besé su cuello y luego su mandíbula -¿Quieres ir a tomar algo conmigo el fin de semana? ¿O al cine? ¿O a donde tú quieras?... ¿Qué me dices?...- pregunté ligeramente avergonzado. ¿Qué estaba haciendo? ¿Lo estaba invitando a salir? ¿Era eso una propuesta de tener una… cita? No. No. No lo era. O si… Demonios Stefan no es hora de pensar en ello. Mejor no pensemos, es más fácil.

Así, me quedé esperando su respuesta mientras lo llenaba de besos y lentamente me separaba para volver a mirarlo a los ojos, luchando internamente por no sonrojarme o mostrar debilidad, observando atentamente sus reacciones y acariciando sin parar ese cuerpo que ya de por sí me volvía loco.

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Re: El famoso Señor Hyde {Stefan - Douglas} {+18}

Mensaje por Douglas L. Hyde el 2012-07-06, 10:26 am

Me besa una y otra vez, como si hubiera algo que le impide mantenerse alejado de mis labios. Y lo cierto es que me encanta. Oh, vaya si me encanta.
Le acaricio el pelo cuando su boca está sobre mi pecho, atragantándome un poco al tragar saliva, debido a sus lentos lametones.
-Mmm... quizás... podría ser...-le dedico una sonrisa algo adormilada, suspirando feliz cuando me besa y acaricia.-Ju... ¿y si quiero ser caprichoso?-suelto una risita y vuelvo a suspirar cuando me besa las piernas, antes de que las baje por completo de él.-Au.-las tenía tan entumecidas que el cosquilleo que produce que vuelva la sangre a ellas es un poco doloroso. Aunque se me pasa cuando mis ojos hacen contacto con los de Stefan. No sé por qué, pero mi boca se estira para formar una amplia sonrisa y mis mejillas se tiñen de un suave color rosado. La sonrisa se hace un poco más pequeña cuando aparta la mirada, aunque no puedo terminar de borrarla.
Cuando me sonrojo todo, balbuceo mientras me besa las mejillas.
-Oh... un día... un día me va a... a terminar explotando la cara... Pe-pero... no puedo evitarlo...-digo, en referencia a mi más que común tendencia a sonrojarme. Cuando le respondo a lo de mi cambio de personalidad, lo hago sin pensar en que es una pregunta sobre lo que normalmente me costaría mucho hablar, una pregunta que los psicólogos me hacían para saber más sobre mi trastorno. No me doy cuenta de ello hasta que he respondido pero, por alguna razón, no me cierro en mí mismo como suelo hacer con esta clase de preguntas, sino que... sigo hablando. Y la verdad es que se siente bien. No sé... casi como si fuera liberando poco a poco un peso.
Mientras intento recordar, noto el dedo de Stefan acariciándome la mano y me parece súper tierno, aunque no digo nada, por supuesto.
Y después viene a mi cabeza ese recuerdo, cuando se la estaba chupando, y... uh, qué vergüenza... Estando bien escondido en su cuello, noto como me acaricia el pelo, lo que me hace cerrar los ojos y suspirar. Empieza a hacer un recuento de las cosas que habíamos hecho, algunas de las cuales no logro recordar. Al darme la suave cachetada, me muerdo el labio, sonriendo contra su cuello. Ya cuando me lame el lóbulo de la oreja, sin dejar de acariciar mis nalgas, se me escapa una pequeña risita. Pero cuando me hace mirarle y hace la última suposición lo que se me escapa es un gimoteo avergonzado. Me besa dulcemente y luego me confiesa aquello, lo que hace que me ponga todavía más colorado... Aunque empiezo a sentir una especie de orgullo por ello. Sonrío y ahora soy yo el que le besa con suavidad, porque creo haber advertido un pequeño sonrojo en él.
Sigo el camino de su dedo índice hasta que hace contacto con mi pecho (por lo que sin motivo a parente suelto una risa que suena de lo más infantil, todo hay que decirlo), y me pongo serio cuando me dice aquello. Y aunque es posible que solo se refiera a lo que acaba de pasar entre nosotros, no puedo evitar llevarlo más allá. Así que le abrazo, apoyando mi mejilla en su pecho y cerrando los ojos con fuerza.
-Hay cosas que... que es mejor no recordar...-murmuro, con voz triste, pensando en que nunca he querido recordar lo que le había hecho a Lara, y no lo había hecho, al menos no en plenitud. Porque sí que tenía pesadillas que seguramente eran fragmentos de recuerdos de aquella noche...-Sí... quiero que me ayudes... Yo... yo no quiero ser así...-estrecho el abrazo, sin abrir todavía los ojos, pero quiero sentir que está cerca de mí, que no estoy solo. Quizás sí que me puede ayudar. Sí que puede funcionar aquello...
Levanto los párpados cuando me besa el cuello y la mandíbula, diciendo después que no hace falta hacer una sesión, que me puede sacar de allí, a lo que yo respondo abriendo mucho los ojos y la boca, en una expresión mitad asombrada mitad ilusionada. Expresión que se intensifica cuando sugiere ir a tomar algo o al cine. ¿Aquello era una cita? ¿Me... me estaba invitando a salir con él?
Y otra vez que me ilumino cual semáforo.
-Pu-pu-pues... lo cierto es que... yo... ay... ¡me encantaría!-le dedico la más enorme de mis sonrisas y después le beso en los labios, siendo yo el que busca ahora profundizarlo.
Siento un cosquilleo en la parte baja del estómago al pensar en la idea de la cita (aunque él en ningún momento la haya descrito como tal), a la vez que sus manos me acaricia sin parar, produciendo que mi piel se erice.

