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Starting Point ✩ No Reply

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Starting Point ✩ No Reply

Mensaje por Quinn M. Sutherland el 2012-05-10, 2:45 pm

Detuvo sus pasos en la puerta de su habitación, sintiendo que moriría en cualquier momento. Cerró los ojos con fuerza e intentó borrar todo pensamiento de su cabeza, todo lo que pudiese perturbarla o causar en ella más dolor aun. No podía echarse para atrás, tomada una decisión solo tenía posibilidad de continuar adelante, sin ningún distractor. Pero su mente estaba llena de telarañas y confusiones que la hacían trastabillar. Pero no más, no podía permitírselo. No podía darse la posiblidad de sentir algo que simplemente la orillaría a más confusión y frustraciones. Su principal meta ahora, era recuperarse. Cuando todo estuviese bien entonces podría volver a intentarlo. Después de todo, ¿cómo podía ofrecer amor cuando no se cuidaba a sí misma?

Giró el picaporte y se introdujo sigilosamente en su habitación. Suspiró y al no ver a Sophie en la habitación corrió bajo su cama. Buscó entre algunas cajas y encontró, por suerte, el viejo trozo de espejo que le había arrebatado a Eun mucho tiempo atras. No sabía de dónde lo había sacado. Los espejos ahí estaban cubiertos con quién sabe qué cosa para no quebrarlos, pero ella tenía al menos ese trozo ahora. Por lo que sin pensárselo dos veces corrió al baño y se encerró en él. Miró su reflejo con incomodidad. Enfrente de ella estaba una rubia enferma. Sus mejillas rojas y los ojos hinchados. Se mordió el labio inferior y elevó el trozo de espejo para deslizarlo por una de sus mejillas, soltando una risa sarcástica.

Pero en un movimiento rápido el trozo ya estaba realizando su trabajo. No con la mejilla, no, para nada. Si no en su cabello. Mechones rubios comenzaron a caer a sus pies, uno tras otro mientras ella miraba con furia esa chica dolida en el espejo. Peleaban por medio de miradas pero Quinn sería más fuerte. Así que de un momento a otro su cabello era tan corto que llegaba máximo al hombro, y porque lo llevaba lacio. Los cortes eran desiguales y notoriamente imperfectos, pero cuando su cabello volviese a ser ondulado no se notaría demasiado. De igual forma poco le importaba. Miró el trozo de espejo con desprecio y luego giró uno de sus brazos. Colocó la punta más filosa contra la piel de su brazo.

Sus hombros comenzaron a temblar con sus sollozos hasta que finalmente lo clavó en un intento deprimente por hacer un corte. Pero en cuanto sintió el dolor arrojó el trozo amorfo contra el enlosado del baño. El llanto incrementó y su mano antes agresora apretó el brazo que ya tenía un leve sangrado. Sin pensárselo se metió en la ducha, con sus tenis converse largos y la ropa puesta. Abrió el agua tibia con torpeza y volvió a apretar su brazo, sintiendo el líquido humedecerla por completo. Pronto sus lágrimas se camuflaron con las gotas que caían sobre su cabeza, pero ella sabía bien que todo eso apenas comenzaba...

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