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|| Castigo poco ingenioso || {Privado}

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|| Castigo poco ingenioso || {Privado}

Mensaje por Mayra E. Jefferson el 2012-04-26, 12:36 pm

No estoy segura de si lo han hecho a propósito o ha sido una simple casualidad del destino, aunque juraría que es lo primero, aquí no llevan muy bien eso de que retes a los médicos. Después de mi escenita en el comedor, me habían castigado sin poder ir a las zonas comunes, todo el día entre el cuarto y de nuevo el comedor. Además me habían quitado el tabaco, así que después de una semana estaba que me subía por las paredes. Finalmente decidieron que me había portado lo suficientemente bien como para levantarme ese castigo, porque evidentemente, ahora faltaba la segunda parte.

Terapias. Claro, era de esperar, ya las tenía de todas formas, sesiones con un médico que llevaba mi caso y trataba de ayudarme a superar mis problemas. Sin embargo ahora la cosa iba a cambiar un poco. Me toca ir a unas cuantas sesiones con el doctorcillo, nada más y nada menos. Bueno, las cumpliría con calma, así me lo quitaría de encima cuanto antes.

Estoy ya sentada en su despacho, esperando a que él llegue pues he llegado un poco antes. Me he sentado en su escritorio y como no está para regañarme, me fumo tranquilamente un cigarrillo. Tengo los pies apoyados en el escritorio, medio encogidos y en mis muslos está mi diario, en el que escribo sobre mi nueva situación, sobre la mierda que es tener que tratar con este médico una vez más, enfrentarnos en un tira y afloja para ver quién es más poderoso de los dos, quién gana el siguiente asalto. Exhalo el humo jugando a hacer pequeños circulitos y entretenerme.


Es entonces, metida en mis propios entretenimientos, cuando escucho que la puerta se abre y veo entrar al moreno. Mis ojos se vuelven hacia él y sonrío de medio lado. Seguramente sabía de sobra que tenía sesión conmigo así que dudo que le pille de sorpresa verme allí, aunque igual no le gusta la de confianzas que me he tomado con su despacho, bueno a mi me da lo mismo la verdad, si se molesta, dos problemas tiene.

- Vaya, vaya, ha llegado el doctorcillo. - cierro el diario pero no cambio mi postura, solo vuelvo a calar el cigarrillo, de forma lenta, casi como retándolo a que me diga algo - Pensé que los médicos eran más puntuales. - otra nueva forma de intentar incordiarlo, aunque no ha llegado tarde seguramente, yo vine antes porque no tenía nada mejor que hacer y así me acostumbraba al despacho.

Estoy enfundada en mi amplia y larga sudadera, que me llega por las rodillas casi, cuyas mangas me ayudan a cubrir las cicatrices de mi brazo, pequeñas y horizontales. De cuando en cuando me gusta hacerme esas heridas con una cuchilla, el dolor me hace sentir un poco más viva, claro que aquí eso se acabó, demasiados suicidas como para que nos den el caprichito a los demás. De todas formas, el tabaco ayuda a ir superándolo.


Última edición por Mayra E. Jefferson el 2012-04-26, 1:37 pm, editado 1 vez

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Re: || Castigo poco ingenioso || {Privado}

Mensaje por Chris Evans el 2012-04-26, 1:08 pm

Había seguido el castigo de la señorita Jefferson muy de cerca. Y obviamente, no había servido de mucho. Tuve una buena discusión con el director acerca de cómo se debía afrontar su rabieta. Pero no quiso escucharme. Estaba empeñado en aislarla durante una semana. Como si eso fuera a ser una reprimenda para ella. Al fin y al cabo, solo yo sabía el porqué de su actuación y solo yo sería capaz de afrontarle un castigo significativo. Aún así, mis insistencias en la dirección no sirvieron de mucho. Los altos cargos me habían culpado a mí por alterar a la muchacha. Sin embargo, no iba a darme por vencido. Solicité con su Doctor el poder tener unas sesiones con ella después del castigo. Quería saber qué efecto había ejercido en ella.