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Re: El famoso Señor Hyde {Stefan - Douglas} {+18}

Mensaje por Stefan Ross el 2012-07-08, 9:25 am

Cada una de sus reacciones me encantaban, pero lo que era raro era que por lo general cuando una persona me gustaba mucho, sus actos me calentaban a más no poder. Y si bien, Douglas me volvía loco en ese sentido, había ciertas cosas que producían un efecto distinto en mí. Algo… raro. Un leve cosquilleo en mi pecho y mi estómago, y un enternecimiento que nunca antes en mi vida había sentido por nadie. ¿Por qué? ¿Por qué sentía eso y qué debería interpretar? Simplemente no era el momento de ponerse a analizar las cosas. Ahora quería disfrutar de su cercanía. –Si quieres ser caprichoso tendrás un problema porque no me gustan los maleducados- le susurré con una sonrisa para que dejarle saber que estaba bromeando, y dejé que acomodara sus piernas tranquilo. El contacto visual producido a continuación fue… algo muy raro, razón por la cual lo corté –Quizás debería pegarte más nalgadas así aprendes a comportarte…- le susurré luego de ello retomando la charla e inconscientemente haciendo caso omiso de lo que acababa de ocurrir.

Mis besos en sus mejillas eran suaves y tiernos, adoraba que se sonrojara de esa manera y aunque me riera y bromeara acerca de ello, era algo que me encantaba ver en su carita. Me responde titubeante y tímido como lo había sido cuando se presentó en la consulta. –No te preocupes, no me molesta… de hecho… me gusta…- le confesé acerca de sus sonrojos. Luego me contó acerca de su trastorno en lo que había sonado como una pregunta demasiado casual de mi parte como para parecer profesional. Me gustó cómo se abrió ante mí y me contó lo que recordaba y lo que no, de alguna manera ya podía empezar a ver cómo se daba el trastorno en el muchacho. Asimismo, todo eso tanto para mí como para él se había dado ciertamente de forma casual, por lo cual retomo el tema contándole lo que hicimos, provocándole entre caricias, besos, y esa pequeña nalgada que lo hizo reírse en mi cuello. Recibo su suave beso luego de mi confesión acerca de qué tan bien la chupaba, aún algo avergonzado pero profundizando cuando noto que el muchacho busca hacerlo, dejando salir un pequeño jadeo de placer al sentir su lengua en contacto con la mía de esa manera tan suave y tierna. Vuelve a reírse de manera tan infantil cuando toco su pecho con mi dedo índice y yo tan sólo me muerdo el labio inferior perdiéndome en esa imagen de él con esa sonrisa hermosa y embelesándome con tal imagen.

No puedo evitar sentirme apenado cuando reacciona de tal mal manera a mi sugerencia de recordar cosas, insinuando él que había cosas que no quería recordar. No tenía mucha idea de cómo era su otra personalidad y lo más probable es que se haya encontrado haciendo cosas que él mismo no se imaginaba. Quizás haya herido gente o se haya herido a él mismo, obviando el hecho de que casi mata a la pequeña hermana. Ahora, ¿Se habría originado ese trastorno por el simple hecho de sentir celos de la hermana? No… tenía que haber algo más, y me sorprendió a mí mismo el encontrarme tan interesado en un caso luego de algún tiempo en el cual estuve trabajando de forma mecánica. Pero cuando estrecha el abrazo y acepta mi ayuda, apoyando su mejilla en mi pecho me doy cuenta; no me interesa el caso, me interesa él…
Era chocante para mí mismo darme cuenta de tal cosa, quizás el sexo había sido demasiado bueno y me estaba confundiendo, o quizás el muchacho era demasiado tierno. No sabía, y no tenía ganas de profundizar el pensamiento, por lo cual sólo me limito a hacer lo primero que se me ocurre en ese momento. Correspondo a ese abrazo hermoso y acaricio sus cabellos a la vez que beso su cuello y su mandíbula, mientras mis manos acarician su espalda luego.
Y como no quería que eso quedara allí, como quería seguir viéndolo, le digo la primera idea que se me vino a la cabeza. Y no era una mala idea, en lo absoluto, aunque hubiese sonado como si le estuviera pidiendo una cita… que no lo era. Por supuesto que no. Para nada. Solamente saldríamos a tomar algo y charlar acerca de él y… posiblemente lo llevara a algún lugar elegante y… demonios… tenía que hacer reservaciones en algún restaurante bueno. Me vuelvo a sorprender al encontrarme pensando en cosas que muy poco me habían importado en el pasado. ¿Qué carajo tenía este chico que me hacía querer alagarlo tanto?

Mis nervios aumentaban con sus balbuceos pero ni bien noté cómo sus ojos se abrieron y el brillo que ganaron al decirle que podría sacarlo de allí, me calmé. Cuando aceptó mi invitación sentí como si mi corazón hubiese dado un vuelco y mi estómago se hubiese revuelto. Pero no era un dolor, era más bien… un cosquilleo en el estómago. Correspondo su beso entusiasmado y dejo por un momento que sea el que domine el beso al notarlo tan excitado con la idea. –Bueno, genial entonces…- le respondo luego –Pasaré por ti el Viernes por la tarde… te prepararé algo lindo. ¿Quieres ir a cenar?- le pregunté mientras acariciaba su mejilla. Me senté luego lentamente, y tomé sus manos, lo ayudé y le incité a que se sentara sobre mí tal y como lo habíamos hecho al principio, sólo que ahora ambos estábamos sin ropa y el contacto era más íntimo. Cuando lo tuve en mi regazo lo abracé y planté unos besos en su pecho. ¿Por qué no podía separarme de él? –Maldito Douglas, eres jodidamente adictivo…- murmuré en su oído. Acaricié su espalda bajando hacia su trasero y allí masajeé un poco esas nalgas hermosas. Sin separarme de su oído le susurro –Te follaría de nuevo aquí mismo ¿Sabes?- y lamí el lóbulo de su oreja, para luego bajar por su cuello y terminar en su boca –Pero te dejaré con las ganas porque soy malo…- le respondí sin más, mirándolo a los ojos y sonriendo medio malignamente a modo de broma. Me encantaba dejar a la gente con las ganas, aunque ciertamente tenía planeado no hacerlo con Douglas. Sí por el momento, pero ese viernes me cobraría lo que ahora estaba haciendo… o mismo en alguna otra consulta, eso se verá. Tuve entonces otro impulso, lo abracé fuerte, y planté pequeños y delicados besos sobre sus labios, continuos, uno después de otro, a la vez que cerraba los ojos y me perdía en su dulzura. ¿Qué me estaba sucediendo?