Volví a mirar el reloj mientras andaba por los pasillos del centro hasta mi despacho. Si no me equivocaba, la muchacha debía de estar esperándome. Algo que no me importaba en absoluto. Mi despacho siempre estaba abierto a cualquiera que quisiera venir a verme. Nunca conservaba archivos importantes en él. Los guardaba en mi piso a buen resguardo de los fisgones. No me fiaba de las cerraduras de los cajones, ni del propio personal del centro. Por ello, llevaba encima el expediente de la joven y mis notas personales sobre el caso en dirección a la consulta.

Abrí la puerta de sopetón y entré con un paso seco en la estancia. No es que quisiera asustarla, pero me interesaba ver su primera reacción ante mi incursión. Si se enfadaba, es que no era buen momento para hacer una consulta, si se mostraba indiferente, quizás pudiésemos tener una conversación. De todos modos, sabía que no me lo pondría nada fácil.

Dejé la carpeta sobre una mesa pequeña que había junto a la puerta. Coloqué la chaqueta azul en mi perchero y me desabroché los gemelos de las mangas para enrollarlas hacia atrás. Me agobiaba mucho tener manga larga y más cuando andaba durante todo el día de un lado para otro.

Ella estaba en mi sillón, muy acomodada mientras se fumaba un cigarro. La verdad es que es la típica actuación de alguien que quiere llamar la atención. Cosa que no iba a funcionar conmigo. Otro doctor, la habría regañado y le habría prohibido fumar. Es más, la habría castigado. Pero yo, no me iba a andar por las ramas. Cerré la puerta tras de mí para asegurarme de que nadie nos vigilaba. De este modo, podría permitirse ser ella misma. Si quería fumar no se lo impediría.

-Buenos días -saludé con educación.

Lo curioso fue, que no se movió del sitio ni respondió a mi saludo. Se limitó a seguir aspirando del cigarrillo y a hacer figuras con el humo desinteresada. Ni si quiera se dignó a mirarme.

Me senté en la silla, frente a la mesa. En la que supuestamente ella debería de estar sentada si se tratase de una consulta normal. En cambio, lo prefería así. Cuanto más acomodada estuviera, mejor. Por algo los psiquiatras solíamos tener una camilla o un sofá cómodo para las consultas. Yo lo tenía en la habitación contigua. Pero no solía utilizarlo, rara vez querían los pacientes acceder a ella. Supongo que al estar en una habitación tan pequeña, les agobiaba. Tenía que hacer un cambio drástico en este despacho para poder mejorar mis terapias.

-¿Estás cómoda? –pregunté sin esperar respuesta-. Imagino, que te preguntarás por qué estás aquí –aunque no lo hiciera yo se lo aclararía-. He solicitado explícitamente que vinieras a mi consulta después del castigo. Le comenté al doctor que lleva tu caso, que yo había originado tu alteración y que me sentía obligado a ayudarle con tu caso. Así que, me ha dejado varios días para que hablemos largo y tendido –hice una pausa-. Has pasado una semana de aislamiento que podrías haber evitado. Al fin y al cabo, has acabado aquí de un modo u otro.

No quería echarle en cara el hecho de que al final me había salido con la mía. Solo quería hacerle entender que conmigo no se jugaba de ese modo. Yo era un hombre de palabra y los tratos los cumplía. Además, seguro que en el fondo me agradece haberla librado de las consultas con su otro Doctor. No tenía pinta de ser muy conversador y comprensivo.

-No voy a hacerte preguntas, ni a obligarte a comer, ni a que me hables de tu vida si no quieres. No soy esa clase de Doctor –me acomodé en la silla apoyando el codo sobre el reposabrazos, deslizando el culo y abriendo las piernas. Postura muy cómoda y varonil para los hombres-. Pero sí que me gustaría que me respondieras a una cosa. ¿Has aprendido algo nuevo con el castigo que te han impuesto?