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Re: El famoso Señor Hyde {Stefan - Douglas} {+18}

Mensaje por Douglas L. Hyde el 2012-07-10, 6:06 am

Reprimo una carcajada cuando me dice que no le gustan los maleducados. Sé que está bromeando por su sonrisa, por eso decido seguir un poco con la broma. Vuelvo a dejar que mi labio inferior sobresalga sobre el superior, formando un nuevo puchero.
-Jo, yo creí que ser un poco caprichoso era sexy, no de maleducados... -recorro con el dedo índice su labio superior y luego le miro a los ojos, convirtiendo el puchero en una sonrisa.
Agito un poco la cabeza después del extraño contacto visual, que él se encarga de romper rápidamente cuando empieza a ser demasiado raro. Parpadeo, frunciendo imperceptiblemente el ceño y preguntándome durante un segundo qué demonios acababa de pasar. Aunque se me olvida cuando sugiere darme más azotes para que aprenda a comportarte. Miro hacia el techo, haciendo que pienso, mientras me muerdo el labio inferior, dubitativo.
-Mmm... Entonces creo que tendré que comportarme más veces mal...-me río, porque lo cierto es que aquellas nalgadas me parecían realmente sexys...
Sus besos en mis mejillas coloradas y sus palabras solo hacen que me sonroje aún más. Como había dicho, era algo que no podía evitar, yo era incapaz de ocultar la timidez y patosidad que en multitud de ocasiones odiaba. Yo no era alguien lanzado y sociable como podía ser mi otro yo. Supongo que dentro de mi propio desorden, eso contribuía a establecer... ¿cómo llamarlo?... una especie de equilibrio. Mis dos personalidades, de alguna manera, se complementaban... Eran... como las dos caras de una moneda... Y eso me hacía preguntarme si, como en una moneda, una no podría existir sin la otra. Esa suposición a veces me daba miedo, porque significaba que nunca iba a dejar de ser como era, que nunca iba a superar mi enfermedad... Pero otras veces... No sé, era un sentimiento extraño... Había veces en las que quería parecerme a mi otra personalidad, porque no es que yo adore como soy en esta, siempre tan tímido y tan infantil, de una forma que a veces rayaba la vergüenza ajena. Pero bueno, aquel no era momento para pensar en ese tipo de cosas que lo único que hacen es deprimirme y hundirme en el agujero de mi propia miseria. Ahora quería disfrutar de aquel momento junto a Stefan, sin preguntarme qué y quién era realmente y qué quería llegar a ser.
Cuando le abrazo tras murmurar que hay cosas que es mejor no recordar, casi puedo notar cómo se entristece, contagiándose quizás de mi súbita tristeza. Le abrazo más fuerte, sintiendo contra mi oreja los pausados latidos de su corazón. No sé por qué, pero ese sonido consigue tranquilizarme y uh... establece un extraño cosquilleo en la base de mi estómago. Y cuando corresponde a mi abrazo, acariciándome el pelo y besándome de una forma de lo más tierna, noto como mi propio corazón acelera su velocidad. Solo espero que él no lo note, porque estamos tan pegados que me temo incluso que lo oiga. Sería... quizás algo incómodo... ¿no?
Al proponerme salir de este estúpido lugar, no puedo evitar ilusionarme. Hace siglos (bueno, no literalmente, en realidad solo cuatro años) que pongo el pie en el mundo normal, fuera de los psiquiátricos. Y la verdad es que la idea me da un poco de miedo. ¿Seré capaz de valerme ahí fuera? ¿Y si pierdo el control y hago algo de lo que después esté arrepintiéndome toda la vida? ¿Y si...? ¡No! No puedo pensar así. Stefan estará conmigo y estoy seguro que no me dejará hacer nada malo, que me mantendrá bajo control.
Por eso le contesto que sí, que por supuesto, más emocionado que un niño con un juguete nuevo.
-¿Viernes por la tarde? ¡Genial! Estaré esperando impaciente hasta el último segundo...-ha sonado algo ñoño, pero estoy seguro de que va a ser así, de que me empezaré a poner nervioso desde ya por la inminente no-cita (a fin de cuentas, nunca ha dicho que fuese una, aunque tiene el aspecto de serla, que no lo es...), de que me comeré las uñas de los dedos y me estresaré con el '¿qué me pongo?'.-¿A dónde me vas a llevar? ¿Tendré que vestirme de forma elegante para la cena? Porque te advierto que no tengo muchos trajes...-le tomo el pelo, aunque es una forma subliminal de intentar resolver (o al menos obtener pistas) la pregunta que me estaba haciendo a mí mismo antes de hablar.
Cuando me acaricia la mejilla, tuerzo la cara en su dirección, cerrando los ojos y sonriendo.
-Jum... Seguro que eso se lo dices a todos tus pacientes.-medio bromeo, una vez sentados, cuando planta besos por todo mi pecho y me dice que soy adictivo. Me acaricia la espalda y después los glúteos, mientras yo hago lo mismo en sus hombros. Comienzo a reírme con lo siguiente que dice.-¿Eso es una amenaza?-saco un poco la lengua para que sepa que estoy bromeando, aunque lo cierto es que... no me parece mala idea, sobre todo cuando lame el lóbulo de mi oreja para terminar en mi boca otra vez. Cuando dice que me dejará con las ganas porque es malo y sonríe de aquella forma, mis labios casi van por inercia a juntarse con los suyos. Después comienza a besarme de seguido los labios, con los ojos cerrados y manteniéndome sujeto en un fuerte abrazo. Con el último beso, atrapo con delicadeza su labio superior, el cual comiendo a succionar ligeramente.
-No quiero irme...-me quejo, soltándole el labio y frotando su nariz con la mía, en un besito de esquimal.-Pero nuestros cuarenta minutos ya han pasado y se supone que debería estar en mi habitación...-besuqueo sus labios, molesto con la idea de volver a mi cuarto solitario y de separarme de Stefan. Sin embargo, a pesar de mis palabras, no hago amago de quitarme de su regazo.