Última edición por Chris Evans el 2012-04-29, 2:32 pm, editado 1 vez

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Re: || Castigo poco ingenioso || {Privado}

Mensaje por Mayra E. Jefferson el 2012-04-29, 2:21 pm

A pesar de que escuché el saludo del mayor con claridad, no me tomé la molestia de contestarle, ¿para qué? Buenos días serían para él, que era un hombre libre, con trabajo y que hacía lo que quería con su pasta, así que no tenía por qué corresponder del mismo modo, llamémoslo frustración, o como salga de las narices. A pesar de lo que pudiera parecer, sí que le estaba prestando atención, mirándolo de reojo, viendo como tomaba asiento en el lugar que en teoría, me correspondía a mi.

Eché todo el humo que me quedaba en la boca en cuanto empezó a hablar y lo miré, con los ojos entrecerrados en mi casi eterno gesto de indiferencia, sin embargo se veía que esperaba que él solito se diera por respondido y que de paso me diera las explicaciones de qué hacía ahí y de qué iban a ir esas absurdas terapias, que para mi, eran una completa pérdida de tiempo. Por suerte él parecía entender a la perfección lo que esperaba, porque me dio las explicaciones pertinentes. Así que él mismo había solicitado aquellas charlas. Debería haberme mosqueado, pero es que para mi era tan indiferente quién tratara de comerme la oreja, que si tenía los ojos azules o castaños, me la traía al fresco. Por mi como si me atendía una cabra con sombrero y corbata.

- Si no me hubieran castigado por mi pequeño espectáculo, lo habrían hecho por no terminarme la comida, así que dudo que hubiera evitado esta semanita de descanso, cielo. - dije burlona, calando por última vez el cigarro y apagándolo en la suela de mi zapato. Dejé que la colilla cayera al suelo, mostrando lo poco que me importaba su autoridad y la limpieza de su despacho. Luego volví el pie al mismo sitio y exhalé el humo hacia él.

No pude más que alzar las cejas ante sus palabras, si no iba a hacer ninguna de las cosas que se supone hacen los terapeutas, ¿qué coño se supone que íbamos a hacer ahí encerrados durante toda la semana? De repente unas cuantas ideas sucias se me pasaron por la mente y lo miré de arriba a abajo de forma analítica, vale que el hombre tenía su punto, no me importaría pegarme un revolcón con él si se diera el caso, pero en cuanto pasó de ser "un tío bueno que te cruzas en la calle" a "un psiquiatra potente que intenta curarme", se podría decir que mi amiga la del sur había dejado de dar palmas, así que...

Es por ello que casi sentí alivio al escucharlo, dejando de lado toda clase de pensamientos sucios o salidos de tono, ya los retomaría más tarde si me aburría. De nuevo él volvía a su modo de actuar, queriendo sacar cosas pero pareciendo que era tu colega, ¿pero en serio de qué iba? Me daba rabia, pero bueno. Eché todo el cuerpo hacia atrás, apoyando los pies en el borde de la mesa y usándolos para balancearme en la silla, sin quitarle ojo.

- Oh, pues claro que sí. - aseguré, formando en mis labios una nueva media sonrisa - He aprendido que hay doctorcillos que aun creen que pueden hacer las cosas bien. ¿Estás recién graduado o algo así? Porque seguro que con el tiempo vas a terminar o bien loco perdido como el resto, medicado hasta las trancas o simplemente como un asqueroso doctor que intenta arreglarlo todo a base de pastillas y preguntas absurdas. - rodé los ojos, como si de repente yo fuera profeta, pero viendo lo que ya había visto durante mi "enfermedad" como ellos la llamaban, había descubierto que todos acababan igual - Si tan de guay quieres ir, ¿por qué no dejas que yo te haga las preguntas y me meta en tu vida como si tuviera derecho a hacerlo? - pregunté, bajando la voz. Crucé las piernas a lo índio, sobre la misma silla en la que estaba acomodada, era pequeña así que entraba perfectamente en ella - Criticaré a tus familiares, trataré de buscar la causa de que seas tan jodidamente ingenuo. ¿Te hace o qué?

Me quedé esperando una respuesta, como si realmente fuera una posibilidad tangible y él me fuera a dejar a mi llevar la terapia. No tenía más motivos para hacerlo que los de bajarle un poco esas ansias curativas que se gastaba, esas ganas de ayudar a los demás, ¿es que acaso yo se lo había pedido? Por mi podía irse al infierno con todas sus buenas intenciones.

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Re: || Castigo poco ingenioso || {Privado}

Mensaje por Chris Evans el 2012-04-29, 3:37 pm

Hice caso omiso a su broma y me limité a sonreír levemente para seguirle el juego. Y la verdad es que tenía razón, la habrían castigado de un modo u otro, tal y como venían haciendo desde su ingreso. Gracias a que por ahora, no habían sido castigos demasiado severos. De todos modos, era nueva en el centro y las cosas aún estaban por cambiar. Con el paso del tiempo, comenzaría a pasarle factura y terminaría como las demás pacientes; que a su trastorno alimenticio le acababan añadiendo depresión, psicosis o bipolaridad.

Ahora que lo pensaba, los pacientes que más tiempo habían estado ingresados, habían sido los que habían presentado más trastornos múltiples. El otro día, sin ir más lejos, me topé con un paciente que presentaba trastornos que no figuraban en su historial. O por ejemplo, la medicina que le habían inyectado a aquella paciente, que no tenía nada que ver con lo que le habían diagnosticado. No era de extrañar que los pacientes anduviesen de un lado para otro dando tumbos y quejándose de malos tratos. Sin ir más lejos, Mayra parecía tener un doctor un tanto distante y engreído, y la verdad, no me gustaría que la muchacha acabara con más de un problema. Hasta ahora, había escuchado de pocas personas que hubiesen abandonado el centro, sanas. Es decir, nunca había altas médicas, sino voluntarias, de traslado o situaciones similares. Estaba claro que tenía que indagar más en el asunto. Algo no andaba bien en el centro.

Volví a centrarme en los gestos de Mayra y no me gustó nada el poco respeto que mostró ante mis cosas. Dejó la colilla en el suelo, como si esto fuera la calle. No obstante, debía contenerme. Estaba claro que lo único que intentaba era sacarme de quicio, llamar mi atención o buscar un modo divertido de entretenerse conmigo. Pero no le iba a dar ese placer. Me limité a acomodarme en el asiento, de forma que mi expresión fuese desinteresada respecto a su gesto grosero.

Estudié con mirada analítica su comentario. Estaba claro que me tomaba por un psiquiatra cualquiera. O mejor dicho, por un cualquiera. Mi intento de evitar que me vea como un psiquiatra iba de mal en peor. Y el primer fallo, había sido haberla traído a la consulta. Sabía que a esta mujer la tendría que haber tratado de otro modo. Esto será algo de lo que tendré que apuntar en su archivo. Buscar el modo de que se sienta bien. Podría intentarlo con alguna actividad deportiva o con algún taller entretenido. Lo que si estaba claro, es que debía evitar los comedores y los despachos con ella.

De repente, me ofreció una oferta que no pude rechazar. Pretendía hacer ella las preguntas. Justo una de las terapias que solían hacer los mejores psiquiatras. Claro que, la vida de un psiquiatra no era igual que la de un paciente, y eso acababa aburriéndolos. Pero sería un modo de empezar a conocernos. A algunos psiquiatras no les gustaba esa terapia, porque odiaban contar su vida o que les hicieran preguntas. Esos, no eran psiquiatras verdaderos. Al fin y al cabo, nosotros hacemos lo mismo a los pacientes. ¿Por qué no darles esa libertad también? Es el mejor modo de ir ganándose la confianza.