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Re: El famoso Señor Hyde {Stefan - Douglas} {+18}

Mensaje por Stefan Ross el 2012-07-10, 9:59 am

Sólo sonrío y lo sigo mirando algo embelesado mientras me dice que quizás debería portarse mal más seguido. Entonces tendría que darle más nalgadas. Perfecto, tenía la excusa perfecta. Lo abracé fuerte cuando lo noté ponerse triste y acaricié su pelo para luego besarlo con mucha ternura. No sabía cómo pero ese chico me enternecía. Y odiaba el hecho de tener que admitirlo por lo cual no lo haría, por lo menos no de la boca para afuera. Sin embargo… sin embargo era complicado de ocultar, sobre todo con la forma de ser que tenía Doug y sus reacciones a cada uno de mis actos. Logré sentir algo al besarlo, su respiración se agitó mínimamente y debido a la cercanía siento algo que retumba contra mi pecho. ¡Maldito corazón! ¡Que deje de latir así maldita sea! Antes de siquiera poder llegar a enojarme más conmigo mismo, un movimiento mínimo de nuestros cuerpos me hace notarlo: No era mi corazón el que se había acelerado de esa manera, era el de Douglas… No supe cómo sentirme ante tal descubrimiento, quizás era sólo mi imaginación, quizás todo lo había imaginado y me estaba volviendo paranoico. Aunque siendo realmente honesto, me agradó sentir lo que había sentido estando abrazados así.

Su aceptación a mi propuesta y su emoción no lograron más que contagiárseme aunque por supuesto de mi parte no me mostraría tan ansioso… aunque extrañamente lo estuviera. Seguro era algo del momento, después me calmaría. O eso esperaba. Su frase de esperar hasta el último segundo me suena bastante cursi y me hace reír –No te me pongas poético ahora…- le dije entre risas. Luego arqueé una ceja cuando noté que repentinamente me estaba tomando el pelo. ¿Ropa formal? ¿Trajes? ¿De qué demonios estaba hablando? Maldito, me estaba cargando… -Ah pues, verás… qué lástima porque sólo aceptan trajes de Armani en donde te iba a llevar, pero si no tienes calculo que tendremos que dejarlo para otro momento…- luego me río por lo bajo –No seas idiota… puedes ponerte lo que quieras, aunque creo que está más que claro que me gusta más verte sin ropa…- sonrío y acaricio su cuerpo al decirle eso.

Una vez quedamos sentados, él encima de mí tal y como lo incité, su respuesta a mi confesión hace que lo mire a los ojos y le sonría. Negué levemente con la cabeza, pero no pude decirle nada. No tuve el valor para decirle que realmente lo que había dicho era algo que salió de mi interior, y que estaba más allá de lo que le pude llegar a haber dicho a otro paciente con el que hubiera tenido relaciones. No tuve el valor para decirle que esa frase significaba mucho más de cómo había sonado, quizás esa era mi forma de expresarme. Mis ojos volvieron a brillar por un momento al volver a hacer contacto con los suyos, o eso creí, pero rápidamente corté de nuevo ese momento con mi próximo comentario acerca de follarle. Adoro esa reacción de su parte y correspondo ese beso impaciente y anhelante con mucha pasión. Suelto un pequeño gemido al sentir cómo succiona mi labio superior y acaricio su espalda de abajo a arriba y viceversa, de manera lenta. Ese besito de esquimal luego hace que mi corazón vuelva a dar un vuelco. Maldito Douglas. Maldito y tierno Douglas. Sonrío con picardía y suspiro ante su comentario, escuchando luego que debería irse, aunque no hace nada por quitarse de encima de mí y ciertamente yo no busco que lo haga.

-Lo sé… esto se siente demasiado bien, ¿Verdad?- le respondo en un tono bajo y apoyo mi cabeza en su pecho, plantando allí pequeños besos. –El tiempo ha volado…- vuelvo a enunciar con una sonrisa de costado. No quería que nos separáramos, lo cual una vez más produjo en mí una contrariedad, ya que nunca había deseado que ningún paciente con el que hubiese tenido intimidad se quedara un minutó más luego de la sesión. Y ciertamente ya habían pasado muchos más desde que en teoría se había terminado ésta y aún así quería que se quedara. Pero no lo admitiría, no me mostraría tan vulnerable. No lo era. Subí y volví a besar sus labios con delicadeza, y luego le susurré –Ya nos veremos el viernes y podremos pasar mucho más tiempo juntos, ¿Vale? ¿Puedes vestirte solo o quieres que te vista yo?- le sonreí, y muy a mi pesar lo ayudé a levantarse mientras buscaba mi ropa y le alcanzaba la suya. Suspiré mientras me vestía y observaba cómo él lo hacía. Qué hermoso que era ese loquillo.

Lo abracé una vez que estuvimos vestido, y acomodé un poco sus ropas –Ahí está… perfecto, como si nada hubiera pasado…- le sonreí con picardía y le guiñé un ojo. Ja… como si realmente pudiera olvidar lo que había pasado esa tarde. Lo besé con muchas ganas por un largo tiempo, profundizando y haciendo mía esa dulce boquita. –El Viernes por la tarde…- acaricié su mejilla y lo miré a los ojos –Pasaré por tu habitación, ¿De acuerdo?- Lo besé una vez más. No quería que se vaya. No quería.

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Re: El famoso Señor Hyde {Stefan - Douglas} {+18}