-Adelante. Pregunta lo que quieras –le dije cruzándome de brazos-. Aunque te vas a aburrir un poco… mi vida puede que no sea demasiado interesante. También estás en tu derecho a juzgarme. Es más, -elevé un poco el tono de voz para que denotara mi confianza-, prefiero que lo hagas. Eso siempre es bueno de cara al futuro. Quiero saber qué piensas de mí aparte de que soy un “doctorcillo ingenuo”-. Hice una pausa mientras observaba la habilidad que tenía la muchacha de hacerse un ovillo sobre una silla. –Además, estas sentada en el sitio del doctor.

Esperaba que la chica entrara al juego. Aunque tal y como habíamos acabado la última vez, quizá cambiara de parecer. Ya que, si no recuerdo mal, la última vez que yo estuve de acuerdo con el trato, ella tuvo que buscar una salida para que yo no saliese ganando. Esta vez, notará mis ganas de entrar en su nuevo juego, y cabe la posibilidad de que no le guste la idea de que yo me sienta cómodo con su propuesta. De todos modos, sino se echa para atrás, acabará aburriéndose o montando otro berrinche de niña alocada.

-¿Qué es lo que te gustaría saber de mí? -me senté erguido y acerqué la silla de ruedas a la mesa para apoyar mis codos sobre ella.

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Re: || Castigo poco ingenioso || {Privado}

Mensaje por Mayra E. Jefferson el 2012-04-30, 6:52 pm

Estúpido doctorcillo complaciente, ¿qué esperaba aceptando mis sugerencias? Igual es que seguía teniendo la absurda idea de que iba a conseguir ganarse mi confianza o algo así. Bien, íbamos a tener que poner a prueba hasta dónde llegaría el loquero con su idea de la complacencia, porque por ese camino podía acabar muy perdido. Después de todo, dentro de lo que cabe yo era de las pacientes más tratables de la clínica, había problemas mucho más graves, trastornos de personalidad y en fin...cosas muy chungas.

- ¿De veras quieres saber lo que pienso de ti? - murmuré, parpadeando con cierta inocencia, más que falsa como era evidente, pero me daba igual, ya ambos sabíamos a lo que jugaba el otro y algo me decía que esto volvía a ser algo así como "a ver quién puede más o da su brazo a torcer el primero". Por el momento no tenía pensado escapar de allí como la vez anterior, ahora jugaría un poco a ver que tal salía la cosa, a ver hasta qué punto podía molestarle yo antes de que fuera al revés. Y de nuevo otra pregunta, para ser mi turno de los interrogantes él no paraba, que irritante, seguro que lo llevaba en la sangre. Me empecé a soltar los cordones de los zapatos de forma distraída, como si de nuevo no le estuviera prestando la más mínima atención, inclusive cuando hablaba, lo hacía como si fuera para mi misma - No me interesa saber absolutamente nada de ti, porque no eres alguien que me resulte interesante. Nada más que otro medicucho aburrido. - aseguré, quitándome uno de los zapatos y tirándolo al suelo - Seguro que tienes una bonita novia interesada por ahí fuera, igual eres gay y te espera un pasivo encantador en casa esperando que le des candela. Si no tienes mascotas seguro que es porque no quieres, te pegan los pájaros por cierto. Una cotorra, así podrías conversar con ella que seguro te entretendría.

Dejé caer el otro zapato, ahora descalza. En realidad solo estaba hablando por hacer tiempo mientras pensaba en la mejor forma de mover ficha en esta ocasión. Volví en mi mente al tema de la complacencia, él quería hacer todo lo que a mi se me antojara simplemente para tener contenta, para que yo me abriera así a sus preguntas y me dejara conocer más en profundidad. Pues eso es lo que tenía que atacar, buscar algo que a él lo hiciera recular, que consiguiera que no deseara seguir por ese camino, que tuviera que negarse. Claro que no podía ser cualquier tontería sin sentido, debía calcular bien mi siguiente paso y que tuviera algún peso con mi enfermedad, que era lo que a él le interesaba.