Mensaje por Douglas L. Hyde el 2012-07-11, 12:32 pm

Ups. Algo me dice que puede que haya notado el aumento de velocidad de mi corazón al abrazarme. Oh... uh... Solo ha sido porque me ha parecido tierno, nada más... ¿no? Agito imperceptiblemente la cabeza, mi cara todavía pegada a su pecho, y rezo para que no me haya puesto colorado otra vez.
Finjo molestarme cuando que me dice que no me ponga poético.
-Oye, que lo decía en serio, tonto. Has herido mis sentimientos... -le doy un suave puñetazo en el pecho, aunque mi pose seria y enfadada no dura mucho, ya que se me escapa la risa. Veo que enarca una ceja, y me río cuando caigo en la cuenta de que se acaba de dar cuenta de que le estaba tomando el pelo con lo de los trajes y la ropa. Me muerdo el labio inferior, intentando contener otro ataque de risa por lo de que debemos aplazar la no-cita si no tengo un traje de Armani.
-Mmm... entonces igual debería ir sin ropa, solo para deleitarte...-bromeo, sintiendo un escalofrío cuando me acaricia, tras dejar claro que me prefiere ligerito de ropa. Cuando se me pasa el escalofrío, paso mis manos por toda su espalda, deteniéndome en el perfil de sus omóplatos, los cuales recorro con las yemas de los dedos. Después, le doy un suave y básicamente instintivo beso en los labios.
Lo que digo después de que él confiese que soy adictivo, no lo quería decir en realidad. Es decir, que, uh, lo había pensado y sin querer se me había escapado en voz alta. Intenté camuflarlo como una media broma, pero... en el fondo de verdad creía que esas cosas bonitas se las decía a todos. Porque algo me decía que yo no era el único que... oh, ¿cómo decirlo de una manera fina?... el único que había sucumbido a sus encantos. Seguro que un montón de pacientes habían estado en la mismita situación en la que yo estaba en esos momentos. A fin de cuentas, ¿qué tenía yo que pudiera atraer a nadie? Nada. Absolutamente nada. No era especial, las cosas son claras. Solo era un tipo que tiene dos personalidades, a cada cual más... ¿repelente?, ¿antipática?, ¿patética?
Me muerdo el labio, apoyando la mejilla en su hombro, camuflando en un abrazo la repentina incomodidad y tristeza que me produce pensar que solo soy un polvo más que añadir a su lista. Después de unos minutos, suspiro inaudiblemente, carraspeando un poco, y le sonrío, fingiendo que nada ha pasado.
-Sí... la verdad es que se siente muy bien...-le acaricio el pelo cuando me besa el pecho, y solo puedo que asentir cuando comenta lo del tiempo. Quería quedarme más rato. No sabía exactamente por qué, sería que no quería volver a estar solo en mi estúpida habitación, pero... no quería irme. Por eso suelto un gimoteo cuando me besa con dulzura los labios, anunciando que el viernes nos volveríamos a ver. Luego se ofrece a vestirme, lo que me hace reír como un idiota.-Y si cojo la segunda opción, ¿qué pasa?-se levanta, llevándome con él, aunque cuando va a por nuestra ropa, me vuelvo a acurrucar en el diván, haciéndome el remolón. Me froto un ojo con el nudillo, mientras lo observo pasarme mi ropa y comenzar a vestirse.-No quiero. Jo, no quiero, quiero quedarme aquí, se está muy a gustito. Déjame quedarme... Por fa... Me esconderé debajo del escritorio y así nadie podrá encontrarme... -pongo voz de niño pequeño, aunque sé que no puede hacer que me quede. Seguramente tendrá más consultas, y los enfermeros seguro que pasan a buscarme por aquí cuando vean que no estoy en mi habitación y que no se me ha visto el pelo por todo el centro.
Así que, al final, suelto un dramático y apenado suspiro y me levanto, cogiendo mi ropa interior y mis pantalones, los cuales no tardo en enfundarme, bajo la atenta mirada de Stefan.
Correspondo fuertemente al abrazo que me da, ya vestidos por completo. De nuevo, consigue hacer que me ría cuando coloca mi ropa, como si fuera una atenta madre que vigila que su hijo vaya decentemente vestido al colegio.
Me cuelgo de su cuello, poniéndome un poco de puntillas para llegar a su cara, ya que mi estatura no es que digamos de jugador de baloncesto... ni por asomo, vamos.
-¿Ya voy bien, mamá?-bromeo, cuando añade el comentario a su gesto, agitando la cabeza para que el flequillo no me tape los ojos. Lo cierto es que es un poco difícil eso de creerse lo de 'aquí no ha pasado nada'. Me besa durante un buen rato, de una forma que, no sé por qué, hace que me tiemblen las rodillas. ¿Por qué me encanta tanto el contacto de su lengua con la mía?
Vuelvo a gimotear cuando repite lo del viernes, a lo que yo solo asiento y estrecho el abrazo, lo que me hace ponerme más sobre las puntas de mis pies y apoyarme más sobre él.
-No tardes, ¿vale?-le beso otra y otra vez, negándome a irme. ¿Por qué demonios me cuesta tanto separarme de él? Solo serán unos días hasta el viernes, no hay mayor drama... Ay, madre, qué largos se van a hacer...
Finalmente, y muy, muy, pero que muy a regañadientes, me dejo caer sobre los talones, deshaciendo el abrazo con un suspiro.
-Hasta el viernes, Stefan.-le despido con un inevitable aunque rápido (para no volver a caer en la tentación) beso en la mejilla, y después me apresuro a ir hacia la puerta y salir de la consulta, antes de que decida mandar al cuerno a los enfermeros y a todo el mundo y quedarme con él. Que, por alguna extraña razón, es lo que más me gustaría del mundo.


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Re: El famoso Señor Hyde {Stefan - Douglas} {+18}

Mensaje por Stefan Ross el 2012-07-11, 8:58 pm

-¿Así que he herido tus sentimientos?- reí, viendo cómo se me hacía el enojado. Me preocupé por un segundo al ver que su expresión no había cambiado y estuve a punto de pedirle perdón, pero rápidamente dejó escapar su risa a la cual correspondí. Un gimoteo de placer se me escapa al escuchar su respuesta hacia lo de preferirlo sin ropa. -¿Serías capaz de hacer eso? Mmm… no quiero que te agarre una pulmonía por mi culpa luego, así que mejor ponte algo…- le repliqué mientras volvía a reírme.