De repente creí verlo claro, o al menos tenía que intentarlo. Alcé el rostro para mirarlo, mordiéndome el labio inferior y despacio me subí a la mesa, como un felino que va caminando, contoneándose hacia su presa, para que no parezca que lo va a atacar. Me puse de pie sobre el susodicho, usando los pies para apartar algunas cosas que había frente a él, mi diario lo había dejado sobre la silla, así que no me preocupé. Lo que iba a hacer no me enloquecía, pero a veces una debe hacer sacrificios, había que tener visión general, visión global del juego y no solo de la jugada.

Me senté justo frente a él, deslizando mis pies hasta colocarlos sobre sus muslos, más cerca de sus rodillas que de alguna otra zona y me incliné hacia delante, para acercarme algo más al maldito doctorcillo que quería meterse en mi cabeza. Sonreí con dulzura e inocencia.

- ¿De verdad quieres curarme, Chris? - usar su nombre evidentemente también era parte del juego, ¿por qué si no iba a hacerlo? Para mi era el doctorcillo y listo - Entonces...¿por qué no me haces sentir deseada? - mi tono se volvió meloso e hice un pequeño puchero infantil. Me erguí un poco para acariciar mi vientre - Soy tan gorda que nadie me quieren, ningún hombre desea tocarme y hacerme sentir mujer...¿es que no soy atractiva? - fruncí un poquito más los labios, elevando uno de mis pies hacia su ingle.

Las cartas estaban echadas, si me rechazaba sufriría la perreta de una anoréxica en pleno momento de desprecio ajeno. Hasta sería capaz de llorar a voz en grito y decir de forma dolida que me había rechazado, me había hecho sentir más horrible de lo que ya era, que conseguía que me odiase por ser una asquerosa bola de grasa. Vamos, tenía todas las armas apuntándole a la cabeza, ahora había que ver que tan diplomático era para salir del paso. Al final me iba a entretener jugar con el señorito Evans.

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Re: || Castigo poco ingenioso || {Privado}

Mensaje por Chris Evans el 2012-05-01, 4:22 pm

Mayra se quitó los zapatos como si estuviese en su casa, acción que no me importó demasiado. Sus palabras mientras tanto fueron algo más dolorosas, aunque yo siempre me limité a permanecer impasible ante ellas. Era cierto que tan solo era un medico aburrido, no tenía planes de futuro en mente, solo limitarme a curar a enfermos mentales. En definitiva, un aburrido. Aunque intentaba tomarme el día a día con optimismo y diversión, ya que era una característica mía muy importante. No obstante, la muchacha parecía querer relucir todo lo malo de mí. Estaba empeñada hacerme entrar en conflicto conmigo mismo. ¿Por qué? ¿Por qué siempre estaba a la defensiva?

De repente, la muchacha tomó una actitud diferente. Lo supe en cuanto la vi morderse el labio inferior con esa profunda mirada. Conocía ya esa mirada. Era la mirada que contenía un plan maléfico. Un plan de escapada. La última vez, cuando parecía que ambos habíamos llegado a un acuerdo, se libró con un ataque de locura. Esta vez, tampoco parecía conforme con el trato de que ella ejerciera de psiquiatra e hiciera las preguntas. Lo que sí parecía tener claro, era el método de librarse de esto otra vez.

Se subió a la mesa con su delicado cuerpo y tuve la impresión de que en algún momento se desmayaría sobre ésta. Estaba tan delgada y su rostro tan desmejorado por la anemia, que parecía que en cualquier momento se iría para el otro mundo. No obstante, me percaté de sus intenciones cuando se acercó con un curioso contoneo. Centré mi mirada en sus ojos hundidos y bufé cuando se sentó en el extremo, a unos palmos de mí. Sus pies descendieron hasta apoyarse en mis muslos y no pude evitar sonreír con incredulidad.

Dejé que hablara y me limité a permanecer en la misma postura impasible. A la espera de que se rindiera y se diera por vencida con su nuevo juego. Sabía que no sería capaz de llegar demasiado lejos con ello. No. Ella me aborrecía demasiado como doctor para pensar en esa situación. Obviamente su finalidad sería otra. Dejarme entre la espada y la pared para que según mi reacción pudiese ejercer otro numerito de locura. ¿Qué tenías preparado esta vez, Mayra? ¿Hasta dónde llegaría tu límite?

Sabía que seguirle el juego sería demasiado peligroso. Podría sentirse atacada y acosada repentinamente. Tampoco podía rechazarla tajantemente, ya que correría el riesgo de que la poca confianza que había entre nosotros se desvaneciera. Debía ser preciso en mis movimientos y estudiar todos los de ella con antelación para poder contraatacar.

Su pie se deslizó poco a poco y justo cuando estaba a punto de rozar la zona peligrosa, bajé mi mano hasta su pie y lo detuve con suavidad. Como si hubiese sido un gesto de caricia. De modo que no pareciese de rechazo y tampoco llegase al extremo del acoso. Ahora que me percataba, había sido nuestro primer contacto.

-Esto no tiene sentido Mayra –bufé mientras mi mano seguía sujetando su pie con desconfianza-. Soy tu médico y no puedo desearte de ese modo… No me lo pongas más difícil… ¿Si te rechazase de verdad crees que me preocuparía en tener que hablar contigo? ¿De ayudarte?

Arrastré la silla de ruedas hacia atrás levemente. El suficiente como para poder levantarme y soltar su pie. Sin embargo; no me alejé de ella, sino al contrario, di un paso hacia adelante. Para intentar intimidarla con mi cuerpo y con mí presencia. Mis muslos casi rozaban sus rodillas flexionadas sobre la mesa. Intentaba hacerla ver, que no había rechazo pero que si había un desacuerdo.

-Por favor… -le supliqué para que se detuviera-. No vuelvas a montarme otro de tus numeritos… Aquí no es necesario, estamos los dos solos y ambos sabemos que no tienes problemas de conducta, sino de alimentación. ¿Por qué no me dejas ayudarte? ¿A caso quieres morirte Mayra?

Decidí dirigirme directamente hacia su debilidad para desconcentrarla y que su mente desconectara de la idea de intentar seducirme. Estaba claro, que la muchacha se saldría siempre con la suya, así que debía de utilizar otra táctica. La táctica de la rendición. Aunque por algún motivo, me costaba no entrar en guerra con ella. Era tan desesperante que conseguía picarme siempre para caer en sus juegos. Esta vez no, esta vez no formaría parte del juego.

-Mayra… Hay gente que se preocupa por ti… que te necesita… No puedes abandonarlos de ese modo. Sé que será difícil, pero también sé que puedes conseguirlo. Solo tienes que poner un poquito de tu parte… Tenemos que terminar con esta guerra que hemos empezado–hice una pausa-. No va a ninguna parte. La guerra la tienes contigo misma y con los alimentos. No dejes que esto te supere. No dejes que esto te aparte de los demás.

Mi preocupación por la muchacha había ido demasiado lejos. Un psiquiatra nunca debía inmiscuirse demasiado con la paciente. Puesto que podría ser peligroso para ambos. Sin duda, se trataba de mi lado aprensivo. Debía lidiarlo cuanto antes o el problema acabaría siendo de los dos.

Tuve la necesidad de mecerla entre mis brazos y consolarla, pero me contuve. Sabía que eso no iba a ser posible. Las personas con su enfermedad, evitaban que las tocasen, se rechazaban a sí mismas y aborrecían a los demás. Por ello me extraño que la muchacha llegase al extremo de tocarme para entrar en un juego peligroso. La veía tan débil ante mí que tuve que contener mi expresión de pena con ella para no asustarla. Me mantuve impasible ante ella. A la espera de que se agobiase y volviese a alejarse de mí. A que tomase otra vía de escape.

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