A continuación el momento se vuelve medianamente incómodo, al él implicar que le decía a todos lo mismo, y yo al no tener el valor para decirle que no, que si bien con él había hecho algo que hice con… muchos otros… ahora era… raro. Distinto. Y no sabía por qué. Y lo miraba y sentía algo en mi pecho, mi corazón se aceleraba, y nunca me había pasado antes. No comprendía qué demonios me sucedía y si yo no lo comprendía mucho menos se lo iba a decir a otro. Mucho menos a él. Aunque… quizás fue mi imaginación pero noté en ese abrazo un halo de tristeza en el muchacho. “No… ¿Qué he hecho?” fue lo que pensé. O sería mejor preguntarme qué NO he hecho… no le dije que lo que me estaba haciendo sentir ese loquillo era diferente. No le dije que quería que se quedara más tiempo. A veces soy muy frío, y no lo puedo evitar.

Lo mire a los ojitos y acaricié su mejilla. Mi mirada seguramente es fría, pero intenté con todas mis fuerzas decirle con mi mirada lo que me estaba sucediendo, aunque ni yo lo entendiera y sonara estúpido y loco. Lo besé de nuevo, y el momento era inevitable así que lo hice levantarse para que nos podamos vestir. Reí con su comentario de la segunda opción, mientras me colocaba mis bóxers –Bueno pues ahora ya es tarde pero quizás en alguna otra ocasión…- le guiñé un ojo. Me giré un momento para tomar mi pantalón del suelo y lo próximo que vi al dar media vuelta fue a un Douglas remolón quejándose como un niño pequeño que no quería irse, que quería quedarse conmigo. Cualquier otra persona que hubiera hecho eso me hubiera sacado de quicio y me hubiera hecho encabronar. Y así reaccioné al principio, frunciendo el ceño, quizás por costumbre. Pero inmediatamente tragué saliva y llevé una mano a mi boca mientras sonreía y esta vez sí, esta vez juro que me derretía con la imagen que estaba viendo. Mi corazón se aceleró y mis ojos se llenaron esta vez de un brillo que podría ser notado por cualquiera. No podía retenerme frente a ese acto. Volví a dejar mi pantalón en el suelo y me tiré encima del chico con cuidado de no lastimarlo, y allí mismo lo llené de besos desde su pecho hasta su boca, pasando por su cuello y sus mejillas, con desesperación, con ansias, con ganas, con ternura. Carajo, ¿Qué demonios tenía este pinche pendejo que ponía de esa manera? Terminé con un gran y apasionado eso en su boca, abrazándolo fuerte, muy fuerte. Lo miré luego a los ojos, sonriéndole –No vuelvas a hacer eso a menos que tengamos tiempo porque te juro que te hago mío de vuelta…- lo volví a besar, y muy a mi pesar pero sabiendo que ya nos estábamos tardando mucho en lo que era una sesión “normal”, me levanté y lo ayudé a hacerlo.

Los abrazos y los besos una vez que estuvimos vestidos no se hicieron esperar, y todos fueron correspondidos por ambos dos. Reí de costado con su chistecito, sólo para después besarlo con intensidad por un largo tiempo. Su boca era tan dulce… quería más y más de esos besos. Ese viernes me saciaría… aunque no sabía a ciencia cierta si podría saciarme de esos besos alguna vez. –No tardaré, loquillo hermoso…- le respondí y luego nos besamos muchas veces más, seguidos un beso después del otro, expresando claramente cuánto nos costaba separarnos.

Cuando se me despidió con ese rápido beso en la mejilla, quedé con ganas de más. Lamentablemente ya no se podía por ese día. –Hasta el viernes, loquillo lindo- le respondí antes que se fuera. Cuando se fue, volví mi asiento detrás de mi escritorio y me recliné. Quedé en blanco por unos minutos mirando el techo. Y luego Douglas se me pasó por la cabeza. Sentí un cosquilleo en mi estómago e inconscientemente, sonreí.

OFF
Spoiler:
Está en vos si querés hacer una respuesta más o si querés que cerremos con ésta y así ya pasamos al siguiente tema. Mandame MP o decime por acá cualquier cosita Razz

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